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Este gráfico cuenta cuánta gente ha muerto en guerras desde 1400

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En términos generales, el mundo continúa siendo un lugar horrible. Millones de personas continúan viendo sus vidas afectadas a diario por el hambre, los conflictos armados, la intolerancia, las enfermedades y la pobreza. La mayor parte de esas personas se concentran en los mismos lugares, África, Asia, Centroamérica. Sin embargo, el mundo es un lugar mejor hoy de lo que era, digamos, hace un siglo. Y es tan sencillo entenderlo como mirar a un sólo gráfico.

En concreto, al realizado por Max Roser en "War and Peace before 1945", publicado en OurWorldInData.org. En él, el investigador de la Universidad de Oxford recopila datos sobre conflictos bélicos desde el siglo XV hasta nuestros días. La conclusión es evidente: pese a que los dos mayores picos de muertes registrados en el periodo pertenecen al siglo XX, posteriormente la cifra no ha hecho más que caer. Hoy muere menos gente pero hay mucha, mucha más población.

Max Roser Muertes Belicas

Algunas cuestiones interesantes. Durante los primeros cien años de la Edad Moderna los conflictos bélicos provocaron un número de muertes más o menos estable, sin grandes picos ni valles. La situación cambia a partir de la guerra que lo cambia todo en Europa: la de los 30 años, altamente mortal y determinante en el devenir histórico del continente. Unido a las técnicas modernas de combate y a nuevo y más mortal armamento, el resultado fue un aún hoy impactante pico.

A partir de la Segunda Guerra Mundial, todo cambia. El mundo no dejó de combatir, pero sí dejó de aniquilarse a sí mismo. El número de muertes por combates continúa descendiendo

A partir de ahí, el patrón cambia. A grandes y muy mortales conflictos (mucho más mortales que en siglos anteriores) les suceden momentos de mayor tranquilidad. Por ahí se intercalan eventos como la Guerra de Sucesión Española, la Guerra de los Siete Años, la Guerra de Sucesión Austríaca, y las Guerras Napoleónicas. En el siglo XIX el foco se desplaza fuera de Europa (la rebelión Taiping y la Guerra Civil Americana) para volver a Europa en el XX, de forma cruenta y espectacular.

A partir de la Segunda Guerra Mundial, todo cambia. El mundo no dejó de combatir, pero sí dejó de aniquilarse a sí mismo. El número de muertes por combates continúa descendiendo.

¿Por qué el mundo está dejando de matarse?

¿Por qué? A partir de datos como los recogidos por Roser, Steven Pinker y otros investigadores han llegado a la conclusión de que el mundo es un lugar más seguro. Cada vez mueren menos civiles y militares. Según ellos, la guerra cada vez es menos rentable: no sólo económicamente, sino también políticamente. Poseer un trozo más o menos de tierra ya no es tan relevante como lo era hace 200 años. El foco de conflicto se ha desplazado a otros terrenos políticos.

Pinker, psicólogo, ha dedicado un libro a desarrollar su teoría: "The Better Angels of Our Nature: Why Violence Has Declined". En él, toma una aproximación psicológica al fenómeno de la violencia a lo largo de la historia de la humanidad, encontrando respuestas a los cada vez menos sangrientos tiempos en ideas como la alfabetización, la democracia, el comercio y, en términos generales, el desarrollo y la Ilustración. Comparado con el ayer, tenemos suerte de vivir en el mundo actual.

Esta idea, sin embargo, ha encontrado cierta oposición, o al menos matización.

Quizá estemos sobrevalorando "La Larga Paz"

El pasado mes de mayo, dos investigadores, Pasquale Cirillo y Nassim Nicholas Taleb, publicaron un trabajo donde ponían en duda tanto el acercamiento de Pinker al fenómeno de la violencia como las cifras ofrecidas por él mismo. Según ellos, Pinker no sólo habría errado a la hora de contabilizar los muertos que los conflictos bélicos provocan hoy, sino que habría dibujado un cuadro incompleto de la historia de la violencia entre seres humanos.

Pinker sólo habría demostrado que no se ha producido ningún gran conflicto bélico en los últimos setenta años. Nada demasiado excepcional si observamos el gráfico

¿Por qué? Porque Pinker sólo habría demostrado que no se ha producido ningún gran conflicto bélico en los últimos setenta años. Nada demasiado excepcional si observamos el gráfico de Roser, en efecto. Cirillo y Taleb argumentan que se produce una gran guerra mundial (o muy sangrienta) cada cien años. La Segunda Guerra Mundial terminó en 1945. Es bastante poco tiempo como para ser tan optimistas como Pinker sugiere. Taleb, en otro paper, se ha referido a esto como una "ilusión estadística".

Taleb también ha sido criticado. El debate es candente. John Gray, en The Guardian, publicó el pasado un fantástico artículo enmendando a la totalidad la teoría de Pinker: las grandes potencias sólo han dejado de entablar combate a campo abierto porque el riesgo del desastre nuclear les ha paralizado, y a cambio han luchado sus intereses en guerras proxy (como la de Ucrania). Por no mencionar a las muertes, millones de ellas, derivadas de eventos ocurridos en tiempos de paz.

Donbass Donetsk, en el Donbass ucraniano. (Imagen: Nico Vendome)

John Arquila hizo lo propio hace dos años, en "The Big Kill", explorando este último punto: las muertes provocadas por cuestiones paralelas o laterales a la guerra en sí misma han sido muy altas a lo largo de los últimos cien años, y Pinker y compañía lo pasan por alto.

Sea como fuere, algo es evidente para nosotros, ciudadanos de Occidente: vivimos tiempos pacíficos, los más pacíficos para el continente europeo de los últimos siglos. En Europa y Estados Unidos la máxima de Pinker sí se está cumpliendo, pese al conflicto de Ucrania y otros de menor entidad. ¿Cuánto durará? La pregunta es irrelevante en tanto que el futuro es impredecible, pero de momento no parece arriesgado pensar que quizá muramos sin presenciar otra gran guerra. Por fortuna.

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