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No, no se nos ha ido la pinza con las comuniones: en realidad seguimos gastando lo mismo

No, no se nos ha ido la pinza con las comuniones: en realidad seguimos gastando lo mismo
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Cualquier-tiempo-pasado-fue-mejor es un aforismo en cualquier edad de la historia del ser humano: desde el abierto desprecio de Sócrates por la juventud decadente hasta la mirada reprobatoria de tus abuelos por esa nueva maquineta de la que no te despegas, pensar que el pasado siempre es una arcadia idílica donde los pecados del presente destacaban por su ausencia es algo normal.

De modo que cuando el juez español Emilio Calatayud publicó en Ideal de Granada un breve suelto opinativo sobre la naturaleza desmadrada y alocada de las primeras comuniones, el paso de la infancia a la edad adulta ritualizado por el catolicismo, las redes sociales se lanzaron a compartirlo. Su pequeña columna ha tenido un notable éxito, con más de 8.000 compartidos en Facebook, porque refuerza un discurso natural en el ser humano: frente al prístino ayer, el hoy es Sodoma y Gomorra.

En su caso, Calatayud reivindica el carácter escueto y frugal de las antiguas comuniones: "Lo que antaño era un chocolate con churros y un relojito hoy es un almuerzo master chef, un viaje a Eurodisney y el móvil de última generación. Y eso, como mínimo". Según él, el gasto se ha disparado a tales niveles que los "microcréditos" para su celebración están a la vuelta de la esquina. "Dejemos algo para cuando se casen", sentencia, porque "se nos está yendo la pinza".

La idea de fondo es que las comuniones se han convertido en auténticos fastos disparados y descontrolados donde las familias dilapidan su dinero en trajes, generosos banquetes para todos los invitados y viajes a París. ¿Pero cuánto hay de cierto en el discurso de Calatayud, en nuestro discurso?

Lo que gastamos hoy: 2.400 euros

Un vistazo a los datos revela que gastamos bastante en comuniones: sólo en España, las familias que las celebran pueden invertir alrededor de 2.400 euros (a causa de diversos factores, los más importantes el vestido o traje de la niña o niño y el banquete), circunstancias que han llevado a FACUA a advertir sobre las partidas de inversión de los organizadores. Ok, ¿pero esto sucede en todas las familias de España?

La respuesta intuitiva es "no", menos aún si, como la propia Conferencia Episcopal ha revelado, el número de liturgias religiosas desciende año a año. Sucede con los bautizos, que han pasado de 300.000 hace una década a los 240.000 de 2014, y con las bodas, cuyo descenso es dramático (de las 110.000 oficiadas por la Iglesia Católica en 2007 a las escasas 50.000 de 2014). Pero mientras todas las demás ceremonias litúrgicas caen, las comuniones se mantienen estables en torno a los 250.000.

Traje El traje de las niñas suele ser de lo más caro de la ceremonia. (EmilianoFilipi/Wikipedia)

Primer punto para Calatayud: hay un hype de comuniones, o mejor dicho, la ceremonia no ha experimentado el mismo descrétido y desinterés social que otros rituales religiosos tradicionales de la sociedad española. ¿Por qué? Aquí Francisco Javier Elzo, catedrático emérito de la Universidad de Deusto, lo vincula a la inexistencia de sustitutos civiles. Las comuniones tienen un carácter festivo al que la religión sirve sólo como coartada, como en tantos otros aspectos de la realidad religiosa de los españoles, y a los niños les continúa atrayendo una celebración tan divertida.

Ahora bien, el demonio está en los detalles. Para Calatayud el problema no es tanto que se celebren más comuniones, sino que las que se celebran se han desmadrado (se nos ha ido "la pinza"). Si antes eran unos churros con chocolate con el abuelo, ahora hay smartphones (a lo que cabe argumentar: no son un objeto de lujo, sino de primera necesidad) y viajes a Eurodisney, factores que habrían disparado el gasto y puesto en jaque las economías familiares, descarriladas por el fervor.

Lo que gastábamos ayer: 2.400 euros

¿Y cuánto hay de cierto aquí? El discurso del juez no se sostiene si comparamos los datos de hace una década y los datos actuales. Recordemos: según FACUA, las familias suelen gastarse más de 2.000 euros en la comunión. ¿Y cuánto solían invertir en 2006, según las cifras ofrecidas en este reportaje de El Mundo? Entre 2.500 y 2.400 euros. Ya en 2003 las cifras eran semejantes, y se advertía sobre los gastos disparados en celebraciones, payasos y adornos de todo tipo.

Las variaciones regionales importaban antes como importan hoy: en 2006, según un informe de la Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU), lo habitual era que las festividades se fueran más allá de los 3.000 euros (las mismas cifras que maneja FACUA en la actualidad), y en este especial de Levante del mismo año se hablaba de celebraciones también por encima de los 3.000 euros, cuando, según comerciantes y protagonistas de los eventos, diez años atrás el precio se reducía al 50%.

Los viajes a Eurodisney han sido una constante familiar desde los noventa, y los regalos tecnológicos, de un modo u otro, siempre han estado presentes en las comuniones

De hecho, el arco de gastos reprobables era exactamente el mismo: trajes por encima de los 300 euros, cara tecnología (entonces, DVD y videojuegos), perlas, diamantes y detalles en oro, magos (frente a los photocall actuales) y, claro, los viajes a Eurodisney, en París, un destino más que habitual para las familias españolas con niños pequeños desde su apertura en 1992 y desde la caída generalizada del precio de los billetes de avión (y un clásico de las comuniones desde los noventa).

Euro No se inventó ayer. (Pixabay)

Con un impacto económico estimado de 500 millones de euros anuales, y como se recuerda en el mismo reportaje de El País en el que se cita a Elzo, en realidad el gasto en comuniones se ha mantenido. Lo que ha cambiado es hacia dónde se ha destinado el dinero: se ha pasado de banquetes para adultos a 100 euros el tenedor, ideales para los adultos, a comidas más baratas y un amplio abanico de detalles (regalos, fiestas, animación) para los niños.

Quizá por ahí vayan las reprobaciones del juez Calatayud: ahora que el gasto lo acaparan los protagonistas de la comunión y no los padres, "se nos ha ido la pinza". Claro. En el fondo, no consigue difuminar el toque nostálgico de su opinión tan compartida durante este fin de semana, y que redunda en el célebre "cualquier tiempo pasado fue mejor". Más puro, menos corrompido, con mejores cigalas. Aunque las comuniones sigan donde las dejamos hace diez años: en gasto y en número.

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