La contaminación no sólo te está haciendo vivir menos y peor. También te está haciendo más tonto

La contaminación no sólo te está haciendo vivir menos y peor. También te está haciendo más tonto
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Cada año se bate un nuevo récord de concentración de CO2 en la atmósfera. La contaminación del aire causa siete millones de muertes prematuras al año, pero los perjuicios que afectan a la capacidad mental de las personas es un dato menos conocido. No han sido pocas las políticas que han adoptado los gobiernos y las instituciones en una carrera a contrarreloj para frenar el cambio climático que precipitamos cada día con la contaminación de las grandes ciudades. Pero lo que podamos hacer en el presente y el futuro podría no ser suficiente. Aquella huella que dejamos en el pasado ya tiene su eco en el día de hoy.

Es lo que demuestran varios estudios que tienen el objetivo de estimar la contaminación atmosférica histórica y explorar cómo esto se relaciona con la capacidad cognitiva a lo largo de la vida.

El estudio. Los investigadores de la Universidad de Edimburgo pusieron a prueba la inteligencia general de más de 500 personas de aproximadamente 70 años utilizando un cuestionario que todos habían completado a la edad de 11 años. Luego, los participantes repitieron la misma prueba a las edades de 76 y 79 años. Lo que hicieron los investigadores fue utilizar un registro de dónde había vivido cada persona a lo largo de su vida para estimar el nivel de contaminación del aire que había experimentado en sus primeros años. El objetivo: analizar la relación entre la exposición de una persona a la contaminación del aire y sus habilidades de pensamiento en la edad adulta. También se consideraron factores del estilo de vida, como el nivel socioeconómico y el tabaquismo.

Resultados. Los hallazgos mostraron que la exposición a la contaminación del aire en la infancia tenía una asociación pequeña pero detectable con un peor cambio cognitivo entre las edades de 11 y 70 años. Es decir, no sólo causa la disminución de la capacidad intelectual sino que además lo hace en el largo plazo. Décadas después. Hasta hoy. Este podría ser, con todo, el primer paso para comprender los efectos nocivos de la contaminación del aire en el cerebro y podría ayudar a reducir el riesgo de demencia para las generaciones futuras.

Las pruebas de China. No se trata del primer estudio que se adentra en el fenómeno. Una investigación publicada en 2018 en la revista de la Academia de Ciencias de EEUU con datos de China que fue objeto de debate en todo el mundo indicaba que los altos niveles de contaminación contribuyeron a caídas significativas en las notas de las pruebas en lenguaje y aritmética, con un impacto promedio equivalente a haber perdido un año de educación académica. El efecto se acentuaba en los ancianos, especialmente los mayores de 64 años, y para los hombres o aquellos con bajo nivel educativo. La pérdida para ellos incluso podía ser de varios años de educación académica.

Alteraciones biológicas. Las investigaciones sobre la relación entre polución y demencia en diferentes países como EEUU, Canadá, Taiwán, Suecia o el Reino Unido claman en la misma dirección. Una de las comisiones científicas de la revista The Lancet, una de las más relevantes sobre la investigación médica, incide en que hay evidencia suficiente como para afirmar que aumenta el riesgo de pérdida de la función cognitiva en particular por la exposición en el útero.

No sólo eso, la contaminación puede aumentar el riesgo de padecer alzheimer. La investigadora de Harvard Marta Crus-Bou explicaba en un reportaje de La Vanguardia que "las personas más expuestas a contaminantes del aire presentan alteraciones en el cerebro en regiones que sabemos que se alteran en el alzheimer, por lo que de alguna forma contribuye a aumentar el riesgo de padecerlo en el futuro". Y la mayor exposición a zonas verdes sería, en cambio, beneficiosa por generar un mayor grosor en la zona del cerebro que confiere más resistencia a la enfermedad.

Efectos en la salud. Tampoco se trata solamente de un impacto en la inteligencia de las personas. En Magnet hemos tratado a lo largo de años los impactos que el cambio climático está teniendo en nuestra salud. Hace poco, un estudio demostraba que el calentamiento global está alargando las temporadas de polen, que empeora la vida de los alérgicos. También se han registrado más casos de neumonía, cáncer e hipertensión con un incremento de la contaminación en las ciudades.

En diferido. El problema que este fenómeno presenta es que nuestros intentos por reducir la contaminación —aunque necesarios— pueden no ser suficientes para abordar el problema, porque ya llegamos tarde. Si observamos un mapa que analice la evolución de la polución, se ve que está sobre todo concentrada en los países más industriales, que mayoritariamente son los occidentales. Países que hoy aplican políticas medioambientales para intentar poner coto a sus consecuencias pero que las están sufriendo en diferido, en el largo plazo.

Además, gran parte de la población mundial sigue viviendo en zonas con el aire contaminado del pasado, en especial por dióxido de nitrógeno y azufre. Lo ilustra un ejemplo comparativo entre Londres y Nueva Delhi publicado por Our World in Data. La capital británica ha visto reducida de forma constante sus niveles de contaminación ambiental desde la crisis de los años 50. En cambio, India la ve aún muy alta, incluso en niveles peores a los que había en la gran niebla londinense de 1952 que azotó la ciudad en el auge industrial. Cifras que sin duda tendrán su eco en el futuro próximo.

En todo el mundo. Según la OMS, 20 de las ciudades más contaminadas del mundo se encuentran en países en desarrollo. China, hogar de varias de esas ciudades, ha estado involucrada en una "guerra contra la contaminación" durante los últimos cinco años. Además, el tráfico es el mayor contribuyente a la contaminación del aire en las áreas residenciales. Podríamos decir entonces, siendo un poco catastrofistas, que el humo de los coches nos está volviendo más tontos. Ya lo decía un experto en medioambiente en un reportaje de The Guardian: "Es incluso probable que el daño a la inteligencia sea gradual. Un aumento de 1 mg en la contaminación durante tres años equivale a perder más de un mes de educación y puede tener un impacto directo incluso en los exámenes de los estudiantes durante los días de niebla por polución".

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