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Por qué hay quien cree que el intento de  golpe de estado en Turquía fue un montaje
En diez minutos

Por qué hay quien cree que el intento de golpe de estado en Turquía fue un montaje

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Durante la noche del viernes y la madrugada del sábado, una facción del ejército turco tomó dos puentes sobre el Bósforo, en Estambul, y rodeó algunos de los edificios públicos e institucionales más relevantes de Ankara, la capital de Turquía. Casi 300 muertos después, el intento de golpe de estado contra Recep Tayyip Erdoğan se ha saldado con un sonado fracaso. Al alba, miles de personas marchaban por las calles de las ciudades turcas mostrando su apoyo al presidente y rechazando la incursión militar.

Tres días después, la intentona continúa rodeada de incertidumbres y sospechas. La visceral reacción del gobierno de Erdoğan, el pobre planteamiento estratégico de los sublevados y la ausencia de figuras relevantes apoyando el golpe ha provocado que las teorías de conspiración hayan brotado por doquier. Una de las más frecuentes sugiere que los acontecimientos del pasado viernes tan sólo serían un teatro, una farsa organizada por el propio Erdoğan para afianzar sus maneras autoritarias amparándose en el cariz antidemocrático de sus rivales.

¿Cuánto de cierto hay en ello? Sobre estas bases se asientan las teorías:

1. Fue un golpe de características inusuales

Lo explica Max Fisher en The New York Times: el golpe de Turquía se desarrolló de forma inusual.

Por un lado, resultaba improbable que Turquía sufriera un golpe de estado. De haberse consumado, habría eliminado la regla de oro de Adam Przeworski: ningún país ha visto caer su sistema democrático cuando su renta per cápita ha superado a aquella de Argentina en 1975. Turquía, un país de gobierno estable (aunque de maneras autoritarias, como veremos más adelante), ha gozado de cierto crecimiento económico y de una reducción de sus índices de pobreza (ambos moderados). A priori, ambos factores son malos predictores de golpes de estado.

Erdogan Recep Tayyip Erdoğan, presidente de Turquía.

Sin embargo, Turquía ha sufrido golpes de estado de forma recurrente durante las últimas tres décadas. Aquí entra en juego el otro aspecto inusual del golpe del viernes: careció de apoyos públicos en todo momento. El éxito de golpes como el turco depende en gran medida de juegos de coordinación: obligan a las élites a sumarse a él generando la idea de que su triunfo es inevitable, está asegurado. Para ello, es indispensable contar con figuras notables que lo respalden y generen la ficción de que cuenta con un apoyo mayoritario.

Es, por ejemplo, lo que intentó Armada en el 23-F al tratar de reunirse con el rey: hacer ver que cuenta con el máximo respaldo institucional para asegurar el apoyo de las facciones del ejército más dubitativas o escépticas. No vimos nada parecido en Turquía, y sí movimientos torpes y fallidos.

Entre otros, la historia, recogida aquí por Reuters, de dos F-16 controlados por los golpistas en busca de Erdoğan. El presidente se encontraba en una ciudad vacacional en el oeste del país, y al parecer fue atacado por fuerzas sublevadas. Cuando tomó un jet privado para huir y dirigirse a Estambul, dos cazas F-16, aparentemente, tuvieron la posibilidad de derribar el avión. Lo tuvieron a tiro y no dispararon. Se desconoce por qué no lo hicieron, pero es la clase de hecho que ha contribuido a alimentar las sospechas.

2. No se sabe quién estaba detrás de él

Lo que hila con lo anterior: aún se desconoce quién está detrás del golpe.

Erdoğan ha sido claro en sus acusaciones, y ha culpado a los seguidores de Fethullah Gülen. Gülen es un religioso musulmán antaño aliado de Erdoğan y hoy en el exilio. Juntos lograron limitar el poder del sector del ejército kemalista (fiel a la tradición secular de Atatürk, la figura política más relevante de la Turquía del siglo XX) y afianzar un modelo de estado de carácter islamista moderado. Las luchas internas por el poder entre ambos derivaron en la derrota de Gülen y sus seguidores. Para Erdoğan, el golpe es su responsabilidad.

Gulen Fethullah Gülen.

Sin embargo, la naturaleza del golpe contradice la versión a posteriori del gobierno. El único comunicado emitido por los rebeldes evocaba el espíritu de Atatürk en sus palabras. Los golpistas se autodefinían como "El Consejo de Paz en Casa", parafraseando la célebre frase de Atatürk "Paz en casa, paz en el mundo" que venía a resumir la naturaleza de su política local e internacional. Un carácter kemalista del golpe sería más lógico, pero chocaría con la responsabilidad de Gülen y sus seguidores: mientras los primeros defienden un estado más secular, los segundos aspiran a profundizar en su carácter islamista.

La división de responsabilidades es contradictoria.

3. El propio Gülen lo está alentando

Ante las acusaciones de Erdoğan, Gülen ha contraatacado recogiendo las teorías de la conspiración y dando pábulo a la posibilidad de un golpe de estado teatralizado y organizado por el gobierno islamista. En unas inusuales (por poco frecuentes) declaraciones públicas del líder religioso, Gülen ha afirmado que "hay una posibilidad de que el golpe pudiera haber sido un montaje" y que pudiera ser así para escudar futuras acciones de Erdoğan contra los seguidores de Gülen en Turquía. Hizmet, el nombre de su movimiento, lleva en el punto de mira del AKP, el partido de Erdoğan, desde 2013.

Su predicción ha sido certera.

4. El golpe beneficia la deriva autoritaria de Erdoğan

Quizá sea el motivo más abstracto, pero también el más directo.

Hay quien cree que Erdoğan podría haber montado un golpe de estado ficticio porque es algo esperable de Erdoğan. Durante los últimos años, el presidente turco ha reprimido con dureza las protestas estudiantiles y callejeras, ha censurado de forma sistemática a los medios de comunicación libres y ha cerrado el acceso a redes sociales de todo tipo. De forma paralela, ha ejecutado medidas que han dinamitado el equilibrio de poderes y que han favorecido la hegemonía de su partido y su gobierno, cada vez con menores contrapesos democráticos.

Gezi Protests Durante sus últimos años, el presidente turco se ha enfrentado a numerosas protestas cívicas (como las del parque Gezi), y las ha reprimido con dureza.

La deriva autoritaria de Erdoğan preocupa. Y aunque lo más probable es que no haya organizado un golpe falso, sí es evidente que su puesta en escena y posterior fracaso le están beneficiando. Al día siguiente de sobrevivir a la intentona, Erdoğan definió el golpe como "un regalo de Alá". Desde entonces, ha detenido y retirado de sus puestos a más de 2.000 funcionarios del sistema judicial (sin relación directa con los golpistas: Hizmet tiene mucho peso en la judicatura) y ha coqueteado, por petición popular, con la instauración de medidas la pena de muerte. En otras palabras, purgas y medidas más represivas.

El golpe se observa como la excusa perfecta para profundizar en sus reformas autoritarias.

Lfbt El Día del Orgullo LGBT se ha visto como otra forma de protesta cívica contra el gobierno turco, y ha sido prohibido y perseguido con crudeza durante sus últimas ediciones.

Todo ello, espoleado por la inestabilidad derivada de un golpe que atacaba los cimientos de un sistema legítimo (Erdoğan sigue arrasando elección tras elección), se observa, desde el lado conspiracionista, como una cadena de acontecimientos que señalan a Erdoğan como responsable del no-golpe.

5. Y sin embargo, es difícil probarlo

Lo anterior sólo son motivos de sospecha, pero de ningún modo pruebas que liguen a Erdoğan en un golpe de estado preparado y destinado al fracaso. Como se señala en la BBC, el golpe (con trescientos miembros de la policía y de las fuerzas del orden muertos) fue mucho más lejos de lo que cabría esperar de un teatro (rodeando el edificio del Primer Ministro o bombardeando el Parlamento, por ejemplo), y su fracaso puede atribuirse más a su inoperancia y pobre planificación que a elementos conspiracionistas.

Puede que Erdoğan se beneficie de la torpeza de sus opositores, pero eso no significa que su ineptitud esté orquestada por el gobierno.

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