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Así ha evolucionado la producción de petróleo desde los setenta hasta nuestros días

Así ha evolucionado la producción de petróleo desde los setenta hasta nuestros días
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Lejos de ser un acontecimiento puntual, el coronavirus amenaza con hipotecar el futuro político y social de la humanidad. No se trata sólo de las consecuencias sanitarias, sino también de las económicas. Los confinamientos han ralentizado cuando no frenado en seco la actividad industrial y comercial de decenas de países. Habrá una recesión. Se perderán millones de puestos de trabajo.

Gran parte de estos efectos los veremos a medio o largo plazo. Hay al menos uno drástico que ya estamos viviendo: el desplome de los precios del petróleo. La falta de acuerdo entre Arabia Saudí y Rusia para fijar los límites a la producción provocó que el brent se desplomara durante los primeros días de marzo. Fue tan sólo un síntoma de lo que sucedería poco después, sin que los productores pudieran hacer gran cosa.

Sin demanda que abastecer y sin capacidad de paralizar las costosas extracciones, los productores se toparon con un problema: sólo podían almacenar su petróleo. La ausencia de consumo llenó los tanques. Los llenó del todo. La consecuencia fue una brutal caída del precio WTI (la referencia en Estados Unidos) a valores negativos, algo inédito en la historia. Si nadie quiere tu petróleo y no puedes guardarlo, ¿qué valor tiene?

Muy poco. Gran parte del problema surge de la incapacidad de la OPEP+, Rusia incluida, de establecer límites a la producción. También del frenesí del fracking en Estados Unidos, que ha logrado colocar al país a la cabeza de la producción de barriles diarios. No siempre fue así. El mercado internacional del petróleo es hoy muy distinto al de los setenta o los ochenta. No todos los países que lideraban entonces existen hoy.

Una buena forma de comprender tales cambios es mediante esta visualización, viralizada durante los últimos días en las redes sociales. En ella se recorre el volumen de producción de cada país desde principios de los setenta hasta nuestros días. Se trata de un ejercicio que reviste especial interés, porque los protagonistas y su volumen en el mercado ha variado enormemente con el paso de las décadas.

En 1973, año de la crisis del petróleo, un país seguía a la cabeza de la producción mundial: Estados Unidos. Su predominio desde el fin de la Segunda Guerra Mundial había sido completo. Por aquel entonces la Unión Soviética le seguía de cerca, y Arabia Saudí, el país que mucho más adelante se convertiría en el actor determinante del mercado, por detrás. El irán pre-revolucionario sumaba más de 5.000.000 barriles/día.

Por detrás, viejos sospechosos, entre ellos Venezuela y Libia, hoy países sumidos en el más absoluto de los caos. A finales de la década el escenario sería muy distinto. Estados Unidos reduciría su volumen relativamente, pero ante todo Arabia Saudí y la Unión Soviética lo dispararían por encima de los 10.000.000 barriles/día. Irán desaparecería del listado tras la revolución.

Los ochenta estarían marcados por el dramático descenso de la producción saudí (por debajo de los 4.000.000 barriles/día), el predominio de la Unión Soviética, la aparición de Reino Unido y sus pozos petrolíferos en el Mar del Norte (más de 2.500.000 barriles/día, cifras similares a las de México o China), o el notable ascenso del Irak de post-guerra, con casi 3.000.000 barriles día al final de la década. Proyección cortada de raíz tras la Primera Guerra del Golfo.

Los noventa pondrían fin a la URSS y a su liderazgo. Arabia Saudí multiplicaría su producción, Irán recuperaría posiciones y Noruega se auparía a los puestos de honor, cimentando su inmensa riqueza actual. Estados Unidos, entre tanto, recedería. Este sería el status quo hasta bien entrado el siglo XXI. Arabia Saudí rondando los 10.000.000 millones/día; Rusia algo por debajo; los demás a mucha distancia.

Una situación que cambiaría drásticamente cuando los productores estadounidenses comenzaran a perforar los ricos campos de Texas. El fracking supuso una revolución del mercado y, a finales de la década, devolvió el trono perdido a Estados Unidos: en 2018, y tras un lustro de recuperación, estaba procesando 11.000.000 barriles día, por encima de Rusia y Arabia Saudí. Algo inédito desde los setenta.

Hoy su posición de liderazgo se ha acrecentado poco a poco. Los límites a la producción de los países de la OPEP (destinados a contener el precio) han jugado un papel. Pero los actores de la industria están regresando al escenario de 2014, cuando decidieron inundar el mercado con millones de barriles diarios extra para perjudicar a las explotaciones de fracking. Aunque en el contexto actual, con precios incluso en negativo, todos pierden.

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