Los NFT iban a salvar a los artistas. En su lugar, les están robando sus obras para especular con ellas

Los NFT iban a salvar a los artistas. En su lugar, les están robando sus obras para especular con ellas
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Beeple, un arista desconocido para la gran mayoría de la población, copó las portadas de los medios cuando vendió una de sus creaciones por €57 millones el pasado mayo. La creación en cuestión: un NFT. De la noche a la mañana Beeple se había convertido en uno de los tres artistas vivos mejor valorados. El futuro del arte pasaba irremediablemente por el metaverso, leímos entonces, un ecosistema donde todos los creadores podrían vender sus obras en un entorno libre de intermediarios, marchantes y círculos elitistas que imponían su criterio.

No tan rápido. Siete meses después, la relación entre "el arte" y los NFTs es algo más compleja. Liam Sharp, reconocido dibujante de cómics, ofrece un buen ejemplo: "Voy a cerrar la totalidad de mi galería en DeviantArt porque la gente sigue robando mi arte y creando NFTs con él". Dado que cualquier persona puede crear un NFT de cualquier cosa por apenas $120, muchos inversores escogen obras aún vírgenes de artistas cada vez más recónditos y comercian con ellas en OpenSea y otras plataformas crypto.

Sin que dichos artistas les hayan dado permiso para ello, por supuesto. 

Robo. Los dibujos de Sharp apenas tenían valor comercial (poco más de $3 y ninguna venta), por lo que nadie (o mejor dicho, un usuario llamado 7D03E7, creador de los NFTs) se estaba enriqueciendo a su costa. Todavía. Desde un punto de vista teórico, es posible que alguien cree un NFT de un cuadro cualquiera y que meses después ese objeto cotice a $500.000 sin que el artista en cuestión vea un sólo dólar. En el mundo de antaño, este fenómeno tendría nombre y apellidos: robo de propiedad intelectual. Y tendría consecuencias penales.

Lo crypto. ¿Pero en el metaverso? Hace algunos meses DevianArt, la plataforma más popular entre artistas plásticos de todo tipo, implementó un sistema que advertía a los creadores cuando alguien creara un NFT sobre una de sus obras. La herramienta funciona bien y avisa regularmente a los artistas de cualquier NFT generado a su costa. Sucede que el proceso de denuncia es más complejo: OpenSea, el principal mercado crypto, obliga a los artistas a demostrar que su obra es suya.

Es decir, invierte la carga de la prueba: es el legítimo poseedor de la propiedad intelectual quien tiene que demostrar su autoría, no el ladrón. Sharp, harto de batallar por sus dibujos, ha preferido descolgarlos de la red.

A más. El suyo es tan sólo un caso. Hay muchos más, la mayoría recopilados en cuentas como @NFTThefts. Algunos afectan a artistas de reconocimiento internacional, como Anish Kapoor o David Bailey. En noviembre, el responsable de una exposición artística sobre Star Wars, Ben Moore, tomó miles de fotografías de obras diseñadas por una docena de artistas, las convirtió en NFTs y las subastó en OpenSea. A los pocos días los NFTs, que no las piezas reales, se habían vendido por €6 millones.

Naturalmente esto no sentó demasiado bien a los artistas.

De todo. El caso más divertido lo protagoniza Hermès, una de las firmas de moda más caras y prestigiosas del mundo. Resulta que un "artista" llamado Mason Rothschild ha creado una serie de NFTs inspirados en su célebre bolso Birkin (y llamados "MetaBirkins", porque la imaginación no abunda en el universo crypto). Rohtschild subastó algunas de sus obras por $800.000. Su éxito fue tal que, a las pocas semanas, otros usuarios habían "falsificado" sus MetaBirkins y los habían vendido por $35.000.

Nuestro héroe en cuestión denunció las falsificaciones públicamente... Lo que atrajo la atención de Hermès. Hace unos días, la compañía fue clara: "Hermès ni autoriza ni consiente la comercialización o creación de nuestro bolso Birkin por parte de Mason Rothschild en el metaverso". Como por otro lado es lógico. Rothschild, de forma un tanto alucinante, se arrogaba la propiedad intelectual de un NFT basado en un objeto real protegido por propiedad intelectual. Quien roba a un ladrón, etcétera.

Hermès es una multinacional poderosa que puede defenderse. Otros artistas más pequeños no tendrán tanta suerte. Al menos mientras dure el vacío legal del metaverso.

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