La desaparición del glaciar del Mont Blanc en apenas 100 años, explicada en dos fotografías

La desaparición del glaciar del Mont Blanc en apenas 100 años, explicada en dos fotografías
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Cuando el año pasado Emmanuel Macron tuvo la oportunidad de visitar el Mont Blanc, el macizo más alto de los Alpes, quedó impactado. No tanto por lo impresionante de sus dimensiones sino por la ausencia de un elemento que lo había definido durante siglos: su glaciar. Ya no había ninguno. Se había evaporado. Durante los últimos años, las autoridades francesas han aplicado medidas para limitar el acceso a la montaña y para castigar duramente a quienes la ensucien y contaminen.

¿Es para tanto? Dos fotografías ilustran el fenómeno.

Ayer y hoy. Las compartió en su momento el propio Macron, convirtiendo el asunto en objeto de interés nacional. Son muy ilustrativas de lo que le ha sucedido a los glaciares de los Alpes y de otros rincones del mundo. A la izquierda observamos una fotografía del glaciar en 1910, mucho antes de que los efectos del calentamiento global fueran tan evidentes en la superficie de la Tierra. A la derecha, el mismo lugar en la actualidad. Donde antes había una larga lengua de hielo hoy apenas queda su espectro.

¿Por qué? Es una imagen que hemos visto repetida en infinidad de ocasiones, ya sea en Alaska, en la Antártida o en las altitudes del Himalaya. La situación en los Alpes es de particular gravedad: entre 1850 y 1975 sus glaciares perdieron el 50% de su volumen, y desde entonces entre el 35% y 40% de lo que restaba. Se calcula que para finales de siglo dos terceras partes de los 4.000 glaciares de la cordillera se habrán esfumado. Es un proceso aún más agravado en puntos más meridionales y menos elevados de Europa, como los Pirineos, donde ya son casi inexistentes.

No importa ya lo que hagamos. Gran parte de los efectos del cambio climático están bloqueados. El destino de los Alpes, en cierto modo, está sellado.

Consecuencias. ¿Desaparecerá el hielo de las altitudes de Europa? Es un proceso que ya ha comenzado. Sus consecuencias son visibles. En Suiza, por ejemplo, el retroceso de los glaciares ha dejado al descubierto los cadáveres perdidos de montañeros que surcaron sus alturas en los años '20. Las altas temperaturas también son un problema para las estaciones de esquí: hoy la nieve invernal es un 40% menos abundante que entre 1909 y 1988, poniendo en peligro su propia supervivencia (y con ella la de los Juegos Olímpicos de Invierno, ya abocados a la nieve artificial).

Medidas. Francia ha encontrado en el Mont Blanc la última línea de batalla. Su gobierno lleva cierto tiempo una regulación del alpinismo en los macizos más delicados, como el del Mont Blanc, receptor de unos 30.000 montañeros anualmente. No está claro qué criterios se seguirán para limitar el acceso, una tendencia cada vez más fuerte en todos los ámbitos del turismo. Sí se han anunciado multas más duras: entre 750€ y 1.500€ para aquellos que depositen sus residuos en el monte, frente a los 38€ actuales.

Los alpinistas deberán planificar y notificar su ruta con antelación, y llevar material adecuado. El gobierno aspira así a frenar el Mont Blanc, que ha perdido casi tres kilómetros en el último siglo y medio.

En todas partes. Como hemos visto en otras ocasiones, el sino de los glaciares es incierto en todo el mundo. Incluso en lugares tan septentrionales y fríos como Islandia, donde el 11% del territorio está cubierto por glaciares, su futuro está en entredicho. Hace algunos meses desapareció su primer glaciar, el Okjökull. En su lugar, las autoridades colocaron una placa conmemorando lo que una vez existió. Un pequeño recordatorio de un mundo que, poco a poco, se esfuma.

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