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La brecha entre los compromisos por el clima de los países y sus políticas sigue siendo gigantesca

La brecha entre los compromisos por el clima de los países y sus políticas sigue siendo gigantesca
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La cuestión medioambiental ha copado la agenda política y mediática. Lo ha hecho con mensajes de urgencia: desde llamadas multitudinarias al control poblacional en aras de la sostenibilidad hasta una fecha muy concreta, doce años, para revertir los efectos de una catástrofe global. Pese a los alborotados mensajes, sigue existiendo una diferencia sideral entre los objetivos fijados para salvar al planeta y la dirección de las políticas energéticas. Dicho de otro modo: no estamos haciendo lo suficiente.

Las medidas no se acompasan al discurso.

El estudio. Lo acredita el último informe de la Organización Internacional de la Energía (IEA por sus siglas en inglés), más de ochocientas páginas que esbozan el corto plazo de las políticas energéticas en todo el mundo. La conclusión es contundente: ni las políticas actuales ni las comprometidas por los distintos gobiernos durante los próximos años lograrán reducir las emisiones a los niveles fijados por los Acuerdos de París. La humanidad seguirá consumiendo de forma demasiado contaminante.

La consecuencia obvia: no lograremos contener la temperatura por debajo de los 2 ºC sobre la media de la era pre-industrial, el umbral esbozado por la comunidad científica.

Tendencias. Las engloba Axios en estos gráficos: la dirección energética de la humanidad apunta a una contención del uso de los combustibles fósiles, pero no a una reducción. La compra y quema de carbón dejará de crecer en los años venideros, pero se mantendrá de forma estable gracias a la demanda de países pobres necesitados de una energía efectiva y barata. Similares palabras se pueden escribir sobre el petróleo, a la baja por la recesión del coche, al alza por el interés de otras industrias modernas.

¿Y las renovables? Idealmente, y según lo fijado en París, deberían tomar el relevo a las fuentes tradicionales. Seguirán creciendo, pero no se convertirán en la opción mayoritaria hasta 2050. Los avances de la energía eólica y solar, cada día más competitiva, son significativos, pero la proyección actual queda lejos de los compromisos de 2015, cuando se entregó a las fuentes renovables un protagonismo predominante en la política energética global.

El gas natural, por cierto, seguirá al alza. Los combustibles fósiles aún generarán el 70% de la energía global dentro de treinta años.

¿Por qué? Lo que revela el informe de la IEA es la incapacidad de los gobiernos mundiales de cuadrar el círculo: abastecer a una demanda siempre creciente al tiempo que relegando a un segundo plano las fuentes más ubicuas (incluida la nuclear). La demanda de energía (electricidad, calefacción, etcétera) aumentará a un 1% anual durante las tres próximas décadas. Sólo un cambio drástico en nuestros patrones de consumo lograría reducir significativamente las emisiones.

Obstáculos. Es algo mil y un veces discutido: lograr algo así es muy difícil. Obliga a cambiar actitudes y conductas populares, desde el consumo de carne hasta el transporte aéreo, y requiere de un gran esfuerzo por parte de los países en desarrollo (mucho más poblados que los occidentales). Como vimos en su día, sólo 16 de los países firmantes de los Acuerdos de 2015 habían reducido sus emisiones conforme a lo comprometido. La mayoría irrelevantes para el destino del planeta.

¿No ha solución? Depende. Las políticas planteadas por gobiernos de todo el mundo y la creciente efectividad de las energías renovables ofrecen motivos para la esperanza. Si la humanidad afronta una cuenta atrás fatal, ahora mismo necesita recuperar tiempo perdido.

Imagen: Daniel Lorianov/Unsplash

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