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Otros países donde la bandera nacional también es rechazada

Otros países donde la bandera nacional también es rechazada
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España mantiene una singular relación con sus símbolos nacionales. Entre ellos, destaca la bandera. Ya sea porque su identidad nacional no cuadra con la española, ya sea porque identifican en ella un vestigio del franquismo, un cierto porcentaje de la población del país observa con suspicacia la bandera. No es mayoritaria, probablemente, pero existe, y el debate sobre su naturaleza, especialmente en fechas como el 12 de octubre, siempre termina saliendo a la luz. ¿Otro signo de la excepcionalidad de España? Nada más lejos de la realidad: sucede en otros lugares.

Las banderas sólo son símbolos, y como tales pueden contar con mayor o menor aceptación entre los habitantes de un país. Como en España, muchos de ellos tendrán fuertes emociones ligadas a unos determinados colores. Otros, pasarán por encima de ella con indiferencia. Y otros tantos, optarán por rechazarla por sus connotaciones políticas, históricas o nacionales. La unanimidad es improbable.

Cuando se filtra que la dirección de RTVE invita a sus trabajadores a realizar una jura de bandera, dentro de una campaña del Gobierno para promover una imagen positiva de la misma, estalla la polémica en las redes sociales. Cuando Pedro Sánchez, líder socialista, ofrece un mítin con una gran bandera de España de fondo, el análisis político se centra en el simbolismo nacional y lo asocia a una preferencia política concreta. Cuando Scorpions proyectan una bandera de España en Cataluña o Miley Cyrus agita la de Euskadi en un concierto, los medios recogen la noticia con entusiasmo.

Lo vemos a diario, la exhibición de la bandera española en público es un acto político y polémico que a unos agrada y a otros no. ¿Hasta qué punto esto se repite en otros países de nuestro entorno?

Las otras banderas: el deporte como escenario

Allí donde haya identidades duplicadas, habrá banderas que resulten incómodas. España cuenta con varios territorios donde existen varias identidades nacionales, pero no es el único país en el que esto sucede. Como vimos en su momento, todos los estados contemporáneos europeos cuentan con algún tipo de movimiento o sentimiento nacionalista interno que, de un modo u otro, reivindica una identidad cultural o nacional diferenciada. Muchos de ellos no tiene representación política, de modo que, ¿dónde expresar su identidad? Pocos escenarios son tan apropiados como los deportes.

Todos los eventos deportivos están repletos de banderas. Muchos de ellos sirven para que ondeen de forma no oficial aquellas que no tienen representación en un estado concreto

Cualquier evento deportivo es un vivero de banderas. Uno de los más célebres del planeta, el Tour de Francia, está repleto de ellas, pero no siempre son francesas. No nos referimos a las que los aficionados no franceses llevan a las cunetas del Pirineo, sino a las que ondean de forma orgullosa cada vez que la gran ronda atraviesa las carreteras de Bretaña. Uno de sus destinos más frecuentes, Bretaña cuenta con una identidad cultural propia. Y a nivel visual, se manifiesta en su bandera.

Bretana

El pasado verano, por ejemplo, el Tour alcanzó en la etapa 8 el Muro de Bretaña, una breve pero muy dura cuesta tras largas horas circulando por la región. En esta galería se pueden ver algunas fotos: mientras la bandera bretona aparece por doquier, casi en todas las imágenes, la francesa carece de presencia. Los bretones la utilizan como manifestación de su identidad, se solape o no con la francesa, siempre que llega el Tour de Francia, y como también vimos en su momento, su particular combinación de colores es el símbolo del nacionalismo y separatismo bretón.

Entre las flamencas y las valonas, las banderas belgas han sido borradas parcialmente de las carreteras de Bélgica. La imagen es muy evidente cuando se celebra el Tour de Flandes

El caso se replica con más intensidad en Flandes. La región del norte de Bélgica tiene el movimiento nacionalista más mayoritario de todo el continente europeo, y allí la bandera belga, la oficial del país, es ignorada en el mejor de los casos. Si hay un deporte por el que los flamencos pierdan la cabeza, ese es el ciclismo. Organizan varias pruebas. Una de ellas, el Tour de Flandes, es un ejercicio de exhibicionismo patriótico en el que la bandera flamenca, amarilla con un gran león negro, domina siempre el horizonte. Las belgas, si es que aparecen, se reducen a un diminuto segundo plano.

Tour De Flandes

Por imitación, en Valonia, región francófona vecina de Flandes que también forma parte de Bélgica (y que tiene su propio movimiento regionalista propio) hace lo mismo. En ella tienen lugar carreras tan importantes como la Lieja-Bastoña-Lieja, y cada vez es más común observar las banderas valonas (amarillas con un gallo rojo) en sustitución de las belgas. El ciclismo en Bélgica es cuestión nacional y política, como bien se explica aquí, y ciclistas como Philippe Gilbert han tenido que pedir la utilización pública de la bandera belga en pruebas como el Mundial de Ciclismo.

Desde Padania hasta Cerdeña, las banderas en el ciclismo sirven para manifestar identidades que a menudo rechazan los símbolos nacionales (como la bandera de Italia)

El ciclismo, en general, es la casa de las banderas no oficiales, empleadas en su mayoría con fines identitarios o reivindicativos. Otro caso llamativo es el de la bandera de Cerdeña: es habitual verla en las carreteras, y también en sus ciclistas más representativos. Cuando Fabio Aru, natural de la isla, ganó su Vuelta a España el pasado mes de septiembre, lo hizo portando en la cabeza la de su región (con un nacionalismo muy activo y amplio), no la de Italia.

Aru Bandera

Sucede también en el norte de Italia con la bandera de Padania (muy visible en pruebas como el Giro de Lombardía o en pruebas de Fórmula 1, como se puede apreciar en esta foto), movimiento que aspira a crear un estado italiano al margen del sur (y de marcado corte xenófobo). No sólo se aplica al ciclismo: en deportes como el rugby o como el fútbol, es improbable localizar banderas británicas en los estadios escoceses, galeses o incluso ingleses, reemplazadas desde hace años por las locales.

De forma paradójica, en España se produce un proceso contrario: es en eventos deportivos cuando más enseñas nacionales se observan en las calles, precisamente porque la bandera pierde su significado histórico y político y se enmarca de forma exclusiva en el apoyo a un equipo deportivo.

Una historia tortuosa, una bandera incómoda

Los ejemplos no siempre tienen correlación con el deporte. El caso de Estados Unidos es reciente: allí, sobre todo en el sur del país, hay otra bandera que pugna por al competencia de la omnipresente y muy aceptada bandera norteamericana. Hablamos de la bandera confederada, claro, hoy de capa caída tras los recientes sucesos del verano, pero hasta no hace demasiado orgullo de los conservadores blancos de los estados sureños en memoria a los eventos de la Guerra de Secesión.

En Estados Unidos, país por lo general orgulloso de mostrar su bandera, la confederada ha mantenido un tradicional espacio identitario propio en los estados del sur

Como se explica aquí, tras la Guerra de Secesión los estados confederados perdieron la esclavitud, pero no sus símbolos identitarios. Sólo su asociación progresiva a las ideas supremacistas la ha despojado, por ejemplo, del capitolio de Carolina del Sur (pero aún forma parte de la bandera oficial del estado de Misisipi, por otra parte). Esa identidad política, asociada a la bandera confederada, se ve abocada a la marginalización, pero pervive de forma clara en parte de la población.

Confederada

Tal y como sucede en España, la historia juega un papel clave a la hora de explicar por qué unas banderas tienen más aceptación dentro de sus fronteras que otras, o por qué sus ciudadanos tienden a ondearla con mayor frecuencia que otros. En Alemania, el orgullo en torno a la bandera está asociado al orgullo nacional, disminuido y coartado durante décadas tras los horrores de la Segunda Guerra Mundial (sirva esta historia de la BBC como ejemplo). El paso del tiempo, las nuevas generaciones y, de nuevo, el deporte, están eliminando parte del tradicional tabú.

Los alemanes no tienden a mostrar su bandera en público: sólo durante los últimos años, y también de la mano del fútbol, ha revivido el fervor identitario

Fue el Mundial de Fútbol que organizó el país en 2006 el que probablemente espoleó la utilización de la bandera alemana en público (en paralelismo a la bandera española tras el Mundial de 2010), pero hay quien continúa contemplando con recelo el fervor identitario revivido en Alemania. Desde otro punto de vista, hay quien celebra que un país que poco tiene que ver con aquel que dirigió al mundo hacia la Segunda Guerra Mundial recupere su bandera sin complejos.

En Gran Bretaña los motivos para dejar a un lado la Union Jack son distintos. Por un lado, Escocia y Gales tienen identidad nacional propia y distinguida de la inglesa, a la que se acusa con frecuencia de acaparar todos los aspectos de la identidad común británica. De ahí que su uso se haya reducido en ambos países, y en consecuencia en Inglaterra. Algunos articulistas de medios conservadores han salido en su defensa, afirmando que no hay por qué no sentirse orgulloso de la misma.

German Flag

Y por supuesto, es obligatorio terminar con Nueva Zelanda, el país que está tan incómodo con su bandera que se ve en la necesidad de cambiarla. O al menos su Primer Ministro, que ya ha seleccionado un listado de finalistas que representen mejor el espíritu nacional neozelandés. En la actualidad, la bandera de Nueva Zelanda es apenas distinguible de la australiana (no aceptada por los republicanos del país, por otro lado), y representa su pasado colonial, manteniendo la Union Jack como representación de la monarquía británica (su reina es aún la soberana de las islas).

También en Nueva Zelanda (y en menor medida en Australia) hay quienes no se sienten muy identificados con sus actuales banderas, vestigios de su pasado colonial

El proceso continúa firme, a través de la selección de proyectos realizados por ciudadanos comunes y corrientes (repasamos los mejores-peores diseños aquí) y quizá (o quizá no) termine con la sustitución de la actual bandera por una más democrática. Es algo parecido a lo que hizo Canadá en su momento, cuya bandera actual tiene un origen muy reciente. Ejemplos todos ellos de cómo las banderas, en diversos lugares del mundo, son igualmente disputadas y polémicas.

Imagen | Audrey AK, Fermín Grodira, Abdallahh, erGuiri, Elvet Barnes, Stewart

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