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Qué está pasando en Venezuela ahora mismo y cómo de probable es que el país se parta definitivamente

Qué está pasando en Venezuela ahora mismo y cómo de probable es que el país se parta definitivamente
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A un lado y otro del Atlántico, Venezuela es una cuestión espinosa: la mayor parte de opiniones se inflaman de retórica ideológica y discernir del grano de la paja en las redes y en los medios torna en imposible. ¿Son verídicas las masivas protestas que aplaude la oposición? ¿Se trata de una artimaña a derivar en golpe de estado, como defiende el gobierno? Ambas opciones siempre se plantean en términos maximalistas.

Y lo cierto es que Venezuela vuelve a estar de actualidad. Ya sea por protestas en las calles, por vídeos que muestran cómo Nicolás Maduro, el presdidente, recibe huevazos en plena celebración patriótica, o por las recientes noticias sobre las batallas constitucionales entre gobierno y oposición. Y dado que es complicado hacerse una idea del escenario global entre tanta marejada, hemos tratado de resumirlo en este artículo.

El origen remoto de las protestas

La situación en Venezuela no es nueva. Desde 2014 el país ha vivido cíclicas protestas en las calles y enfrentamientos violentos entre las fuerzas del orden y los manifestantes opositores. Las circunstancias son diversas: por un lado, una oposición que juzga débil la base electoral de Maduro, más estrecha que la de Chávez, y que observa una ventana de oportunidad; por otro, la perenne y recrudecida crisis económica del país.

Venezuela afronta numerosos problemas. El más gráfico, la escasez: el estado mantiene un sistema de regulación de precios y de distribución que coloca el valor de los productos por debajo del precio de mercado. Virtualmente, la amplísima demanda hace que se agoten con voracidad, lo que provoca que desaparezcan de las estanterías. Así, ha florecido un fértil mercado negro, fomentado por la currupción, donde miles de venezolanos acuden a por aceite o chocolate.

Protestas Manifestantes en 2014. (Carlos Díaz/Flickr)

A la escasez hay que unir la inflación: la de Venezuela es la más alta del mundo y provoca que, en un país que depende de bienes importados, las rentas más bajas tengan serios problemas para acceder a bienes de cualquier tipo. Además, la reciente bajada de los precios del petróleo, lo que debilitó las finanzas locales y la inseguridad (Venezuela es uno de los países más violentos del mundo) dibujan un cuadro poco esperanzador para muchos venezolanos.

Capriles vs. Maduro: round III

Retrocedamos un par de años en el tiempo: en 2015 la Mesa de la Unidad Democrática, una plataforma de diversos partidos unidos bajo la bandera común del anti-chavismo, lograba una clara mayoría parlamentaria en la Asamblea de Venezuela. Se trataba de un hecho histórico porque hacía 17 años de la última victoria opositora.

Fue una suerte de segundo envite tras la ajustada derrota electoral de Henrique Capriles en 2013, incapaz de arrebatar el puesto presidencial a Nicolás Maduro, sucesor de Hugo Chávez al frente del socialismo venezolano y del aparato del estado. La victoria de la oposición en la Asamblea consumó un año de importantes protestas, el inicio de largos y tensos debates entre ambos bandos y un claro desafío al poder de Maduro.

Maduro Nicolás Maduro. (Wikipedia)

Durante el año pasado, la oposición trató sin éxito de convocar un referéndum revocatorio para despojar a Maduro del poder. En el sistema constitucional venezolano, la colección de varios millones de firmas permite convocar un voto que decide el futuro del presidente. Sin embargo, la cercanía de las elecciones presidenciales de 2018 indicaba que, en caso de producirse y tener éxito, para expulsar a Maduro debía celebrarse antes de 2017.

¿Qué sucedió? Primero, que la oposición logró reunir más de un millón de firmas para seguir adelante con el proceso, pese a la impugnación de casi la mitad de ellas por parte del consejo electoral encargado de velar por el revocatorio. Segundo, que en la fase subsiguiente las reglas cambiantes del consejo electoral dejaron en fuera de juego los esfuerzos opositores, desplazando el referéndum más allá de enero de 2017.

Fue una victoria de Maduro: si un revocatorio se celebra este año el poder pasa al vicepresidente, no se convocan nuevas elecciones.

Las protestas de septiembre y las polémicas virales

Aquello sucedió en septiembre. En respuesta a los tejemanejes de Maduro, cuyo gobierno ha sido acusado de dirigirse hacia el autoritarismo y de limitar la separación de poderes en diversos foros, la oposición decidió convocar lo que, en sus palabras, fue la mayor movilización popular de Venezuela en décadas.

Algunas cifras hablan de casi el 3% de la población total del país manifestándose en toda la nación y otras lo reducen a alrededor del millón sólo en Caracas, mientras los partidarios del gobierno afirman que toda foto o cifra es exagerada. Desde entonces, hay una incesante batalla viral y mediática por producir contenido audiovisual que favorezca la versión de cada uno, en un ciclo de contrainformación que a menudo resulta en propaganda.

Por ejemplo, el vídeo de ayer en el que se aprecia a Maduro siendo abucheado por diversos ciudadanos se interpreta como un fake desde los partidarios del gobierno, así como las imágenes exageradas de las protestas en las calles de Caracas, a lo que los críticos con Maduro responden con otros documentos audiovisuales que confirman su versión. La dinámica también ha atrapado a las redes mexicanas, argentinas y muy especialmente españolas.

Lo cierto es que desde septiembre las protestas se intensificaron, lo que ha motivado que la represión del gobierno aumente gradualmente: los actos personales contra Maduro se han saldado con 5 detenidos, mientras que la oposición acusa al gobierno de haber hecho lo propio con otros 300 manifestantes.

El Supremo tomando la Asamblea Nacional

A todo lo anterior hay que sumar el nuevo escenario de batalla entre la oposición y el gobierno: la Asamblea Nacional.

Como hemos visto, en 2015 el órgano legislativo quedó en manos de la oposición, lo que ha motivado un movimiento político de Maduro que busca anular sus prerrogativas y su capacidad de balanza. A finales del mes pasado, la corte suprema de venezuela, Constitución en la mano, declaró en desacato a la Asamblea, anulando sus poderes e inhabilitándola virtualmente. El escándalo nacional e internacional lo definió como "autogolpe".

¿Qué es un autogolpe? Es la palabra elevado a la fama infaustamente por Fujimori en el Perú de 1992, cuando anuló las garantías democráticas y la separación de poderes desde el propio gobierno electo. La situación provocó fuertes presiones internacionales, entre ellas las de países como México, Colombia y Argentina, interesados en sancionar el comportamiento del gobierno de Maduro. La oposición lo definió como el inicio de una dictadura.

A los pocos días, el Supremo revocó parte de lo sentenciado, habilitando de nuevo a la Asamblea Nacional tras el enorme escándalo y tras la intensificación de las protestas violentas contra las fuerzas de seguridad gubernamentales.

Pero aún quedaba la inhabilitación de Capriles

Aquel podría haber sido el punto culminante de la escalada conflictiva entre un bando y otro, hasta que a los pocos días la Contraloría General de Venezuela, un órgano estatal de control gubernamental, inhabilitó a Capriles por 15 años.

El líder de la MUD lo anunció en su propio Twitter. Según la versión del gobierno, la sanción llegaría a Capriles a consecuencia de sus prácticas corruptas como gobernador del estado de Miranda. El último candidato presidencial no habría seguido al pie de la letra la legislación sobre los presupuestos de su estado, incurriendo en negligencia y corrupción, y saltándose la normativa de contratación pública en favor de determinadas empresas.

Para Capriles, la decisión de la Contraloría es otro ejemplo de cómo Maduro reprime a sus opositores políticos por la vía del aparato estatal, y anunció que no cejaría en su empeño de presentarse en las próximas elecciones. Lo cierto es que su inhabilitación descabeza políticamente el movimiento opositor, dado que Capriles, de confirmarse la sentencia, no podría acceder a cargo político alguno hasta que alcanzara los 60 años. Durante los últimos días, el gobierno había acusado a Capriles de incitar la violencia callejera.

El mismo argumento fue el que terminó con el otro gran líder opositor, Leopoldo López, en prisión, en el contexto de las gigantescas movilizaciones callejeras de 2014. López fue acusado de promover un golpe de estado, lo que le valió otra pena de 14 años que actualmente aún cumple en prisión. Con anterioridad, su carrera política se había visto truncada por alegaciones similares a las que han tumbado a Capriles: en 2008 terminó su mandato como alcalde de Caracas y quedó inhabilitado.

El incierto futuro de un país partido en dos

Lejos de quedar resuelto, el futuro político de Venezuela es hoy más incierto que nunca. Pese a que los líderes de la oposición han sido desactivados, la popularidad de Maduro es baja: antes de que el gobierno evitara un revocatorio en 2016, las encuestas señalaban que había una mayoría social en su contra, reafirmando su derrota electoral en 2015. Las numerosas protestas callejeras indican que la situación social venezolana es extrema.

¿Cuánto puede durar la situación, tras tres años de permanentes conflictos callejeros, absoluta degradación económica y una lucha encarnizada entre la oposición y el gobierno por el futuro del país? Por el momento, los intentos de reconciliación llevados a cabo por diversos organismos internacionales o estados extranjeros, como el Vaticano, han resultado infructuosos por el intento de ambas facciones de utilizarlos para reafirmar su agenda.

Quince años después del golpe de estado que casi derroca al chavismo, Venezuela afronta los días más inestables de su historia reciente. Y el resultado a corto plazo, con una posible bancarrota en el horizonte y las calles poniendo barricadas y declarando la guerra al gobierno, puede provocar que el país estalle por los aires.

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