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Huawei es la primera gran víctima de la guerra comercial entre EEUU y China. No será la última

Huawei es la primera gran víctima de la guerra comercial entre EEUU y China. No será la última
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Huawei recibió anoche el revés más importante de su historia reciente. La compañía, el segundo fabricante de teléfonos móviles del mundo, perdió acceso a los servicios de actualización de Android y a las aplicaciones básicas de Google, desde YouTube hasta Gmail pasando por Google Play. La decisión de Alphabet llega unos pocos días después a la orden ejecutiva de la Administración Trump por la que Huawei entra en la Entity List del Ministerio de Industria.

¿Pero qué significa todo esto y cómo encaja en la guerra comercial abierta entre Estados Unidos y China? Veamos.

El veto. La Entity List es un directorio de empresas extranjeras consideradas peligrosas por el gobierno de los Estados Unidos. Supone una advertencia a sus compañías nacionales, pero no excluye toda actividad económica del marco legal. Los motivos y las condiciones de entrada en el repositorio, una suerte de lista negra, son variados. El gobierno puede fijar las condiciones de negocio y puede exigir licencias y permisos para comerciar con las compañías incluidas.

Huawei. El caso de Huawei y de sus 70 entidades asociadas es singular. No es habitual que la administración censure a multinacionales de su talla. La orden ejecutiva firmada por Trump el miércoles pasado habilitaba al gobierno para vetar cualquier acuerdo comercial entre Huawei y las empresas estadounidense. Si la administración juzgaba que los intereses de Estado corrían peligro, podría bloquear la operación.

Huawei lidera el desarrollo de tecnologías 5G, por ejemplo, y provee de infraestructuras comunicativas a numerosas sociedades y empresas. Ya no podrá hacerlo sin el permiso expreso del gobierno.

Google actúa. La decisión de Trump tenía importancia en el marco legislativo, pero no tanto en el práctico si las principales empresas estadounidenses no tomaban medidas concretas. Alphabet ha sido la primera. Al privar de soporte técnico a Huawei, Google obliga al fabricante a recurrir a un sistema operativo propio y a aplicaciones paralelas a las muy utilizadas Maps, Mail, Calendar o Chrome. Es un torpedo directo hacia su base de negocio, porque afecta al consumidor.

Nuestros compañeros de Xataka te explican cómo.

Guerra comercial. Hasta ahora, la Administración Trump había limitado la guerra comercial al ámbito académico. Pese a sus repetidas advertencias sobre el supuesto peligro que representaba Huawei, las medidas más destacadas contra China tenían un carácter fiscal. La última subida arancelaria (que afecta a bienes por un valor de $20.000 millones) se sumaba a otras tantas que encarecían los productos chinos en su mercado interno (para pesadilla de sus granjeros).

La orden ejecutiva de la semana pasada apunta a una de las principales preocupaciones de Trump. El espionaje tecnológico.

Razones. La guerra comercial está impulsada por dos factores. Por un lado, la asimetría. EEUU cree que sus empresas no pueden competir en el mercado interno chino por la política intervencionista de Pekín. Mientras las compañías chinas sí disfrutan de igualdad de condiciones en suelo estadounidense, las americanas no. Para Trump, este es el origen del déficit comercial contraído por EEUU. La guerra es una medida de presión para acordar mejores términos con Pekín.

Por otro, y aquí es donde entra Huawei, la administración recela de la fuerte conexión entre algunas grandes empresas chinas y su gobierno. EEUU acusa al fabricante de servir de "espía" para los intereses de China, pese a que las evidencias al respecto sean inexistentes. Trump y sus consejeros creen que China se aprovecha del desarrollo tecnológico de sus empresas para copiarlo (más barato) en casa.

Injusticia. Así, en el lienzo dibujado por la Administración Trump, China lamina los esfuerzos y la buena fe de Estados Unidos poniendo trabas en su mercado interno y espiando tecnología. Huawei funciona como cabeza de turco: la orden ejecutiva del gobierno es otra forma de presionar a Pekín para acceder a un acuerdo comercial más favorable. Es una pieza en el tablero a la que seguirán otras mientras la pugna entre ambos gobiernos siga abierta.

Su éxito a medio plazo es discutible. Pero EEUU ha resuelto ser fiel a su estrategia.

Imagen: Andy Wong/AP

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