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Por qué Europa echa para atrás una y otra vez las cuentas del gobierno de Sánchez

Por qué Europa echa para atrás una y otra vez las cuentas del gobierno de Sánchez
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Enésimo revés a los presupuestos planteados por el ejecutivo de Pedro Sánchez: la Unión Europea no aceptará el ardid contable sugerido por la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, para cuadrar las cuentas de 2019. Como se explica en El Confidencial, el ministerio deseaba sumar el IVA recaudado en diciembre de 2018 a las previsiones tributarias de 2019. De aquel modo, los presupuestos contarían 13 partidas de IVA (2019 + diciembre de 2018) y no 12.

¿Por qué? El gobierno aspiraba así a sumar alrededor de 4.500 millones de euros a las cuentas públicas. Por más que resulte imaginativo, la idea de Montero no contará con el beneplácito de Bruselas (encargadas de velar por el cumplimiento de los objetivos de déficit): pese a que el IVA de diciembre se recauda en enero, a efectos contables sigue computando en el curso anterior (2018). Es una trampa inválida.

El problema. ¿Pero por qué necesitaba el gobierno un truco semejante? Porque afronta una cuadratura del círculo. Sánchez se ha comprometido con sus aliados parlamentarios a aumentar el gasto social, pero también está obligado a reducir el persistente déficit de la administración (unos 13.000 millones de euros para este año). Es decir, ante la imposibilidad de recortar, debe recaudar más. Mucho más.

Los impuestos. Por ahí se cuelan los dos nuevos impuestos introducidos por el Consejo de Ministros: la Tasa Google y la Tasa Tobin. Hacienda espera una recaudación de alrededor de 2.000 millones de euros (muy optimista). Hay otro problema: al ser nuevos, deben ser tramitados de forma separada por las Cortes. ¿Resultado? Es probable que no entren en vigor hasta finales de 2019 o, directamente, hasta 2020.

Es difícil que el gobierno logre justificarlos en sus previsiones de ingresos frente a Bruselas.

El presupuesto. Es una historia vieja. La UE ya advirtió a Sánchez en noviembre que no creía en sus previsiones presupuestarias. España debería sostener el déficit en torno al 1,3% del PIB: el gobierno eleva la cifra al 1,8%, mientras que Bruselas la dispara al 2,2% (coincide con otros organismos, como Funcas, que la colocan en el 2,1%). El PSOE continúa así la senda disoluta marcada por Rajoy durante sus años de gobierno.

Bruselas teme que España agote el ciclo expansivo sin reducir la deuda. Es el segundo país de la eurozona que más la aumentó el pasado trimestre, y sigue en torno al 95%. No baja, pese al crecimiento del PIB.

Equilibrios políticos. El gobierno requiere de equilibrismos imposibles. Por un lado, debe satisfacer las demandas de sus socios parlamentarios (que exigen más gasto social). Por otro, debe sostener el déficit y controlar la deuda (mandato europeo). Sin demasiado margen para el recorte (ante unas previsibles elecciones a corto plazo), necesita de ingeniería fiscal para aumentar la recaudación (en plena desaceleración).

Todo ello sobre una mayoría exigua y con una oposición en pie de guerra.

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