Estados Unidos iba rapidísimo en su campaña de vacunación. Hasta que se topó con los escépticos

Estados Unidos iba rapidísimo en su campaña de vacunación. Hasta que se topó con los escépticos
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A finales de marzo Europa había fracasado. Su ritmo de vacunación era bajo en comparación al de Reino Unido y Estados Unidos. Cuando el primero había administrado al menos una dosis al 45% de su población y el segundo al 28%, Alemania y España apenas superaban el 10%. Los motivos eran variados: desde una política generosa en materia de exportación hasta un acuerdo turbulento con AstraZeneca. Pero la realidad era palmaria. La Unión Europea no tenía las vacunas que necesitaba.

Llegaría tarde a la inmunidad de grupo, quién sabe a qué coste.

Flash forward. Dos meses después la situación es muy diferente. Repasemos porcentajes de inmunizados con al menos una dosis a 8 de junio: Reino Unido, muy bien, roza ya con los dedos el 60%; Estados Unidos supera por lo justo el 51%... Y Alemania y España le siguen ya un poco más de cerca, al 45% y al 42% respectivamente. Hay un dato más decidor: el 31 de marzo Estados Unidos administraba 85 vacunas por cada 10.000 habitantes, mientras que la Unión Europea no pasaba de las 38; hoy la UE pone 80 por cada 10.000 habitantes... Y EEUU, 32.

Sorpasso. Europa sigue lejos de las cifras de Reino Unido y Estados Unidos, pero cada vez menos. Su ritmo de vacunación se ha acelerado desde mediados de abril, superando a los segundos en vacunas administradas al día ya en mayo. La curva de Estados Unidos es preocupante: durante las semanas intermedias de abril logró poner en torno a las 3,4 millones de dosis diarias, un récord mundial. Desde entonces ha caído vertiginosamente. A finales de mayo su ritmo se había desplomado un 50% (1,8 millones al día) y hoy ya está por debajo del millón.

Los objetivos. En el camino, Estados Unidos se puede dejar la inmunidad de grupo. La Administración Biden se fijó un objetivo ambicioso al comienzo de la campaña: llegar al Día de al Independencia, el 4 de julio, festivo nacional, con el 70% de la población completamente vacunada. Hoy ese objetivo es imposible. A un mes vista sólo un 42% de los estadounidenses presume de pauta completa, lo que obligaría a administrar más de 4 millones de dosis diarias durante las próximas semanas. Muchas más de las que Estados Unidos fue capaz de administrar en su pico de demanda.

It's the economy, stupid. Porque todo se resume a eso: oferta y demanda. El gobierno no tiene un problema de suministro, como le sucedía a la Unión Europea en febrero. El número de vacunas ofrecidas por el Departamento de Sanidad a los distintos estados cada semana se ha mantenido estable desde abril, en torno a las 18 millones. Sucede que menos gente quiere ponérselas. Los gobiernos locales solicitan hoy muchas menos dosis: a mediados de mayo Wisonsin sólo estaba utilizando un 8% de las vacunas que le correspondían por población; Iowa, un 29%; Illinois, un 9%, exceptuando a Chicago. Una dinámica exacerbada en el sur.

Un ejemplo: Alabama está vacunando hoy a 4 personas por cada 10.000 habitantes. Luisiana, Alabama y Misisipi tienen a menos del 50% de la población con al menos una dosis administrada.

Los motivos. Los hemos explorado con anterioridad: un 44% de los votantes republicanos jamás ha tenido intención de acudir al centro de vacunación; y en torno al 33% de la población adulta tiene serias reservas sobre la campaña. Es una guerra cultural (siempre lo ha sido), superando con mucho al tradicional movimiento anti-vacunas. Este gráfico es bastante decidor del fenómeno: Estados Unidos ha logrado vacunas a la gente que ya era receptiva o tenía dudas pero estaba abierta a la posibilidad. El porcentaje de escépticos se ha mantenido invariable, resiste como una roca.

Anthony Fauci, la máxima autoridad sanitaria desde el comienzo de la pandemia, era explícito al respecto:

Ya no quedan frutos maduros que recoger, aquellas personas que querían vacunarse sin necesidad de que les dijéramos nada (...) Nos queda un grupo para el que vamos a necesitar... Mensajeros fiables que acudan allí y les explican por qué es crítico para su salud, para la de su familia.

El riesgo. El éxito inicial de Estados Unidos vino por el lado fácil. Ahora le queda el más difícil. Un éxito que paradójicamente no va a contribuir a que las comunidades escépticas se vacunan: algunas encuestas han ilustrado cómo la apariencia de fin-de-pandemia les desincentiva aún más para acudir al centro de salud. ¿Si todo va ya bien, si nos estamos quitando las mascarillas y las restricciones se están levantando, qué urgencia puedo tener en ponerme una vacuna que nunca he querido ponerme? Son frutos muy verdes en lo más alto de las copas de los árboles.

Para llegar a ellas Estados Unidos tendrá que trabajar mucho (loterías millonarias, armas, cannabis, parques de atracciones mediante). Puede fracasar en el intento. Como ya sucediera en verano, cuando la mayoría de estados republicanos sufrieron brotes muy agudos en parte por lo laxo de sus restricciones, hoy son las comunidades sureñas (más pobres y vulnerables) las que pueden afrontar nuevos picos a corto plazo. Desbaratando el plan de inmunidad de grupo del gobierno.

Imagen: Doug Mills/Spla/GTRES

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