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Los megaricos están comprando "residencias de marca" de Bulgari o Porsche para sus vacaciones

Los megaricos están comprando "residencias de marca" de Bulgari o Porsche para sus vacaciones
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Pocos elementos de la vida cotidiana definen con tanta precisión nuestra posición social como la vivienda. El acceso a la misma, cada vez más esquivo para unos, es sinónimo de elevada distinción para otros. El proceso alcanza su paroxismo en las viviendas de lujo: apartamentos a pie de playa en islas recónditas del Caribe cuyo precio, por defecto, habla de la riqueza de quien las adquiere.

Pues bien, ahora hay que añadir otro elemento distintivo: la marca.

¿Qué? Se acabó comprar un apartamento o un chalé cualquiera. Ahora los multimillonarios del planeta están adquiriendo apartamentos "Porsche" o villas "Bulgari". Como ilustra este reportaje del New York Times, son cada vez más emporios empresariales los que encuentran un filón en el desarrollo de resorts de lujo al abrigo de su proverbial marca. Desde hoteles, como Marriott, hasta firmas de moda, como Armani.

¿Por qué? Por un lado, el argumento práctico. Para los megaricos, comprar una vivienda en Bermudas o Belize implica a menudo caminar a ciegas. La información sobre las regulaciones locales, las políticas impositivas, la calidad de las construcciones o la fiabilidad del vendedor es en ocasiones escasa. Acudir a una villa Four Seasons o a un piso Ritz-Carlton proporciona seguridad. La marca avala su servicio.

Por otro, el emocional: un piso Bulgari, al igual que una joya, es un símbolo de ostentación y poder.

¿Es común? Cada vez más. El negocio lo capitalizan cadenas hoteleras como  Marriott, cuyas incursiones inmobiliarias datan de hace veinte años. Hoy la marca ofrece residencias en todo el globo, y está construyendo hasta once resorts más. Hay de todo: pisos, villas, chalés, casas en la playa y hasta palacios renacentistas en Florencia. Incluso ya hay una línea low-cost en Belize (el piso más barato: 175.000€).

Diversificar. Como ilustra este artículo de Forbes, para las cadenas hoteleras es un negocio redondo. Acuden a un público ya cautivo y a un sector, el del alojamiento, emparentado con su matriz. A cambio generan más beneficios: el precio base de los apartamentos y las villas ofertadas por Four Seasons, por ejemplo, no suele bajar de los $2 millones (llegando a los $100 millones en función de la residencia).

Sus clientes los utilizan como residencias ocasionales; cuando no viven allí, los alquilan. Y ganan dinero.

El futuro. Pese a que la idea original es antigua (data de 1927), la proliferación de viviendas de marca es un fenómeno actual. Este informe contabiliza alrededor de 400 proyectos a lo largo de todo el mundo. Para 2023 superarán los 500, sumando más de 69.000 residencias unitarias. Para el 1%, es una inversión de alta rentabilidad, como todas las inmobiliarias, pero que además denota lujo.

Imagen: Cayo Espanto/Commons

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