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¿Qué es la mochila austriaca? Las claves del modelo laboral que estudian PSOE y Ciudadanos

¿Qué es la mochila austriaca? Las claves del modelo laboral que estudian PSOE y Ciudadanos
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La semana pasada el gobierno del PSOE anunciaba una sorprendente medida económica: la incorporación de la "mochila austriaca". Antes de la convocatoria electoral, el ejecutivo tenía entre sus planes la modernización del mercado de trabajo mediante la implantación de un fondo de capitalización individual por despido. El objetivo, a medio plazo, era mejorar la movilidad laboral de los trabajadores españoles.

Pese a que las elecciones pondrán punto y final al proyecto, lo cierto es que es el segundo partido político que incluye esta propuesta en su agenda, por lo que es susceptible de ser aprobada en futuras legislaturas. ¿Pero en qué consiste la mochila austriaca? ¿Qué tiene de bueno y qué tiene de malo? ¿Cómo se financiaría? Vamos a aclarar todas estas dudas.

¿Qué es la mochila austriaca?

La mochila austriaca es, como hemos dicho anteriormente, un fondo de capitalización individual por despido.

Es decir, es algo así como una cuenta individual donde todos los meses se aporta dinero de forma automática y se puede disponer de él en caso de despido. En la actualidad los trabajadores despedidos cobran una indemnización dependiendo de la antigüedad. Pero las empresas no pagan nada de esta indemnización si no despiden al trabajador; las más estrictas lo provisionan por si surgiera la necesidad, pero no es necesario contablemente.

Con una mochila austriaca todos los meses habría que hacer una aportación de dinero en una cuenta de cada trabajador para que, en caso de despido, el trabajador pudiera disponer de este dinero.

Trabajador (Laurent Perren/Unsplash)

La mochila austriaca tiene dos ventajas principales frente a la clásica indemnización por despido: la primera es que el trabajador se lleva este dinero si decide cambiarse de trabajo, con lo que se facilita la movilidad laboral (existen muchos trabajadores que no cambian de trabajo porque perderían su antigüedad y por tanto un elevado coste de despido); la segunda es que si se llega a la jubilación sin haber tocado este fondo de capitalización, se podría disponer de él (ya sea en forma de capital o renta).

¿Por qué se llama mochila austríaca?

El nombre de mochila austriaca es porque el primer país del mundo que lo implementó fue Austria en 2003.

Desde entonces, en Austria se deduce un 1,53% del sueldo del trabajador para dotar el fondo individual. Los trabajadores pueden acceder a él si son despedidos (con un mínimo de antigüedad de seis meses en la empresa, para evitar que los trabajadores fuercen su despido para acceder a los fondos); si han pasado cinco años desde que dejaran voluntariamente su trabajo; o si se jubilan. Si el trabajador fallece sin que se cumplan estos supuestos, el fondo pasa a sus herederos.

El mecanismo ha mejorado la movilidad laboral desde entonces y España lleva mirando este modelo casi una década. De hecho en 2010 se llegó a incluir en la reforma laboral de Zapatero, pero se dejó su implementación para una ley específica posterior. Sin embargo no llegó a implementarse por problemas financieros.

¿Sustituye a la indemnización por despido?

En principio no tiene por qué sustituir la indemnización por despedido.

Lo normal sería que se mantuviera el esquema de indemnización actual, pero con parte financiada por la empresa en el momento del despido y otra parte por la mochila austriaca. Eliminar completamente la indemnización en el momento del despido podría llevar a una excesiva rotación laboral y no es deseable. La seguridad de los trabajadores es positiva para la economía, y desincentivar el despido (siempre que no ponga en riesgo la viabilidad de las empresas) es buena idea.

Limpiadores (Samuel Zeller/Unsplash)

En la reforma laboral de 2010, aunque no llegó a incluir la medida, se rumoreó que la mochila austriaca financiaría 8 días por año trabajado y que el resto (hasta 20 días en caso de despido por causas objetivas o ERE, o 33 días en caso de despido improcedente) correría a cuenta de las empresas, como hasta ahora.

¿Cómo se financia?

La financiación es el mayor inconveniente de la mochila austriaca. Habría dos formas de financiarlo: por un lado que recaiga en el trabajador. Esto implicaría que los trabajadores verían mermados sus ingresos (aunque se verían recompensados en forma de ahorro). En el caso de los 8 días por año comentados anteriormente estaríamos hablando de una nueva retención de la nómina de un 2,2%.

Otra forma es que fuera asumido por las empresas. Esto implicaría un aumento de los costes laborales, aunque por contra en el momento del despido estos serían más bajos (de 20 días se pasaría a 12 y de 33 a 25). Pero no siempre se despide a todo el mundo y esto elevaría los costes laborales de todas las empresas, lo cual no es deseable ya que se estaría desincentivando la contratación.

Cuestiones prácticas de la implementación

Otro asunto importante es dónde va el dinero de la mochila austriaca.

Trabajador 3 (Bench Accounting/Unsplash)

En Austria se creo una figura financiera específica para ello, aunque lo normal es que sea una aseguradora o un banco quien retenga el dinero. Este tipo de fondo es muy similar a un plan de pensiones, ya que acumulan cierta cantidad y solo se puede rescatar en ciertos supuestos. En el caso de implantar este sistema hay que definir si los trabajadores pueden elegir la entidad en la que deposita el dinero o es la empresa, si se puede mover entre entidades y si se puede invertir y de qué forma para obtener una rentabilidad.

Un problema que podría surgir es el mismo que se tiene con los planes de pensiones: normalmente rentan muy poco o negativo debido a que es un dinero cautivo.

¿Podría llegar a aprobarse?

El gran problema es determinar cómo se paga, pero en general hay consenso es que es una buena medida, ya que facilita la movilidad laboral a la vez que reduce los costes del despido sin incentivarlo en exceso. El PSOE en estos momentos quiere implantarlo y Ciudadanos lo lleva de forma habitual en su programa electoral. El PP no parece muy contrario a la idea. Por lo tanto, no debería ser muy difícil llegar a un acuerdo que tenga una mayoría suficiente en el Congreso.

Sin embargo, tenemos el precedente de 2010: la financiación es un escollo importante.

Por un lado los trabajadores no verían bien reducir su nómina. Por otro, una subida de los costes laborales no sería apoyada por las empresas. Existen escenarios intermedios que seguramente no contentarían a ninguna de las partes. El PSOE estudiaba implantar este sistema solo en ciertos sectores (seguramente sectores con mayores sueldos y empleo), pero seguramente sería una mala idea porque se crearía, de nuevo, dualidad en el empleo.

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