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La guerra de los Presupuestos es el ejemplo de la pesadilla que aguarda al PSOE en el gobierno

La guerra de los Presupuestos es el ejemplo de la pesadilla que aguarda al PSOE en el gobierno
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Era cuestión de tiempo que el gobierno de Pedro Sánchez, sostenido por una exigua mayoría parlamentaria, encontrara en los Presupuestos Generales del Estado su primer escollo político. A esta hora del lunes las tornas se han invertido: el PP, el partido que los aprobó con el apoyo de Ciudadanos y el PNV, carga contra ellos; y el PSOE, la formación que tan duramente los criticó, se enfrenta al complejo reto de mantenerlos intactos para salvaguardar su alianza con el PNV.

La promesa. Esa fue, al menos, la condición que el PNV puso al PSOE para aprobar la moción de censura. Los Presupuestos aprobados por el gobierno de Rajoy incluían alrededor de 540 millones de euros en inversiones variadas para Euskadi, una cifra histórica y generosísima en áreas como la infraestructura o el I+D+i. Si Sánchez quería ser presidente, explicaron los líderes vasquistas, tendría que respetar lo acordado en los Presupuestos. En palabras de Rajoy: se los tendría que comer "con patatas".

Pedro dijo sí. Al PSOE le valía. La aritmética parlamentaria hacía improbable la aprobación de unos nuevos Presupuestos, más sociales, y el apoyo del PNV se antojaba clave. Sin embargo, Sánchez no tenía forma de asegurarlos. Es lo que hemos visto hoy: el PP ha anunciado que se valdrá de su mayoría absolutísima en el Senado para enmendar parte de los Presupuestos. En concreto, unos 70 millones destinados al País Vaco. Es el precio a pagar por su "infidelidad", según el PP.

Nueva oposición. En realidad, es el primer gesto de la nueva oposición parlamentaria. El PP necesita moverse rápido si quiere mantenerse como primera fuerza del centro-derecha. Votar contra sus propios Presupuestos puede parecer contradictorio (y lo es), pero la penalización política por parte de su electorado es baja y el castigo a Sánchez (y al PNV) es alto: ahora el PSOE se verá obligado a proteger las partidas presupuestarias que tanto denostó en el Congreso.

Aún queda mucho. Porque la batalla de los Presupuestos aún no está cerrada. Las enmiendas del Senado tienen que volver al Congreso, donde sólo el acuerdo de todas las fuerzas parlamentarias que apoyaron la moción podrían proteger las partidas dedicadas al PNV. Sin embargo, los incentivos son muy distintos: ni las fuerzas de izquierda (Podemos a la cabeza) ni las catalanas o valencianas tienen demasiado interés en proteger algo que, por otro lado, no les repercute beneficio alguno.

Simbólico. Así que estamos ante el primer episodio de la presidencia de Sánchez, uno que parece premonitorio: mientras el PP aprovecha su clara mayoría parlamentaria para oponerse a numerosos proyectos políticos del nuevo gobierno, el PSOE es incapaz de repetir el extraordinario acuerdo que le llevó al gobierno. Más aún: el ejecutivo socialista tendrá que gobernar durante varios años hipotecado por las partidas aprobadas ya por Mariano Rajoy.

Un ejemplo del tortuoso camino que le espera a Sánchez de aquí a que se disuelvan las cámaras. Tarde, como prometió al PNV (y las promesas, promesas son).

Imagen | Víctor J Blanco/AP

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