Ángel Martín sabe de lo que habla. El caso de Tenerife se va a convertir en otro circo mediático

Ángel Martín sabe de lo que habla. El caso de Tenerife se va a convertir en otro circo mediático
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Tras varias semanas de búsqueda, la Guardia Civil encontró ayer el cuerpo de una de las dos niñas desaparecidas en Tenerife. Se hallaba envuelto en una bolsa y a 1.000 metros de profundidad, en el fondo del mar. Las dimensiones y la brutalidad del caso han vuelto a estremecer a la opinión pública española. El de Anna y Olivia es el último de una larga hilera de infanticidios que con relativa frecuencia domina la agenda informativa de España. Son casos estremecedores y emocionales.

Carne abonada para el sensacionalismo mediático.

¿Cómo contarlo? Es la pregunta que todos los medios de comunicación deben responder cada vez que un suceso llega a su mesa de redacción. Las televisiones siempre han tenido clara la respuesta desde que Nieves Herrero entrevistara a los padres de Miriam la noche en la que la policía confirmó la muerte de las tres niñas de Alcàsser: a toda costa. Los programas rosas y sensacionalistas de las cadenas privadas jamás han tenido reparos en recrearse en los detalles morbosos o macabros de los crímenes.

Hoy, frente a otro caso espeluznante, el vídeo más comentado del día no es ninguno semejante. Es este.

Fórmula simple. Lo protagoniza Ángel Martín, humorista y otrora estrella televisiva. Martín ha relanzado su popularidad durante los últimos meses gracias a su "Informativo Matinal", un resumen muy rápido y elaborado desde su casa en el que pone al día a sus seguidores en los asuntos más acuciantes de la actualidad. Siempre con una nota de humor. Excepto el de esta mañana. A esta hora su informativo suma 39.000 compartidos. Uno de los vídeos más vistos del día por su a un tiempo singular y más que razonable aproximación comunicativa al caso de Tenerife:

Anoche al llegar a casa me encontré de morros con la foto de las crías que su padre se llevó hace unos meses. Me temí lo peor y, efectivamente, fue lo peor. Y como he trabajado en la tele el informativo de hoy quiero usarlo para una cosa: son niñas, ¿vale? Son niñas. No convirtáis esto en un campeonato por ver quién puede contar los detalles más sórdidos o consigue las fotos y los vídeos más emotivos para que su audiencia llore más que la del otro. No camufléis morbo bajo el rótulo "investigación" o "última hora".
Y le pediría lo mismo a los periódicos digitales: son niñas. No busquéis clickbait para meter una publi antes del vídeo que hayáis montado y su puta madre. No hagáis eso. Si vais a tratar el tema hacedlo siendo conscientes de que cada palabra, cada vídeo o cada imagen que decidáis que vais a usar casi seguro va a ser un disparo al corazón de la familia que la acaba de perder.  Poneos en su lugar y tratad el tema como si la cría que ya no está fuera la vuestra.

El contexto. Las palabras de Martín tienen un valor especial porque durante muchos años su trabajo consistió en exponer las vergüenzas de la prensa rosa y de los programas de sociedad. Su paso por por Sé lo que hicisteis... sigue siendo a día de hoy la mejor fiscalización de la televisión española emitida en abierto. Antes de que la imposibilidad de utilizar fragmentos de otras cadenas acabara con el programa, Martín ocupaba sus horas señalando los trucos, las inconsistencias, el sensacionalismo y las dudosa moralidad de aquello bautizado como "telebasura".

Una "telebasura" que traza su origen inconfundible a aquella noche en Alcàsser. A los infanticidios y el trauma social que generan.

El método. Herrero y Lobatón sólo llegaron primero. Pero todos los demás buscaban el mismo destino. Desde entonces a cada caso tortuoso le ha seguido una cobertura televisiva exagerada e insensible en sus métodos. No queda lejos la retransmisión en directo del rescate de Julen, el niño caído por un pozo; los veranos persiguiendo la sombra de Madeleine; o las mil y un teorías sobre quién mató a Gabriel Cruz y sus correspondientes manifestaciones. Mari Luz, Marta del Castillo, José Bretón... El listado es muy largo. Y siempre lleva aparejado un circo mediático evitable.

El problema. Nada que la prensa no lleve explotando toda la vida. El Caso existía antes de las televisiones privadas, y el "true crime" es un género periodístico ancestral. Sucede que hoy las cadenas tienen más recursos. Y que aplican las mismas estrategias que utilizan para sus contenidos circulares (Gran Hermano por un lado, el debate por otro, Gran Hermano VIP) y para la cobertura política (esas tertulias de Al Rojo Vivo extendidas hasta el infinito y más allá haciendo de la propia existencia un acontecimiento de "última hora") a casos sensibles.

A crímenes donde hay muchas emociones condensadas. Y que tienen un impacto en la opinión pública. Tras semanas de cobertura obsesiva, programas como el de Ana Rosa contribuyen a realzar una ficción, presentando a España como un país más inseguro de lo que realmente es. Una ficción que sistemáticamente ha conducido a endurecimientos o propuestas para endurecer el Código Penal. Porque el circo mediático, además de cuestionable, termina llevando a respuestas morales en la esfera política y legislativa. Y sobre eso advierte también Martín.

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