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Éstas son las personas que van a votar por una Francia de ultraderecha en mayo
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Éstas son las personas que van a votar por una Francia de ultraderecha en mayo

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Aunque la competición entre los cuatro principales candidatos en la carrera hacia la presidencia de Francia estaba extremadamente apurada, aunque era un escenario totalmente desconocido para los analistas (sólo una de las dos grandes familias políticas ha logrado permanecer entre los primeros puestos), esta vez las previsiones han acertado. El centrista Emmanuel Macron (23.7% de votos) y la ultraderechista Marine Le Pen (21.7%) se disputarán la presidencia en menos de dos semanas.

Era lo que todos los medios esperaban y, aun así, se siente la amargura de los resultados. Un europeísta liberal con poca experiencia política será el rival de la figura que representa ahora mismo el descontento xenófobo y reaccionario que encarna en Francia Marine Le Pen. Tal vez por eso es interesante analizar cuáles son las previsiones de trasvase de datos que se esperan en la segunda vuelta de estas elecciones de 2017.

Las previsiones del trasvase de votos de cara al próximo 7 de mayo

En principio, los análisis apuntan a que Macron tendrá más de un 60% de los apoyos en la segunda vuelta, pero hay que ser cautos con esos resultados ya que hay bastante indecisión entre los votantes originarios de Melenchón y Fillon (no así con los votantes de Hamon, que son muy pro-Macron). Un alto nivel de abstención en la segunda vuelta podría facilitar la victoria de Le Pen, cuyo electorado está mucho más comprometido.

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Pero, en caso de no haber abstención, esta sería la previsión de trasvase de votos según IG, CEVIPOF e IPSOS, tres de las grandes agencias realizadoras de encuestas y que consultó a distintos votantes franceses en los días previos a los comicios de ayer.

Esta es una primera estimación:

Y otra posterior más ajustada a los resultados de ayer noche:

Los resultados en la categoría de abstención según este gráfico se refieren más al atractivo de los candidatos que a una preferencia del encuestado por no votar o votar en blanco. Eso significa que la abstención representa en realidad la indecisión ante los candidatos, ya que ninguno de los dos convence a la persona entrevistada, pero en el momento en el que estas personas sepan que la presidencia se decidirá finalmente entre Macron y Le Pen esos resultados podrían variar.

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De aquí se deduce a golpe de vista que los votantes del conservador Fillon se decantan casi en el mismo porcentaje por las políticas antiinmigratorias de Le Pen y por el liberalismo económico de Macron, ambas facetas presentes (aunque en distinto grado) en el programa que representaba el candidato de Los Republicanos.

También vemos que el socioliberalismo de Hamon emparenta bien con la propuesta de Macron, pero que la nueva izquierda de Mélenchon se disputa sobre todo entre apoyar a un candidato que quiere retirarle garantías a los trabajadores o evitar que gane un partido xenófobo. Una cantidad significativa de votantes de Mélenchon podrían irse con Le Pen, y es que, como apuntamos ayer, el programa económico del Frente Nacional y Francia Insumisa encuentran bastantes equivalencias.

Y lo que ocurrió en las elecciones presidenciales francesas de 2002

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2017 encuentra algunos paralelismos con lo que ocurrió en 2002, cuando el candidato conservador Jacques Chirac se enfrentó con Jean-Marie Le Pen, padre de Marine Le Pen y fundador original del Frente Nacional. Es el único antecedente en el que el FN llega a la segunda vuelta en las presidenciales.

Entonces, como ahora, Le Pen hizo casi tantos votos en la primera vuelta (17%) como el candidato rival, con un apoyo mínimamente superior (20%). En la segunda vuelta de 2002, Chirac obtuvo la confianza del 82% de los votantes, y destrozó a la candidatura de Le Pen, que se quedó en un 18% de los votos. El Frente Nacional sólo consiguió convencer a un 1% más de votantes en la segunda vuelta que los que convenció en la primera.

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Han pasado 15 años y el clima político ha cambiado mucho desde entonces. Macron, exbanquero y una figura no del todo carismática, se presenta por un partido nuevo para los votantes.

La debacle del FN en las elecciones de 2002 podría estar muy fundada en el rechazo público que causaba Le Pen padre, alguien que no teme negar públicamente el holocausto y coquetear con el nazismo. Marine es más comedida en sus declaraciones públicas, y ha confeccionado un FN que públicamente se exhibe como antiestablishment, aunque el armazón del partido siga siendo tan ultraderechista y xenófobo como el de su padre.

Todos quieren una Francia de Macron. Todos, menos uno

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Caso todos los candidatos perdedores han pedido el apoyo para Macron. Fillon, de los conservadores y el conjunto político más próximo ideológicamente a Le Pen, ha pedido a sus votantes frenar el ascenso de lo que él considera un partido extremista. Según Fillon, el partido de Le Pen “tiene una historia conocida por su violencia y su intolerancia, su programa económico y social llevaría a la quiebra y, a ese caos, habría que añadir el caos europeo”. Hamon, del Partido Socialista, dice distinguir “entre un adversario político (Macron) y una enemiga de la República (Le Pen). El momento es serio”.

Los grandes partidos han convertido a Macron en el freno del nacionalismo y la eurofobia en Francia, pero también en la validación del liberalismo económico como en una alternativa satisfactoria para Francia. Esto, que podría ser coherente en los partidos de derechas, ha sido así también para el Partido Socialista de Hamon. No parece ser así para Mélenchon, de ultraizquierda, que claramente descontento con los resultados ha callado y no ha querido dar una consigna de voto para ningún candidato.

“Cada uno sabe cuál es su deber”, dijo Mélechon, así como que consultará a su militancia sobre si apoyar a Macron o a Le Pen, hacia quienes dirigió duras críticas.

El contexto socioeconómico y cultural del votante de Macron y Le Pen

El suroeste del país y en general las grandes ciudades han votado en mayor porcentaje a Macron mientras Le Pen se ha quedado con el paisaje de las provincias del nordeste. París queda como una isla macroniana cercada por el voto ultraderechista de Le Pen.

El apoyo a FN ha resultado ser fuerte entre la gente sin estudios, justo lo contrario de lo que ocurre con el candidato de En Marcha, que a mayor nivel educativo más adhesiones recibe entre el electorado.

Por porcentajes mínimos, las mujeres son más favorables hacia el candidato de En Marcha! que a la presidenta del Frente Nacional... y viceversa.

En cuanto a clase económica, las clases bajas son mucho más favorables al voto lepenista, y tal y como ocurre con el análisis de estudios, los porcentajes se invierten según crece el nivel de renta del votante.

Los jóvenes también son uno de los principales puntos de apoyo de Le Pen, especialmente los que no tienen estudios (los jóvenes con estudios defienden a Mélenchon), pero a medida que avanza la media de edad del votante el espectro de voto se fragmenta, posiblemente por motivos ideológicos o económicos. Los mayores de 70 años son especialmente reacios a apoyar a la política ultraderechista. Todos estos datos los puedes encontrar (y en más detalle) aquí.

Un último apunte: el 63% del electorado de Macron, más identificado con el centro-derecha, votó al centro-izquierda en 2012.

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