Un diccionario francés ha incluido el pronombre "elle". Y se enfrenta a la persecución de las instituciones

Un diccionario francés ha incluido el pronombre "elle". Y se enfrenta a la persecución de las instituciones
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“Pronombre personal de la tercera persona del singular y del plural, empleado para referirse a una persona sea cual sea su género”. Esta es la definición del francés “iel”, equivalente a nuestro “elle” (allí es la combinación entre “il” y “elle”) que puede encontrarse desde ayer en la versión online del diccionario francés Le petit Robert, el más popular de Francia. Es la primera vez que ningún manual de consulta de la lengua gala incluye el pronombre “inclusivo”. Y las respuestas no se han hecho esperar.

“No es el futuro de la lengua francesa”: esta ha sido la respuesta del ministro de educación, Jean-Michel Blanquer, respaldando una petición formal del parlamentario François Jolivet, representante de La République En Marche! (partido liberal y centrista francés), que ha pedido a la Académie Française que intervenga en la cuestión y exija al diccionario que elimine su entrada. El comentario del ministro continuaba: “nuestros estudiantes, esos que están consolidando sus conocimientos básicos, no deben tenerlo [el pronombre] como referencia”. Jolivet fue un poco más allá: ha afirmando que pensaba que Le petit Robert era un “diccionario de referencia”, pero que, al integrar “iel, ielle, iels, ielles” se ha mostrado un espacio lleno de “militantes de una causa que no tiene nada de francés: el #wokismo”.

¿Wokismo? La mofa por parte de los críticos no se han hecho esperar. La palabra usada por el parlamentario centrista, wokismo, hace referencia a la llamada ideología “woke”, importada de Estados Unidos, referida a una crítica al progresismo de clase, raza y género y, lo más importante, un anglicismo que no está reconocido en los diccionarios franceses. Con guasa, los de Le petit Robert han anunciado que prometen “incluirla pronto” en sus manuales.

La evolución de la lengua. Charles Bimbenet, el director general de esta obra de consulta, ha dicho que "la misión de Robert es observar la evolución de un idioma francés cambiante y diverso e informar sobre ello”. Reconoce que el uso de “iel” es actualmente aún “relativamente débil”, pero que sus bibliotecarios se encontraron cada vez más consultas por el término en los últimos meses, motivo por el que decidieron incluirlo. En esencia, que su labor no es refrenar (o promocionar) el avance de determinadas palabras, sino definirlas si están ya presentes en el día a día para ayudarnos a comprenderlas mejor. De la misma manera que los electores franceses entendieron a qué se refería Jolivet con eso del “wokismo”, de nada sirve silenciar ese “elle” galo que algunos utilizan.

Antiamericanismo. Al conservadurismo lingüístico propio de sus academias como las de otros muchos países de su entorno, España entre ellos, “iel” encuentra en Francia otro ángulo añadido de rechazo: el de ser considerarlo ideología imperialista. Los críticos de la palabra consideran que un sector de la población, sobre todo joven, universitaria e izquierdista, está abrazando la importación estadounidense de ideas y debates que no deberían tenerse en el seno de la República. A los principios de egalité, fraternité y liberté que ya recogerían tanto los ideales de la Constitución como la práctica diaria de sus instituciones se le contrapondría la segregación de identidades promulgada por Estados Unidos, lo que sólo lleva al enfrentamiento entre colectivos en lugar de a una comunión en un solo pueblo.

Una guerra viva: hace unos meses contábamos cómo, tras varias iniciativas progresistas de modificar la lengua, el actual gobierno francés dio un mazazo contra el lenguaje inclusivo: prohibió su uso en las escuelas y en textos y actas oficiales. En este caso el foco de atención era la masculinización del idioma: por ejemplo, para referirse a “los franceses y las francesas”, muchos venían escribiendo “français·es”, incluyendo las dos formas. A partir de ahora sólo podría decirse “los franceses”. El francés es, además, un idioma en el que está especialmente acentuada la segregación de género de las profesiones: no hay cirujanas, escritoras o presidentas, sino que se las debe llamar “cirujano”, “escritor” y “presidente”, algo que incluso la propia Académie Française ha denunciado como indeseable. Blanquer zanjaba el debate impidiendo el avance y tildando al lenguaje inclusivo de “obstáculo a la comprensión de la escritura".

Alegría trans: Lee Ferrero, de la fundación Transat de Marsella, se ha mostrado “a favor de esta especie de “oficialización del término” de “iel”: “es casi algo histórico. El lenguaje es el fundamento de la existencia de las cosas, así que imagina una situación en la que tu identidad no sea expresable, una situación en la que no puedas comunicarte de forma sencilla y ser entendido cuando hablas”.

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