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El turismo está destruyendo el planeta. La industria ya genera el 8% de las emisiones globales

El turismo está destruyendo el planeta. La industria ya genera el 8% de las emisiones globales
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El turismo es uno de los grandes quebraderos de cabeza de las grandes ciudades del siglo XXI. Por un lado representa una fuente de ingresos inagotable. Por otro, ocupa espacios tradicionalmente destinados a sus vecinos. ¿Qué hacer? Mientras los ayuntamientos de todo el mundo tratan de encontrar solución al dilema, hay otro problema, a escala global, atribuible a la demanda turística: el aumento de las emisiones a la atmósfera. La industria genera hasta el 8% del total global.

¿Qué ha pasado? Los estudios más fiables sobre el impacto en el medio ambiente del turismo eran escasos y antiguos. Un reciente trabajo realizado por investigadores de la Universidad de Sidney, publicado en Nature Climate Change, calcula que la actividad atribuible al turismo internacional representa el 8% de las emisiones globales (no sólo de CO2, sino de todas aquellas que contribuyen al calentamiento global). Es un porcentaje alto, aunque por debajo del transporte o la ganadería.

¿Por qué es importante? La investigación es relevante porque toma en consideración no sólo los métodos de transporte empleados por los turistas (aviones, de forma genérica, cuya huella medioambiental es extraordinariamente alta) sino también los servicios que promueven y consumen (la alimentación, los productos adquiridos en los viajes, los alojamientos, etcétera). Es un retrato fidedigno del impacto del turismo en el planeta, uno que, a menudo, solemos pasar por alto.

Irá a más. La proyección a futuro no es optimista: los métodos de transporte son cada día más accesibles, y los alojamientos cada día más baratos. Si a esto sumamos el acceso a una posición económica acomodada de grandes lotes de población en China o la India, por poner dos ejemplos, el resultado es claro: a largo plazo, pocas industrias del planeta tienen tanta expectativa de crecimiento como el turismo. Es un negocio rentable y todos queremos seguir viajando.

¿Cómo solucionarlo? La cuestión, entonces, es cómo limitar el impacto medioambiental de nuestro viajes. La mayor parte de propuestas sobre turismo sostenible rotan en torno a la preservación de la "autenticidad" de los espacios de interés, y sobre la necesidad de respetar tanto su patrimonio histórico como la vida diaria de los vecinos. A nivel medioambiental, las soluciones inmediatas son el turismo de proximidad y medidas que obliguen a los operadores a ser sostenibles (ejem, aviones).

El enésimo reto. De forma muy similar a las ciudades, la humanidad en su conjunto se enfrenta a un dilema a priori de difícil resolución: sacrificar la gallina de los huevos de oro en pro de la conservación del planeta. Un dilema que se repite sistemáticamente en todos los sectores, ya sea el de la energía, el del consumo de alimentación barata y sabrosa, o el de la compra de ropa bonita y a buen precio. Dadas las experiencias previas, parece improbable que seamos capaces de encontrar solución.

Imagen | tetedelart1855/Flickr

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