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El debate de la prostitución a examen: legalización vs abolicionistas

El debate de la prostitución a examen: legalización vs abolicionistas
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La prostitución es un tema controvertido. Lo es para el conjunto de la sociedad, para las instituciones gubernamentales y también dentro del feminismo, ese conjunto de movimientos políticos en el que se producen multitud de corrientes de pensamiento sobre esta práctica eminentemente vinculada a lo femenino.

Son muchas las voces y las asociaciones que plantean de vez en cuando propuestas sobre qué se debería hacer al respecto de esta problemática, agrupándose las principales posturas en bandos de difícil conciliación, los que promueven actuaciones que deriven en la abolición de la prostitución y los que creen que las prostitutas deberían estar más reconocidas, también laboralmente, en la sociedad.

Hemos querido enfrentar las tres principales corrientes de pensamiento a un cuestionario idéntico, permitiendo así poner frente a frente sus razonamientos sobre el tema. Para eso nos hemos puesto en contacto con el Colectivo Hetaira, con Beatriz Gimeno y con Miguel Ángel Quintana Paz.

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La primera es una importantísima asociación española que ha trabajado por la defensa de los derechos humanos y laborales de las personas que ejercen la prostitución desde 1995. En representación del colectivo contesta Mamen Briz, portavoz de la asociación, periodista experta en género y políticas de igualdad y autora de varios libros sobre el tema.

En el segundo caso, de Gimeno, se trata de una fundamental voz dentro de la política y el activismo en favor de los derechos LGBT y que realizó hace unos años un libro sobre la prostitución, para el que recogió diversos testimonios de primera mano para conocer a fondo la situación de las prostitutas en el contexto actual. El tercer caso, el de Quintana Paz, hablamos de un profesor de la Universidad Europea Miguel de Cervantes, de Valladolid y de un estudioso de multitud de temas, entre ellos cuestiones de la ética, la filosofía política y los debates centrados en las luchas culturales.

A Gimeno se la reconoce como una de las figuras críticas con la institución de la prostitución. Hetaira, como asociación que trabaja mano a mano con las trabajadores sexuales, persiguen una mayor integración de las mismas en el mundo laboral, pero tampoco creen exactamente en la legalización. Sí cree en esto último Miguel Ángel Quintana Paz.

Consideramos que, dando cabida a estas posturas del debate, será más fácil alcanzar una mirada completa y matizada sobre las argumentaciones presentes en el debate la prostitución. A continuación, sus respuestas.

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Abolición, legalización y regulación: definiendo conceptos

¿Por qué estáis a favor de una mayor regularización/tendencia al abolicionismo/legalización respectivamente?

Mamen Briz: Ni abolicionismo ni regularización, reivindicamos el reconocimiento de derechos, derechos laborales es lo que exigimos, porque los términos son importantes.

Lo que exigimos es la normalización del ejercicio de la prostitución. Es decir, legislación laboral.

Lo que exigimos desde el feminismo pro derechos es la normalización del ejercicio de la prostitución, tal y como demandan las trabajadoras del sexo con quienes trabajamos. Es decir, legislación laboral. Conseguir derechos colectivos que han conquistado trabajadoras/es de otros sectores de actividad, luchas que no son sospechosas precisamente de hacerle el juego al neoliberalismo económico, sino justamente tratamos de contrarrestar los efectos tiránicos del sistema.

La prostitución no es un delito, pero se encuentra en una situación de alegalidad que impide que quienes la ejercen puedan hacerlo con las máximas garantías. Exigimos espacios donde poder ejercer la prostitución sin molestar ni ser molestadas.

Beatriz Gimeno: Me enfrento a la prostitución como una institución patriarcal basada en una desigualdad de origen: que los hombres tienen unas “necesidades” sexuales que tienen que satisfacer. A su vez, como institución de desigualdad, sirve para normalizar y legitimar la desigualdad sexual.

Miguel Ángel Quintana Paz: Estoy a favor de legalizar la prostitución por igual motivo por el que estoy a favor de legalizar los talleres mecánicos, las universidades o las tiendas de cosmética. La situación actual en España, en que la legislación “finge” que no hay mujeres y hombres que reciben dinero a cambio de un servicio sexual, es una situación mentirosa. Y estoy en contra de la mentira.

Es además una situación injusta: hay gente que gana dinero con algo y, sin embargo, no aporta nada a los impuestos que sirven para todos; ni está cubierta del todo por la seguridad social que a todos nos cubre. Por último, esta situación ficticia en que existe la prostitución resulta peligrosa: a nadie se nos escapa que cuando un servicio no está cubierto por la legalidad, los abusos, los fraudes (tanto para el cliente como para la prestadora del servicio) son mucho más probables. Y hay que estar en contra de este incremento de los riesgos.

¿Cuál es la postura de la mayoría de trabajadoras del sector, qué reclaman?

MB: Reclaman el reconocimiento de su trabajo (y, por tanto, la despenalización), y las organizaciones de trabajadoras del sexo o de organizaciones pro derechos a nivel mundial exigimos a la sociedad y a los poderes públicos que trabajen para frenar el “estigma puta” que recae sobre ellas.

Creo que no quieren que se las obligue a trabajar en los puticlubs.

BG: Hay de todo. Aunque hablo con muchas, tampoco conozco a todas. Muchas querrían dedicarse a otra cosa pero no hay otra cosa mejor. Pero en todo caso, mi impresión es que lo que quieren es que las dejen en paz. Hay una cosa que sí que creo que no quieren, que se las obligue a trabajar para los empresarios del sexo, es decir, en los puticlubs.

¿Hay algún tipo de acción jurídica intermedia que se podría adoptar ya mismo para mejorar las condiciones de estas trabajadoras?

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MB: En los últimos años ha habido un cambio. Desde 2009, cualquier trabajadora o trabajador del sexo, que cumpla los requisitos necesarios para poder convertirse en trabajador/a autónomo/a, puede hacerlo, inscribiéndose dentro de la Clasificación Nacional de Actividades Económicas (CNAE) como “trabajadora del sexo”. No obstante, ya existían autónomas, pero siempre bajo el epígrafe de otra actividad económica. Y esto tampoco ha venido a resolver el problema del reconocimiento laboral ni del estigma.

Las mujeres en prostitución ya hace mucho que pueden cotizar como autónomas.

BG: No veo por qué no pueden implementarse políticas públicas que, después de hablar con la mayoría de ellas, procure mejorar sus condiciones de vida sin necesidad de regular, que supone legitimar la institución.

Lo cierto es que muchas de las cosas que se reclaman a la regulación no son necesarias. Las mujeres en prostitución ya hace mucho que pueden cotizar como autónomas, formar cooperativas y, por supuesto, tener tarjeta sanitaria y los beneficios de cualquier autónomo. El discurso que dice que sólo mediante la regulación tendrían ese tipo de beneficios es falso. En realidad, la regulación es siempre a favor de los empresarios que lo que quieren es, precisamente, acabar con las autónomas.

Si les obligamos a a mentir desde que se inscriben en la seguridad social, mal fomentaremos luego que sea esta una actividad en que no cunda el fraude.

MAQP: Al parecer, algunas prostitutas cotizan actualmente como autónomas, lo que les permite tener algunos de los beneficios de la seguridad social y contribuir al erario. Sin embargo, el hecho de que no puedan ser del todo sinceras sobre los servicios que prestan (sexuales) les hace incurrir ya en un contexto de engaño (al fisco) que no es bueno. Uno de los autores que más ha investigado los engaños, Dan Ariely, ha demostrado eficazmente cómo en los contextos en que una persona miente, otras aumentan su tendencia a ello: engañar es “contagioso”, por así decirlo. Si obligamos a prostitutas y prostitutos a mentir ya desde que se inscriben en la seguridad social, mal fomentaremos luego que sea esta una actividad en que no cunda la mentira, el fraude y el timo, de los que a menudo serán víctimas las propias personas que ejercen la prostitución.

¿Un trabajo feminizado?

¿De dónde proviene el problema de la prostitución? ¿Cuál es su raíz?

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MB: La prostitución tal y como la conocemos en occidente y al igual que ocurre con otros trabajos precarizados y feminizados tiene un origen multifactorial que no se entiende sin el papel del sistema capitalista y patriarcal. Por ello, en el aquí y en el ahora y mientras trabajamos para construir una sociedad más justa e igualitaria, el camino para luchar contra los abusos y la explotación en trabajos feminizados como son el trabajo del sexo o el trabajo doméstico son los derechos colectivos, el empoderamiento de las mujeres y la ruptura del estigma entre otras cosas.

Es importante que mientras debatimos sobre el pasado o el futuro no nos olvidemos de las mujeres de carne y hueso que salen a trabajar cada día totalmente desprotegidas bajo la mirada de una sociedad hipócrita que las estigmatiza y las victimiza.

BG: No hay prostitución sin patriarcado. El servicio que dan las trabajadoras del sexo no siempre es de sumisión pero si de confirmación de la masculinidad. Todas las encuestas con clientes lo demuestran. Los hombres igualitarios o feministas no se van de putas. Hay que ser capaz de cosificar a la mujer y de ser insensible a su situación y ello es de lo que se ocupa el patriarcado. Poder gozar sin necesidad del deseo de la otra es lo que es patriarcal. Por tanto si no es sumisión siempre, si es desigualdad radical siempre porque el sexo es algo que, sin deseo, deja de ser sexo para pasar a ser imposición.

Los hombres se garantizan que tenga que existir un contingente de mujeres a su disposición.

El problema viene de la ideología prostitucional que considera que, como dice Amorós, la mujer que no es de uno es potencialmente de todos. Y de la ideología sexual que considera que los hombres tienen deseos que tienen derecho a satisfacer pase lo que pase. Ese derecho es siempre más importante que el hecho de que las mujeres no estén dispuestas a satisfacerlos sin ganas. Por eso pagan o violan o empobrecen a las mujeres para que tengan que someterse. Por eso hacen que una salida para las mujeres, una salida económica sea esa, de manera que ellas tengan que hacerlo; ellos se garantizan que tenga que existir un contingente de mujeres a su disposición.

MAQP: La prostitución solo es un problema para aquellos que lo consideran una actividad denigrante. Y tienen todo el derecho del mundo a considerarla así. Ahora bien, en las sociedades libres hemos de tolerar que los demás hagan cosas que no nos gustan o que incluso nos repelen, siempre que las hagan libremente. A mí, por ejemplo, me parece denigrante que la gente se pase varias horas al día viendo Gran Hermano en televisión, pero jamás se me ocurriría prohibirlo.

La prostitución solo es un problema para aquellos que lo consideran una actividad denigrante. Y tienen todo el derecho del mundo a considerarla así.

También hay un problema relacionado con la prostitución cuando esta se realiza dentro de mafias o en situaciones de esclavitud. Pero, de nuevo, el problema aquí es que hay una falta de libertad en las prostitutas, y no por culpa de la prostitución en sí (que no tiene ningún problema si se realiza libremente), sino por esos elementos (mafias, esclavitud…) que se le adhieren.

Lejos de ser un problema, la prostitución en realidad es una solución. Y lo lleva siendo durante milenios. Es una solución para tantas y tantas personas con discapacidad que, gracias a la prostitución, pueden disfrutar de algo, el sexo, que les resultaría muy difícil o imposible de conseguir de otro modo. Es una solución para que ciertas personas, que quieren dedicarse a este trabajo, puedan tener el empleo que desean. Es una solución para los clientes, a quienes hemos de tratar como seres adultos que, si optan por ella, es que han sopesado la cosa en el contexto de su vida (con más datos, por tanto, que tú o yo o una feminista con ganas de prohibir cosas) y han considerado que quieren contratarla durante algunos minutos de su vida.

¿Tiene el servicio que dan las trabajadoras del sexo un componente de servicio de sumisión y disponibilidad de la mujer hacia el hombre?

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MB: Analicemos la siguiente pregunta: ¿tiene el servicio que dan las “trabajadoras domésticas” un componente de servicio de sumisión de la mujer como también lo tiene el hecho de postergar la tarea de las mujeres a limpiar el mundo, un mundo que además no suele pertenecerles? Podríamos modificar “empleadas domésticas” por cualquier otra actividad de las consideradas “femeninas”, por cierto, también infravaloradas.

La sexualidad no implica sumisión, implica respeto entre dos personas adultas.

La sexualidad no implica sumisión, implica respeto entre dos personas adultas donde el consentimiento previo está sobre la mesa; da igual que nos refiramos a prostitución o a cualquier otro tipo de relación sexual donde no haya dinero por medio. Las feministas pro derechos, las feministas pro sexo trabajamos ampliando el horizonte de elección de las mujeres, también en materia sexual, que cada una decida qué práctica sexual desea hacer, con quién, cuándo y dónde. Esto es lo importante. A la vez que trabajamos el empoderamiento que nos permite defendernos de los abusos y agresiones sexuales.

BG: No siempre ha tenido el componente de sumisión que tiene hoy. Cuando la situación social de la mujer era social y legalmente de sumisión absoluta, no era necesario que la prostitución ocupase ese lugar. Ahora que la mujer es formalmente igual, es cuando la prostitución se encarga de reforzar la masculinidad hegemónica y misógina.

Ahora que la mujer es formalmente igual, es cuando la prostitución se encarga de reforzar la masculinidad hegemónica y misógina.

No siempre ha tenido el componente de sumisión estricta pero sí siempre de desigualdad estricta; es una institución de desigualdad y eso es irreversible. En la actualidad se junta el patriarcado con el capitalismo y la mercantilización absoluta de todo. Es una prostitución diferente a la anterior.

MAQP: Todos los trabajos implican una cierta disponibilidad hacia aquel a quien prestamos un servicio: si el camarero del bar nunca está disponible cuando le pido una cerveza, es probable que todos consideremos que no está haciendo bien su trabajo. En cuanto a la sumisión, dependerá de los casos: si el cliente y la prostituta entran en un juego BDSM (o sadomasoquista, por usar el término más popular, aunque menos preciso) en que el hombre hace de dominado, allí la dominante será la prostituta y el cliente el sumiso.

Sí habrá sumisión en el caso contrario, pero se tratará de una sumisión consentida (excepto en el caso de mafias y demás, una prostituta siempre podrá rechazar el prestar un servicio, igual que un zapatero puede rechazar hacerme unos zapatos); así que no será una sumisión en el sentido negativo que tiene esa palabra.

De la trata de blancas a la libertad sexual

¿Es cierto que la mayoría de mujeres que se dedican a la prostitución están forzadas? ¿Y son víctimas de la trata? ¿De la necesidad económica?

MB: No, no es cierto que la mayoría de mujeres que se dedican a la prostitución sean víctimas de trata o estén siendo forzadas. El informe “Trata de personas hacia Europa con fines de explotación sexual”, de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) de 2010, indica una de cada siete prostitutas en Europa podría ser víctima de trata. Esto significa un porcentaje de un 12-15%, una cifra igualmente escalofriante pero, por suerte, una realidad muy lejana para “la mayoría”.

No es cierto que la mayoría de mujeres que se dedican a la prostitución sean víctimas de trata o estén siendo forzadas.

No obstante, la persecución de la trata de personas no puede continuar usándose como excusa para continuar negando derechos a las trabajadoras del sexo por decisión propia. Es otra de las grandes trampas. La trata está presente en otras actividades económicas y no se está exigiendo acabar con el trabajo en el campo o con el trabajo en la industria textil, o el fin del servicio doméstico, lo que se exigen son derechos laborales, mejores condiciones, etc.

BG: No lo sé y no me parece lo más importante. Es decir, me parece muy importante sacar de esas redes a las que son forzadas. Pero mis críticas a la institución en sí no tienen que ver con que las mujeres ocupen ese espacio de una manera u otra. Lo ocupan porque esa es una salida económica para ellas; pero no lo es para ellos. La relación de la prostitución con la pobreza es evidente. Cuando España era un país rico las prostitutas eran migrantes, no españolas.

Todos los hombres del mundo saben que, por el hecho de ser hombres, tienen el derecho a acceder al cuerpo de muchas mujeres.

El problema es que las mujeres pobres siempre saben que esa opción está abierta para ellas en todo el mundo. Por el contrario, todos los varones del mundo, todos, desde un adolescente de Bombay hasta un chico que viva en EE.UU; desde un chico que viva en un campo de refugiados a un parisino… todos los hombres del mundo saben que, por el hecho de ser hombres, vivan donde vivan, sean de la clase social que sean, tienen el derecho a acceder al cuerpo de muchas mujeres por un precio siempre adecuado a sus posibilidades económicas. Eso es lo que saben ellos desde que tienen uso de razón. Por el contrario ellas saben que si tienen mala suerte serán de aquellas que tengan que ofrecer sus cuerpos.

Eso marca una desigualdad material, simbólica, cultural, de poder…brutal.

MAQP: Parece que sí, que buena parte de las mujeres dedicadas a la prostitución lo hacen obligadas por mafias, en situaciones de trata de personas que son ilegales y deben ser combatidas. Aunque luego volveré sobre ello, este problema es de hecho una consecuencia de no tener legalizada la prostitución: que esta, una vez en el campo de lo alegal, es fácil que se deslice hacia lo netamente ilegal.

Ahora bien, no hemos de confundir todo esto con que haya mujeres que trabajan de prostitutas “por necesidad económica”, como si ello fuera equiparable a ser esclavas de una mafia. Es un caso tajantemente distinto. De hecho, la inmensa mayoría de las personas trabajamos por la necesidad económica de tener algún ingreso y eso no significa que seamos esclavos ni que sea reprobable nuestro trabajo. Y muchísima gente preferiría tener un trabajo diferente al que tiene, y eso tampoco los equipara a los esclavos.

¿Acabaría la legalización con las mafias?

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MB: La normalización (que no “legalización”) del trabajo sexual, entendida como derechos laborales para las profesionales del sexo, permitiría que trabajasen en mejores condiciones laborales (algo que deseamos para cualquier otro sector económico) y frenar la extensión del estigma, pero su objetivo último no es acabar con las mafias. Acabar con las mafias y la trata de personas es algo que corresponde a las autoridades políticas, policiales y judiciales.

Un reconocimiento de derechos, en parte, pudiera ayudar a esclarecer mejor cuál es el panorama actual que nos encontramos en nuestro país. Pero no es el fin último. Insistimos en que, por ejemplo, en la industria agroalimentaria y en otros sectores económicos también existe la trata de personas.

BG: Legalización y abolición no son exactamente opuestas, para mí. Legalización es aprobar una ley, y ya está legalizada. ¿Qué es la abolición? No es una ley de prohibición. La abolición es algo mucho más difícil y largo. Es un camino hacia la igualdad. Implicaría muchas medidas, de educación, políticas públicas para las que quieran dejarlo (millones), empleos, apoyos económicos, cambios culturales y sociales de largo alcance. Modificar el edificio cultural y simbólico de la sexualidad masculina es un trabajo muy largo.

Las mafias proliferan en el ambiente de alegalidad actual.

La abolición significaría que no existiría la demanda. No porque se hubiera prohibido, sino porque la mayoría de los hombres no querrían ser consumidores de sexo de pago. En la medida en que desciende la demanda, es evidente que eso afecta a las mafias. Las mafias existen porque hay demanda. Al mismo tiempo las mafias trabajan incansablemente para aumentar la demanda, se retroalimentan.

MAQP: Las mafias proliferan en el ambiente de alegalidad actual. Como la actividad profesional de las prostitutas no está regulada por el Estado, y teóricamente no existe, es mucho más difícil que este supervise que cada prostituta trabaja voluntariamente. No hay contratos, no hay firmas de conformidad, no hay supervisión sanitaria, no hay sindicatos, no hay nada de lo que evita el abuso mafioso en el resto de los sectores económicos. No es sorprendente que en la prostitución actual, no legalizada, proliferen pues tales abusos.

¿Podría causar la legalización una pérdida de poder de las chicas? Pienso, por ejemplo, en el económico.

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MB: Las organizaciones pro derechos trabajamos para empoderar a otras mujeres, es básico desde el feminismo, siempre y bajo cualquier circunstancia. Pero, además, nos preguntamos: ¿alguien vive mejor sin derechos? Porque si es así, acabemos con los derechos laborales de toda la ciudadanía.

Aquellos países que han optado por la normalización acrítica han visto crecer los niveles de desvalorización femenina.

No deja de ser una contradicción que quienes abogan por las multas a los clientes, por ejemplo, luego manifiesten preocupación por si las mujeres cobrarían menos contando con derechos laborales. Y, no obstante, en cuanto a cotizar, se trata de una opción, no de una obligación. Hay personas en nuestro país que deciden trabajar en negro durante toda su vida (esto sería otro debate para el que no hay ni tiempo ni espacio en esta entrevista), pero que nadie te obligue a trabajar en negro por no poder cotizar.

BG: Creo que la legalización no significa que las mujeres en prostitución estén necesariamente mejor pero lo que sí creo es que todas las mujeres están peor. Aquellos países que han optado por la normalización acrítica han visto crecer los niveles de desvalorización femenina.

A las prostitutas y prostitutos, curiosamente, queremos excluirlos de este sistema común, de esta red de seguridad que a ti y a mí nos permite tener seguridad social.

MAQP: ¿Perdemos poder económico cada uno de nosotros al tener que cotizar a la seguridad social, pagar nuestros impuestos, etcétera? Es un tema que podría resultar debatible, pero parece que en nuestra sociedad existe un cierto consenso de que esto no es así: que no importa otorgar parte de nuestros ingresos al Estado a cambio de los servicios que este nos presta (otra cosa es si deberíamos aportar menos ingresos o si el Estado debería hacerlo mejor).

Pero a las prostitutas y prostitutos, curiosamente, queremos excluirlos de este sistema común, de esta red de seguridad que a ti y a mí nos permite tener seguridad social, seguro de desempleo, jubilación, sindicatos, seguro de enfermedad… Y queremos excluirlos solo porque realizan un trabajo que a algunas personas no les gusta. Parece claramente discriminatorio.

Modelos nórdicos, permisividad y abolicionismo

¿Crees que los modelos del norte de Europa que han optado por la legalización han funcionado?

MB: Estos modelos han supuesto mejoras en algunos aspectos como el acceso a ciertas garantías sociales, pero bajo nuestro punto de vista son insuficientes y la preocupación de los Estados ha evolucionado más hacia el control de la prostitución que hacia el bienestar de las mujeres. El modelo pro derechos en el que nos enmarcamos debe tener en cuenta la voz de las mujeres y legislar en base a las necesidades de las trabajadoras del sexo con el objetivo de mejorar sus condiciones de vida.

BG: No.

MAQP: Sin duda han funcionado en el sentido de que han otorgado a las prostitutas derechos que todos los demás tenemos y se les estaban prohibiendo. Es cierto que en otros sentidos todavía no han funcionado del todo: por ejemplo, en Holanda, donde la prostitución está legalizada desde 1999, aún hay sectores de la sociedad que rechazan a las prostitutas como si fueran personas inferiores por dedicarse a la profesión a la que se dedican. Desgraciadamente, para cambiar esto último no basta con legalizar la prostitución: no es una cuestión de leyes, sino de mentalidades, que es normal que tarde más en modificarse.

¿Con el tiempo y la adquisición de una mayor libertad sexual de nuestra sociedad, está el debate moral muerto? ¿No es el abolicionismo estigmatizante?

MB: Con las convicciones morales no se pueden poner en marcha políticas públicas. Si para algunas personas es inaceptable el divorcio, por ejemplo, o el aborto o el trabajo sexual hay que respetar que no lo practiquen, pero no que traten de imponer al resto sus convicciones morales o religiosas y menos elevarlo a la categoría de políticas públicas.

Con las convicciones morales no se pueden poner en marcha políticas públicas.

Sabemos que el modelo abolicionista o de criminalización del cliente no combate la explotación laboral, sino que la oculta y, en la práctica, conlleva terribles consecuencias en la vida de las trabajadoras del sexo que nos hemos cansado de describir y repetir. Las medidas que criminalizan y penalizan al cliente, como algunas ordenanzas municipales o la Ley de Seguridad Ciudadana, de la que ya hemos hablado, no repercuten favorablemente sobre la vida de las mujeres sino que la empeora: clandestiniza la actividad lo que conlleva mayor vulnerabilidad para todas, pero especialmente entre las mujeres inmigrantes.

BG: No. El estigma es consustancial a la prostitución. Lo que la prostitución vende, en realidad, es sexo masculino con mujeres previamente devaluadas. Los estudios con puteros demuestran que pagan por “putas”, por lo que ellos entienden por putas, no por mujeres como sus hermanas o primas. Es increíble que se diga que el estigma lo crea el abolicionismo.

El estigma surge con la prostitución. No hay más que mirar los anuncios de prostitución. No somos las abolicionistas las que las llamamos “guarras, cerdas, que les gusta que les metas la polla en la garganta” etc. Vuelvo a decir, hay que mirar las webs de puteros a ver si las estigmatizamos nosotras o ellos.

MAQP: Sí, creo que con el tiempo se llegará a aceptar que haya gente que libremente quiera dedicarse a prestar servicios sexuales a sus semejantes, algunos de las cuales (como las personas con discapacidades graves, antes citadas) sería muy difícil que disfrutasen del sexo de otro modo. Puede que siempre siga existiendo cierto debate, dado que en torno al sexo siempre nos gusta debatirlo todo, pero creo que con el tiempo aprenderemos a respetar las decisiones laborales de los demás.

Creo que con el tiempo aprenderemos a respetar las decisiones laborales de los demás.

Incluso Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, que hace poco se manifestaba a favor de andar prohibiendo la prostitución, creo que un día será capaz de captar que es bueno dejar libre a la gente y no imponerles su idea de lo que debe ser el sexo correcto o incorrecto entre adultos. Al fin y al cabo, torres más altas han caído: también la Iglesia católica pretendió un día controlar la vida sexual de todos y ahora ha aceptado que debe limitarse a hacer recomendaciones morales.

Beatriz Gimeno dijo: "sólo en una sociedad donde las demandas de sexo/afecto entre mujeres y hombres fueran paralelas se produciría la desaparición del problema de la prostitución”. ¿Estás de acuerdo?

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MB: Creemos que en una sociedad donde las demandas sexo/afecto entre mujeres y hombres fueran paralelas las posibilidades de lo que podría ocurrir son muy variadas, podría desaparecer, podría transformarse, podemos formular una larga lista de suposiciones.

Desde Hetaira estamos en contra de la mercantilización de la fuerza de trabajo, ya sea física, intelectual o sexual.

Desde Hetaira lo que tenemos claro es que hay que avanzar hacía sociedades igualitarias y menos mercantilizadas, evidentemente no estamos de acuerdo con el sistema económico actual, estamos en contra de la mercantilización de la fuerza de trabajo, ya sea física, intelectual o sexual. Pero mientras avanzamos hacia sociedades más justas debemos pensar en las formulas que mejoren la vida de las mujeres que actualmente están ejerciendo la prostitución.

Los derechos colectivos son la herramienta que el resto de la ciudadanía posee para poder enfrentarse a los abusos del sistema. Es muy injusto que precisamente un colectivo tan vulnerable como son las trabajadoras del sexo no puedan protegerse con herramientas legales. Se trata de deslegitimizar los abusos y la violencia, no se trata de legitimar la prostitución.

Creo que las relaciones sexuales son relaciones humanas que no deben estar mediadas por el mercado.

BG: Dice Jonnasdottir que en las sociedades formalmente igualitarias la desigualdad mayor se produce en el reparto desigual de las necesidades sexuales, ella entiende que las necesidades sexuales son amor y sexo; (cuidado) y sexo. Por supuesto que no creo que tenga que haber mayor prostitución masculina. Creo que las relaciones sexuales son relaciones humanas que no deben estar mediadas por el mercado. Creo que el amor, la amistad, el cariño, la lealtad, el sexo…no debe estar mediado por el mercado.

MAQP: No entiendo muy bien a qué se refiere “demandas paralelas”. Si lo que quiere decir es que en un mundo en que todo varón que deseara una relación sexual con una mujer, o viceversa, la obtendría, y lo mismo para las relaciones homosexuales, pues sí, es obvio que en ese mundo no haría falta la prostitución. Pero se trata de una idea utópica. En el mundo real, las demandas entre hombres y mujeres nunca serán “paralelas”. Es lo que tienen las cosas del amor. Y me cuesta creer que alguien como Gimeno ignore algo que cualquier adolescente apasionado por la literatura universal puede comprobar fácilmente. Probablemente es que su frase está demasiado descontextualizada.

El futuro del consenso sobre el tema de la prostitución

¿Es el de la prostitución un debate condenado a ser eterno o crees que la solución es alcanzable?

MB: El debate, como cualquier debate sobre otro tema, puede ser eterno y no existe ningún problema para que así sea. El asunto es ¿conseguiremos que algún día se deje de discriminar a las trabajadoras del sexo? Creemos firmemente que sí.

Desde el feminismo hemos conseguido cuestiones impensables como el derecho al voto, el derecho al divorcio, el derecho al aborto (aunque, a veces, con problemas), derechos para las lesbianas, derechos para las mujeres trans. Nos faltan muchos derechos aún por conquistar, por eso continuamos en activo y sí, claro que conseguiremos que esta sociedad deje de ningunearlas. De momento, seguimos creciendo, seguimos organizándonos. Nadie dijo que esto fuera fácil.

BG: Ningún debate está condenado a ser eterno. La solución es alcanzable, por supuesto. Si hemos conseguido cambiar la percepción social sobre la violencia de género… podríamos también cambiar la percepción sobre la prostitución en el sentido dicho: que los hombres, o al menos la mayoría, no encontraran deseable tener relaciones sexuales con mujeres que no sienten deseo por ellos. Lo ideal sería que en el sexo, como en cualquier relación humana, la consideración por el otro/a, fuera importante. Imponer el propio deseo a una persona que no lo desea, no es ético.

Creo que la solución (respetar la voluntad de prostitutos y prostitutas para dedicarse a lo que quieran) es alcanzable y que, de hecho, estamos cerca de ella.

MAQP: Creo que la solución (respetar la voluntad de prostitutos y prostitutas para dedicarse a lo que quieran) es alcanzable y que, de hecho, estamos cerca de ella. Justo por eso los partidarios de decirle a las mujeres qué tienen que hacer, a qué se pueden dedicar y a qué no, qué idea de su sexualidad deben tener, andan redoblando sus esfuerzos para evitar que suceda lo inevitable: que en el campo de la prostitución apliquemos los mismos principios que nuestra sociedad aplica en el resto de cuestiones relacionadas con el sexo, esto es, permitir legalmente que los adultos conscientes decidan qué hacer con su vida.

De hecho, era una función tradicional del feminismo el abogar precisamente por liberar a las mujeres del yugo de tener que acatar lo que otros les prohíben hacer con su vida y con su sexualidad. Que ahora buena parte del feminismo sea precisamente la que trata de imponer ese yugo (en la cuestión de la prostitución, pero también en otras libertades, como la gestación subrogada) solo es una muestra de la decadencia que vive hoy tal movimiento, que poco a poco se convierte en justo lo contrario de lo que fue, un instrumento de liberación.

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