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¿Han tenido éxito los Objetivos del Milenio en reducir la pobreza?

¿Han tenido éxito los Objetivos del Milenio en reducir la pobreza?
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Fijados hace quince años como la dirección a seguir a nivel internacional dentro de los programas de cooperación económica al desarrollo, los Objetivos del Milenio llegan a su deadline con tantas respuestas como preguntas. Con los datos en la mano podemos decir que, a nivel global, la situación ha mejorado de forma bastante plausible, pero la realidad no aclara si la mejora ha sido gracias al esfuerzo de los países desarrollados. En cualquier caso, ¿resiste tan entusiasta interpretación una lectura pormenorizada de las estadísticas?

El final de la pobreza endémica

Antes de entrar es materia es importante no olvidar que los Objetivos de Desarrollo del Milenio fueron definidos en los años de hegemonía neoliberal (finales de los 90), con los países del norte más preocupados por mantener burbujas y la protección de su territorio frente a la amenaza del incipiente terrorismo internacional que de la lucha contra la pobreza, y con los países del sur perdiendo peso geopolítico mientras continuaba el mercado de las materias primas se transformaba en globalización buena para todos.

La idea estaba clara: para mantener un crecimiento constante a nivel global era fundamental luchar contra la pobreza y permitir la entrada de los países subdesarrollados y en vías de desarrollo en la ya entonces economía globalizada. Había que estabilizar las cifras de consumo, y para ello era clave sumar a los países en desarrollo al mercado de clientes potenciales.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio fueron la respuesta al abandono de la Cooperación Económica Internacional de los países del Primer Mundo a finales a finales del siglo pasado

Como consecuencia de esta situación, desde la ONU se llevaron a cabo cumbres periódicas desde las que convertir al claro diagnóstico en programa de acción, marcando como punto prioritario para las políticas económicas internacionales el acabar con una pobreza que seguía siendo endémica y que la sociedad civil del mundo desarrollado había dejado de ignorar (con lo anterior como objetivo secundario).

Finalmente en el mes de septiembre del año 2000 en la ciudad de Nueva York se firmó la Declaración del Milenio con ocho objetivos que pasarían a ser prioridad para la ONU y su Programa para el Desarrollo. Veamos qué tal ha ido la cosa.

¿Cuáles son los Objetivos del Milenio? ¿Quién se encarga de evaluar su cumplimiento?

Denutricion Infantil
Somalia es un de los países con mayor índice de desnutrición intantil. Foto: UK Department for International Development

En el mes de septiembre de 2000, la Asamblea General de la ONU definió estos objetivos:

  • Erradicar la pobreza y el hambre,
  • lograr la enseñanza primaria universal,
  • promover la igualdad de género y autonomía de la mujer,
  • reducir la mortalidad infantil,
  • mejorar la salud materna,
  • combatir el VIH, paludismo y otras enfermedades,
  • garantizar la sostenibilidad del Medio Ambiente
  • y Fomentar la Asociación Mundial para el Desarrollo.

De recabar y analizar los datos se ha encargado un grupo de expertos sobre los indicadores bajo coordinación del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la Secretaría de las Naciones Unidas, apareciendo entre estos entidades como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, ACNUR, UNICEF, OIT, OMS y otras organizaciones internacionales. Basándose en el análisis estadístico realizado por las citadas organizaciones, el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) ha realizado informes anuales a fin de evaluar los avances obtenidos.

Veamos qué dice el de 2015.

¿El informe del PNUD de 2015 refleja resultados positivos?

Como decíamos antes, está claro que sí El análisis pormenorizado de las cifras ofrece resultados más que interesantes, con avances incuestionables en algunas zonas y sectores y otros algo decepcionantes.

En materia de reducción de la pobreza y ampliación de la cobertura de la enseñanza primaria universal la mejora es plausible: mientras que en 1990 más del 50% de los trabajadores subsistía con menos de 1.25 dólares al día en los países en desarrollo, hoy esa cifra se ha reducido al 14%. Por otro lado, en 1990 1900 millones de personas vivían en pobreza extrema, mientras que en 2015 las cifras finalizarán en torno de los 835 millones, reducción de más de la mitad que también se da en las cifras de desnutrición infantil (del 23.3% al 12.9% en las regiones en desarrollo).

En materia educativa, la tasa de matriculación escolar en el año 2000 en los países en desarrollo era del 83%, mientras que 2015 cerrará con unas cifras cercanas al 91%. Otro resultado positivo es la reducción del abandono escolar prematuro, el cual en el año 2000 fue de 100 millones de niños y este 2015 será de menos de 57 millones. Igual de positivas son las cifras de alfabetización en los jóvenes, mostrándose un crecimiento de 8 puntos desde 1990 hasta alcanzar un 91%.

Bastante más tibios son, desgraciadamente, los avances en materia de igualdad de género y empoderamiento de la mujer y mejora de la salud materna, sobre todo en zonas donde la expectativa era mucho mayor como Latinoamérica y Caribe.

En Asia en el año 1990 había 74 niñas matriculadas en el colegio por cada 100 niños, hoy hay 103 niñas, lo cual muestra el imponente avance en esa zona. Las cifras de empleo precario han descendido para la mujer un 13% desde 1990 en el mundo en vías de desarrollo, una cifra insuficiente pero positiva frente una reducción de la precariedad que en el caso de los hombres ha sido solo de un 9% en 25 años. El resultado más insatisfactorio lo encontramos en la participación de las mujeres en la vida política, encontrándose el doble de mujeres como cargo electo frente a 1990 sí, pero manteniendo una proporción de 1 a 5 frente a los hombres.

El resultado más insatisfactorio se encuentra en la participación de la mujer en política, ocupando solo 1 de cada 5 cargos electos en los países en desarrollo

En lo que respecta a la maternidad y políticas reproductivas se aprecia una alta reducción de la mortalidad materna en Asia, del 64%, mientras que en África Subsahariana la reducción es del 49% y globalmente de un 45% (lo cual deja en mal lugar a la América de habla hispana). A nivel mundial el uso de anticonceptivos en la mujer ha crecido de un 55% a un 64% desde 1990, pero aún muestra cifras muy bajas que tienen su consecuencia en la alta cifra de embarazos adolescentes en países como Colombia, donde una de cada cinco adolescentes ha estado embarazada, y que coloca a América Latina como la segunda zona del mundo con mayor número de casos de embarazo adolescente según UNICEF.

Tasa embarazo adolescente Fuente: Banco Mundial

La lucha contra las enfermedades infecciosas sí ha ofrecido avances importantes en forma de programas de prevención y vacunación. Desde el año 2000 las infecciones por VIH han descendido un 40%, multiplicándose por 15 el número de personas con acceso a retrovirales desde el año 2003 hasta la fecha. La mortalidad de la malaria se ha reducido un 58% y su incidencia un 37%, y la mortalidad de una casi erradicada ya tuberculosis ha bajado un 45%.

Para finalizar, en materia de Medio Ambiente el avance ha sido mínimo, incluso deberíamos hablar de retroceso en esta materia. Sí, se ha logrado eliminar la utilización de las sustancias que debilitan la capa de ozono (los CFC) y se espera su recuperación para mitad del presente siglo, pero desde 1990 las emisiones de dióxido de carbono han aumentado en un 50% (con máximos históricos año a año), cifra que ha puesto hoy en boca de todos el calientamiento global y el aparentemente imparable cambio climático. La escasez de agua afecta hoy a un 40% de la población mundial, y se espera que el estrés hídrico sea insostenible próximamente en regiones donde las fuentes de agua renovable no son suficientes.

¿Qué han hecho los países desarrollados?

Parte de lo fijado en el octavo de los Objetivos de Desarrollo del Milenio era crear una Alianza Mundial para el Desarrollo, desde la cual se establecerían compromisos a cumplir por los países desarrollados integrados en la OCDE. Sin embargo, gran parte de lo que se había logrado avanzar a finales de la década de los noventa e inicios del presente siglo (un aumento en las ayudas de hasta un 66% hasta 2008) en términos de implicación del primer mundo en la lucha contra la pobreza, la desigualdad y conflictos bélicos en los países en desarrollo, ha acabado retrocediéndose tras la crisis económica iniciada en el año 2008.

Prueba de esto es la importante reducción presupuestaria en parte de los estados miembros de la OCDE destinada a la Ayuda al Desarrollo, alarmante en el caso de España](http://economia.elpais.com/economia/2015/09/18/actualidad/1442590224_885188.html), la cual se esperaba alcanzase el 0.7% del PNB llegado el año 2015 y que hoy solo cumplen los países del norte de Europa.

Crisis como la de los refugiados sirios hacen necesario una mayor dotación a los Programas de Ayuda al Desarrollo

Muchas son las voces que hoy llaman a los miembros de la OCDE a aumentar el esfuerzo y la dotación de estas partidas, conflictos como las Primaveras Árabes, la inmigración masiva proviniente del África Subsaharia o la crisis de los refugiados sirios y su llegada a través de la Europa del Este ponen de manifiesto la necesidad de que desde Europa la Ayuda al Desarrollo sea un punto prioritario dentro de los programas económicos, y demuestran que en materia de cooperación la inacción es la peor de las recetas.

Junto a las aportaciones a la Ayuda al Desarrollo desde la Asamblea General de las Naciones Unidas, la política arancelaria en el mercado de materias primas y la reducción de la deuda soberana de los países en desarrollo han sido claves. La primera ha permitido que casi el 80% de lo importado procedente de países subdesarrollados lo haya hecho sin arancel gracias a lo acordado en Tratados de Libre Comercio, mientras que los intereses de la deuda externa ha caído en proporción con los ingresos por exportaciones desde el 12% del año 2000 hasta el 3.1% del 2014 descontando el repunte tras la crisis de deuda soberana.

¿Qué opinan la sociedad civil y las ONG al respecto de la iniciativa?

La mayoría de organizaciones internacionales hablan de insuficiencia, error de planteamiento y dejadez frente a los que no han podido verse beneficiados de los programas desarrollados.

En esta línea, Amnistía Internacional reconoce que los Objetivos de Desarrollo del Milenio han sido insuficientemente dotados y cuentan con importantes errores de planteamiento. En opinión de la ONG se desaprovechó la oportunidad de ir mucho más lejos, ya que muchos de los Estados ya habían adquirido compromisos en esa dirección a través de Tratados Internacionales. Además, inciden, los informes anuales ocultan y minimizan la discriminación dejándola a un lado, ya que según ellos los ODM no sirven para analizar la situación real de las minorías, principales núcleos que sufren la pobreza. Igual sucede, desde su punto de vista, con los Derechos Humanos y su defensa, la violencia de género o la desigualdad en el acceso a la justicia, temas de importancia crucial en democracias en desarrollo que fueron totalmente olvidados en la Declaración de septiembre del 2000.

Desde una posición similar, en la cátedra Desenvolupament Sostenible de la Universidad Rovira I Virgili, se sostiene que los Objetivos de Desarrollo del Milenio han errado en su planteamiento al obviar las situaciones de vulneración de Derechos Humanos, la situación de países en conflicto en lugares como Oriente Medio o el norte de África y se ha dado un excesivo valor a la acción de los países desarrollados, quienes en definitiva iban marcando la agenda. De igual modo insisten desde la universidad tarraconense que desde los programas no se han atacado las causas de los problemas abordados, situación que ha restado efectividad a los esfuerzos que han sido llevados a cabo. Cierran su crítica con una elocuente pregunta: "¿qué sucederá pasado 2015 con quienes no hayan podido beneficiarse de los programas llevados a cabo hasta el momento?"

La mejora en la situación de las economías emergentes se debe al crecimiento de China, no a las políticas de ayuda al desarrollo

Por otro lado, en un artículo del portal Swiss Info, la ex jefa de la ONG Alliance Sud, Nina Schneider, es tajante al reconoce que "ha sido gracias al crecimiento de China que los países emergentes han logrado reducir la tasa de pobreza a la mitad en comparación con 1990, gracias a la subida del consumo y producción de materias primas". En el mismo artículo, Jean-Louis Arcand, profesor del Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales de Ginebra, es crítico con la situación en que los Objetivos de Desarrollo del Milenio ha dejado a las clases medias, las cuales "se dejan fuera para no empantanar el programa mostrando la pérdida de nivel adquisitivo de ésta". Aparte de que los Objetivos del Milenio "no hablan ni de desigualdad ni de redistribución de la riqueza", apostilla.

Frente a la afirmación de la ONU de que el esfuerzo concertado entre ONU, países y sector privado ha dado esperanza y oportunidades a los desfavorecidos, Arcand responde:

"ningún país del mundo ha salido de la pobreza merced a programas de ayuda al desarrollo financiados por el Banco Mundial" o la Unión Europea. Los que salen lo hacen por conjunción público-privada y la existencia de recursos propios que permiten desarrollar políticas de crecimiento".

Según su reflexión, no es la ayuda al desarrollo la que pone a los países en la senda del crecimiento, "su papel es insignificante".

Los Objetivos después de 2015: los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030

En cualquier caso, el poso que dejan los ya finalizados Objetivos del Milenio es positivo a pesar de todo, pues constata que a pesar de la irregularidad en los esfuerzos poco a poco todas las economías del mundo están comenzando a moverse en una dirección común.

Prueba de esto es lo sucedido el pasado 28 de septiembre en la Asamblea General de las Naciones Unidas celebrada en la ciudad de Nueva York, donde todos los países del mundo, incluído los reacios Estados Unidos, China y Rusia, han acordado convertir al Medio Ambiente y el Desarrollo Sostenible como objetivo principal de las políticas de cooperación económica. Prueba de ello son los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030, los cuales se aprobaron por unanimidad tras votar la Resolución A70-L1 y fueron compartidos impeutosamente en Redes Sociales gracias a los hashtags #globalgoals y #LightTheWay.

Veremos en qué queda tan loable iniciativa. Hay mucho trabajo por delante y es de esperar que todos hayamos aprendido de nuestros errores. En 15 años hablamos de todo esto.

Más información | Objetivos de Desarrollo del Milenio, Informe de 2015

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