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China quiere parar las protestas de Hong Kong a toda costa. Aunque implique hundir a su aerolínea

China quiere parar las protestas de Hong Kong a toda costa. Aunque implique hundir a su aerolínea
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Diez semanas después del inicio de las protestas, Hong Kong sigue sumida en un caos de difícil resolución. Los enfrentamientos entre manifestantes y policía se agravaron durante el pasado fin de semana. Diversos vídeos ilustraron el empleo de gas lacrimógeno en espacios cerrados, tales como estaciones de metro, por parte de las autoridades. La ciudad se ha sumergido en una espiral de represión y violencia, en la mayor crisis política interna que ha afrontado Xi Jinping durante su mandato. Su respuesta, hasta ahora, está siendo mano dura.

Y eso incluye a los empresarios de Hong Kong.

Cathay. El ejemplo más nítido es Cathay Airways, la aerolínea de la ciudad y una de las diez más importantes del planeta. El sábado, la Administración de Aviación Civil China solicitaba a la compañía información sobre la filiación política de sus empleados. Aquellos trabajadores que hubieran participado en las protestas "ilegales" no podrían participar en vuelos que conectaran la China continental con Hong Kong. Si Cathay no los depuraba, sus aparatos no podrían despegar del aeropuerto de la ciudad.

La primera respuesta de Cathay fue simple: "Ni siquiera soñaríamos con decirle a nuestros trabajadores lo que tienen que pensar sobre algo".

Apretando tuercas. Un día después, el aparato mediático y burocrático del Partido Comunista redoblaba su presión sobre la aerolínea. Más de 2.000 trabajadores de Cathay, se explicaba desde órganos como Global Times o las televisiones estatales, habían participado en las protestas; algunos de ellos, como un piloto de la compañía, se encontraban entre los primeros detenidos, enjuiciados y liberados por las protestas. Surtió efecto: Cathay anunciaba ayer que abrirá expedientes disciplinarios a los trabajadores que se participen o apoyen "actividades ilegales".

Y eso puede incluir el despido.

Caída en bolsa. El dramático giro de la aerolínea ha provocado su desplome en el mercado de valores. A esta hora Cathay se desploma más de un 4% en la bolsa de Hong Kong, alcanzando su nivel más bajo en diez años. La compañía está parcialmente participada por Air China, de propiedad estatal. Diversos expertos juzgan el movimiento de Pekín como una advertencia a la clase empresarial de Hong Kong: requieren de su lealtad absoluta para recuperar el control de las calles, o de lo contrario sufrirán las consecuencias. Cathay se ha plegado a sus peticiones.

Más caos. Entre tanto, la ciudad se ha sumergido en el caos. Tanto ayer como hoy miles de manifestantes colapsaron los accesos al aeropuerto, provocando la cancelación de todos los vuelos de salida. Se trata de un gesto de cara al público internacional: el aeropuerto de Hong Kong es uno de los más importantes del planeta, con más de 74 millones de pasajeros anuales. La dura reacción de los cuerpos policiales, denunciada como abusiva por los manifestantes y por organizaciones como Civil Rights Observer, no ha aplacado los ánimos de los activistas. Los ha alentado.

Herramientas. Ayer mismo, la policía probaba un cañón de agua frente a centenares de periodistas internacionales. Las fuerzas chinas llevan sin utilizar herramientas similares desde 2014. China también está implementando medidas más sutiles, como los sistemas de reconocimiento facial, ubicuos en el resto del país. Los manifestantes, por su parte, y como explicaron nuestros compañeros de Xataka, han empezado a utilizar láseres para esquivar las detecciones. También han adaptado su atuendo: de negro, con mascarillas y hasta parches.

Motivos. El origen de los disturbios se encuentra en la ley de extradición aprobada originalmente por Carrie Lam, jefa ejecutiva de Hong Kong, una región administrativa especial. Bajo la nueva legislación, las autoridades de la ciudad facilitarían y simplificarían los trámites de expedición a China. La asimetría de derechos políticos en uno y otro territorio, siendo China más autoritario y menos garante que Hong Kong, se interpretó como una amenaza por la población más liberal de la región especial. Y también como una injerencia en su autonomía.

Es un conflicto aún por resolver. Y China parece decidida a solucionarlo por la vía de la represión.

Imagen: AP

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