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Olvidarse a un hijo en el asiento trasero del coche hasta su muerte. ¿Crimen o accidente?

Olvidarse a un hijo en el asiento trasero del coche hasta su muerte. ¿Crimen o accidente?
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Tendrá que vivir con ello durante el resto de su vida: un hombre de 43 años olvidó a su bebé, de 21 meses, en el asiento trasero del coche durante horas. Lo montó al punto de la mañana, dirección guardería, pero jamás lo entregó. En su lugar se dirigió a su centro de trabajo, aparcando el coche y dejando a la niña dentro. Cuando la madre acudió al centro a las 15:00 las cuidadoras le confesaron que la pequeña jamás había aparecido por allí aquel día. La encontró sin vida en el vehículo.

Sucedió ayer en Madrid. Fue un espantoso accidente. ¿Pero debería ser un crimen? Por el momento, el progenitor ha sido detenido por la policía por homicidio imprudente.

Depende. No está clara. En España, en ocasiones, los progenitores o cuidadores responsables de la muerte de niños abandonados en automóviles son acusados, como vemos, de homicidio imprudente. También le sucedió a un abuelo mallorquín este agosto: la criatura, de diez meses, pasó toda la mañana en el coche. Se olvidó de ella en sus quehaceres y murió ahogada por las altas temperaturas. El fiscal observó indicios de delito. Podrían caerle hasta 4 años de cárcel.

¿Es frecuente? Sí. En Estados Unidos ocurre entre 30 y 50 ocasiones al año. La cifra se disparó a partir de los años noventa, cuando el código de circulación estableció que los niños debían viajar en la parte trasera del coche (el airbag, al ser tan pequeños, les suponía un riesgo). Atados en aparatosas sillas y en no pocas ocasiones viajando de espaldas al conductor, los padres comenzaron a olvidarse más y más de ellos. Le pasa a todas las cohortes sociales y demográficas.

¿Por qué? La ciencia ha tratado de explicarlo ilustrando las peculiaridades de nuestro cortex cerebral. Este estudio lo atribuye a las diversas funciones de nuestra memoria, una remota (destinada a eventos lejanos) y otra habitual, rutinaria. Los humanos sistematizamos tareas (levantarnos, ducharnos, ir al trabajo, comer) en nuestro día a día, hasta el punto de ejecutarlas por defecto. Sin pensar en ellas. Levantar al niño, lavarlo, vestirlo y dejarlo en la guardería es una.

¿Qué sucede cuando un evento estresante o repentino se cuela en la rutina? Que nuestro cerebro tiende a darle máxima prioridad, enviando a un segundo plano a aquellas más mundanas y habituales. Es entonces cuando los descuidos y olvidos se producen (¿habré cerrado el coche?), con la diferencia de que, en el caso de los bebés, la consecuencia es fatal, terrorífica. Es un mecanismo y un bug común a todos los humanos. Aunque no lo creas, te podría pasar a ti.

La historia. En 2010 un reportaje de Gene Weingarten para el Washington Post obtuvo el premio Pulitzer al narrar el espantoso proceso juidicial de un padre que había olvidado a su bebé en el coche. En él, Weingarten exponía el complejo dilema moral y jurídico del fenómeno: a nivel federal, en el 40% de las ocasiones los fiscales consideraban la muerte un accidente; en el 60% restante acusaban a los padres de homicidio, con potenciales penas de prisión.

El texto de Weingarten, emocional y muy profundo, colocó el debate sobre la agenda mediática. Sigue siendo un dilema difícil de resolver: los acusados son hombres y mujeres destrozados, descompuestos y deprimidos (el reportaje relata el ejemplo de uno de ellos que trató de hacerse con la pistola de un policía para pegarse un tiro cuando descubrió la muerte de su hija), y sin embargo son responsables de la muerte de un ser vivo.

¿Donde comienza la responsabilidad penal, qué mayor pena social debe pagar un progenitor que ha matado a su niño?

Seguridad. El estado de Florida ha tomado medidas preventivas: dejar a un niño más de 15 minutos en el coche acarrea multas de hasta más de $500 y penas de prisión de un año. Es una opción: es difícil olvidarse de las cosas cuando sabes que estás cometiendo un crimen. La tecnología puede acudir en nuestra ayuda: una empresa americana ha desarrollado un sensor que se activa y pita cuando un bebé sigue en el coche (similar al aviso de no-llevas-cinturón-puesto).

Hasta ahora, los mecanismos de alerta específicos para este problema no han tenido éxito en el mercado: nadie los compra porque nadie cree que le pueda pasar a él. Como este relato en primera persona de Time revela, es un mito: basta interrumpir la rutina diaria o tener un día de particular estrés para caer en el descuido. Por ello, el Congreso estadounidense debate desde el año pasdo la Hot Cars Act, que obligará a todos los coches a incorporar sensores anti-olvidos.

Imagen: Shaw/Defense

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