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La larga historia de represión fascista al colectivo LGBT+: triángulos rosas y campos de exterminio

La larga historia de represión fascista al colectivo LGBT+: triángulos rosas y campos de exterminio
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Desde un primer momento la participación de Ciudadanos en el Orgullo 2019 de Madrid se antojaba controvertida. El manifiesto original elaborado por las organizaciones LGBT censuraba su presencia al acordar pactos de gobierno con una fuerza vetada, Vox. Pese a todo, una pequeña comitiva del partido, liderada por Inés Arrimadas, acudió al desfile. Muchos participantes abuchearon y atosigaron a sus miembros, resultando en una intervención political y aireada polémica.

Arrimadas se mostró particularmente vehemente al cabo del día: "Los fascistas que nos han intentado echar del Orgullo no se van a salir con la suya". Algo similar escribió Patricia Reyes, diputada: "El PSOE de Sánchez y Marlaska lo ha conseguido. Su discurso de odio a Cs ha sacado al fascismo real a la calle". Otras figuras menores, como Fran Carrillo, diputado en Andalucía, replicaron la idea, llegando a escribir: "La mayoría de los jerarcas nazis eran homosexuales. Punto y coma".

Ciudadanos ha mimetizado este fin de semana un discurso ya empleado en Cataluña, invirtiendo las tornas de la acusación fascista: aquellos que les impiden expresar sus ideas (en ocasiones apelando al antifascismo) son los verdaderos fascistas. La narrativa contribuye a la banalización del término "fascismo", muy en boga entre la izquierda tras el advenimiento de la extrema derecha. "Fascista" es menos una definición que una forma de activar el victimismo entre sus votantes.

El rechazo a Cs en el Orgullo surge precisamente de estas coordenadas. El mensaje final del colectivo tuvo reminiscencias antifascistas: "Ni un paso atrás". La celebración estuvo marcada por el crecimiento electoral de Vox, primera fuerza de extrema derecha que llega al Congreso. El partido de Abascal ha mostrado su desdén hacia el Orgullo pidiendo su traslado a la Casa de Campo, una propuesta de claro tinte homófobo. Su composición ideológica, tradicionalista y férreamente católica, choca con las reivindicaciones LGBT.

De ahí la polémica en torno a Ciudadanos. La formación siempre ha tratado de capitalizar su cariz tolerante en materia social, y ha participado en el desfile en anteriores ocasiones. Pese a las reticencias originales de Rivera al matirmonio homosexual, al que acusó de generar "tensiones innecesarias" en la sociedad española, Cs se ha diferenciado de otras fuerzas conservadoras por su entusiasta apoyo al movimiento LGBT. El colectivo lo recibió con escepticismo.

Este año, sin embargo, su relación política con Vox, dictada tanto por la estrategia del partido como por la aritmética electoral, ha llevado al rechazo expreso de una parte importante del colectivo LGBT. Y de ahí la confrontación del sábado y la escandalizada reacción de la plana mayor del partido. La utilización de la palabra "fascismo" sólo ha contribuido a agrandar la brecha y la crítica a la formación, en tanto que el movimiento LGBT arrastra una larga historia de represión fascista.

El triángulo rosa de los campos de exterminio

Las ideas de Adolf Hitler portaban consigo el germen de la persecución a homosexuales y personas no conformativas. El régimen nazi juzgaba la identidad LGBT como un obstáculo hacia la unificación del pueblo alemán bajo la enseña nacional, y reprimió desde su llegada al poder a la rica escena LGBT gestada en Berlín y otros centros urbanos durante la República de Weimar. Tanto las SS como las SA persiguieron internamente a los miembros sospechosos de homosexualidad.

Se trataba de una mirada reaccionaria que permeaba al resto de la sociedad alemana (y europea). La reivindicación de derechos y la exaltación de la identidad LGBT se interpretaba, desde numerosos círculos conservadores, como un ejemplo de la "decadencia" nacional, por lo que debía ser exterminada. Similares ideas moldearon la política represiva de Benito Mussolini en Italia o de Francisco Franco en España, donde el factor católico contribuyó a la persecución del movimiento.

No se trataba de un hecho exclusivo de los regímenes autoritarios, pero sí más exacerbado. La "homosexualidad" quedaba rápidamente relacionada con la perversión burguesa, el comunismo, y, por supuesto para el caso alemán, con el judaísmo. El sistema de campos de concentración levantado por las autoridades nazis provocó que miles de personas LGBT fueran apresadas y deportadas. Allí portarían el infame triángulo rosa (dentro del sistema de identificación de los campos de exterminio).

Libros Quemados Las publicaciones del Institut für Sexualwissenschaft serían quemadas junto a otros miles de libros. (Commons)

Las cifras más optimistas hablan de 15.000 personas capturadas y enviadas a los campos, de las cuales alrededor del 60% terminarían ejecutadas. La historia represiva comenzó mucho antes. En 1933, nada más llegar al poder, el gobierno nazi allanaría y clausuraría el Instituto para la Ciencia Sexual de Berlín, fundado en 1919 por Magnus Hirschfeld y dedicado a la investigación en materia de género y sexual. Se trataba de uno de los centros LGBT más notables del continente.

Un año después, como se explica en el Museo del Holocausto, la Gestapo, la policía secreta del estado nazi, abriría una división dedicada en exclusividad al colectivo homosexual. La Gestapo establecería listas "rosas" con numerosos sospechosos de actividad ilegal, y vería su actuación respaldada con una actualización del Párrafo 175 del Código Criminal alemán. Aquella disposición, elaborada en 1871, penaba el comportamiento "lascivo" entre hombres, pero había sido ignorada por numerosos gobiernos del Imperio y de Weimar.

Los nazis sí la ejecutaron. Heinrich Himmler daría amplios poderes coercitivos a la Gestapo un año siguiente, en 1936, creando la Oficina Central para el combate de la Homosexualidad y el Aborto, un subdepartamento de la policía que, al vincular dos fenómenos distantes, subrayaba el control total del estado sobre cuestiones reproductivas o sexuales. Para Himmler y el resto de la cúpula nazi la homosexualidad representaba una amenaza insoportable al futuro demográfico de Alemania.

El régimen nazi incluyó numerosos volúmenes teóricos LGBT entre sus libros quemados en 1933. Los hombres homosexuales fueron asociados, como en el resto del continente europeo, a una clase particularmente indeseable de varones afeminados, incompatibles con la mentalidad viril y el permanente ejercicio de poder de la sociedad fascista. Tales ideas provocaron el arresto de 100.000 personas entre 1933 y 1945 (se calcula que vivían 1,2 millones de LGBT en Alemania).

Triangulos Un documento nazi explicando el funcionamiento de los parches en los campos de concentración. El rosa, quinta columna desde la izquierda, está dedicado específicamente a los homosexuales. (Commons)

Por todo ello, la acusación de "homosexualidad" se convirtió en un vehículo útil para purgar a la competencia interna. Los miembros LGBT enrolados en el aparato nazi, como Ernst Röhm, eran muy conscientes de ello, lo que les llevó a sobrecompensar su orientación sexual. Röhm construyó un personaje pagado de cultura castrense, métodos brutales y una arrolladora masculinidad. Pese a su abierta condición, coincidía con otros nazis en el carácter perverso y débil del hombre LGBT.

Nada de ello le salvó del asesinato durante la noche de los Cuchillos Largos, en 1934, cuando Adolf Hitler purgó a las Sturmabteilung (SA) consolidando su poder interno. La purga se justificó en gran medida aludiendo a la homosexualidad de Röhm y de otras figuras dentro del cuerpo. Lo cierto es que el carácter de Röhm y su condición sexual se convirtió en un motivo de amenaza y paranoia para muchos miembros del partido, acrecentando su fobia al colectivo LGBT.

Los ejemplos son numerosos, y la persecución del movimiento ha sido analizada en profundidad por historiadores y estudiosos LGBT (entre numerosas conspiranioas que acusan al propio Adolf Hitler de ser un homosexual encubierto). Nada de esto habla de las condiciones del colectivo en otros países, teóricamente más abiertos. Las protestas de Stonewall, en Estados Unidos, se remontan a la década de los sesenta, prueba de los escasos avances en materia de derechos obtenidos por los países occidentales hasta muy entrado el siglo XXI.

Sin embargo, recordar la historia represiva del colectivo LGBT en los estados fascistas contextualiza mejor las palabras de Inés Arrimadas y otros miembros de Ciudadanos, y evidencia los limites del término "fascismo" como arma arrojadiza en la esfera mediática.

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