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'Lo que el viento se llevó' es una película racista. Aquí van 14 datos para contextualizarlo

'Lo que el viento se llevó' es una película racista. Aquí van 14 datos para contextualizarlo
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Hace unas horas hemos sabido que el canal estadounidense de HBO Max ha decidido retirar de forma temporal de su catálogo Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1939), epopeya fílmica con unos tintes muy literarios (lógicos, como veremos) que narra la historia de una rica heredera de una plantación sureña en medio de la Guerra de Secesión norteamericana.

El motivo para retirarla ha sido el de que la obra “ofrece una visión idealizada de la esclavitud y perpetúa estereotipos racistas”, y la compañía siente que necesita tiempo para poder ofrecer advertencias a lo largo de la proyección sobre el contexto histórico en que se realizó, ochenta años atrás y relatando hechos que ocurrieron en 1861 y años posteriores.

Este anuncio se hace en mitad de las tensiones raciales que se están produciendo en Estados Unidos por la muerte durante la custodia policial de George Floyd. Además de cumplir una reivindicación largamente pedida por varios activistas y críticos cinematográficos tanto blancos como negros, el gesto sirve para que HBO se posicione políticamente a este respecto. También en estos días Paramount Network ha anunciado que dejará de emitir su longevo show policial Cops y BBC, en Reino Unido, retira de su catálogo Little Britain por su retrato burlesco de las clases más pobres británicas.

Aquí van algunos datos que pueden enriquecer la perspectiva sobre qué se cuenta, qué implicó a nivel político en su momento, su importancia para la historia del séptimo arte y la relación del racismo con esta y otras obras relacionadas.

“La biblia norteamericana”: así llegó a describir David O. Selznick, el productor del filme, al novelón escrito por Margaret Mitchell en 1936 en la que se basa la película. Sigue siendo uno de los más reputados libros de la historia de la literatura del país, con reconocimientos que van más allá de sus fronteras. Se llevó el Pulitzer, y más importante aún, se convirtió en un fenómeno de masas en su época. De hecho, ya lo era antes de haberse publicado, puesto que decenas de miles de personas habían reservado el libro en su preventa.

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¿A qué se debió su éxito? La propia escritora, Mitchell, también se sorprendió de su buena fortuna: un editor norteño aceptó un generoso contrato de publicación de una historia que se narraba desde el punto de vista confederado, y después los lectores respondieron con entusiasmo en las librerías.

Pero puede que justo en eso radique la explicación de su popularidad: Lo que el viento se llevó cuenta las aventuras de un puñado de aristócratas del bando que perdió la guerra con un tono nostálgico, describiendo con cariño su mundo de fastuosas fiestas, calurosos porches llenos de magnolias y negros recogiendo el algodón, tal y como la autora los recordaba de su propia infancia. Scarlett O’Hara es la personificación de una visión romántica de unos valores y un modo de vida que, mucho tiempo después de la guerra, seguía representando a la mitad de la población del país. De alguna forma muchos sintieron que la novela les devolvió algo de su gloria y dignidad perdida.

En esencia, que la novela y la película no hablaba tanto sobre cómo era la vida en 1860, sino cómo veían ese pasado muchos ciudadanos norteamericanos en 1939.

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Y los negros eran poco más que paisaje: “todo lo que tenemos [frente a los yankis] es algodón, esclavos y arrogancia” dice el irreverente Rhett Butler en cierto momento del filme presagiando el resultado de una guerra contra el norte. Esa frase es representativa de cómo se mira la cuestión racial a lo largo de novela y película. Aunque hay personajes afroamericanos, como no podía ser de otra manera, la narración no se para a describir cómo era su vida. La obra sólo tiene espacio para el sufrimiento de los blancos derrotados y para el conflicto existencial de O’Hara y los suyos.

Por no ser, no son ni los villanos: tras ser conquistados, la Unión impuso algunas políticas de reparación. Ello dio lugar a la figura del “carpetbagger”, término peyorativo que definía a los hombres, en su mayoría blancos (algunos también eran negros libres, cosa que escandalizaba mucho más a los locales), que acudían al sur para conseguir réditos políticos. La película retrata a uno de esos hombres, un negro vestido con opulencia, denotando que se ha aprovechado de la coyuntura a expensas de las riquezas de los sureños. Él es uno de los pocos personajes negros que aparenta una agencia propia, pero apenas aparece un segundo y el resto de la obra reserva su inquina para con los yankis.

Los propios actores negros no estaban del todo conforme con la obra en su momento: ya por aquel entonces grupos de activistas afroamericanos luchaban por hacerse valer de forma justa en el mundo del espectáculo, un entorno muy difícil dados los escasos papeles, casi siempre duramente estereotipados, que les reservaba el cine. Por eso hay quien le reprochó a Hattie McDaniel, la actriz que interpretaba al ya legendario personaje de Mammy, que aceptase un papel tan claramente racista, la clásica mujer negra rolliza, la esclava feliz que no se cuestiona el rol que ha adquirido en la sociedad y sirve con esmero a su ama. Hay quien reclamó que se boicotease la película.

La opinión en la comunidad no era uniforme, y también había quien creía que este tipo de papeles, aunque bochornosos, podían ayudar a que los afroamericanos fuesen ganando espacio en pantalla, tanto para sí como para otros actores de su etnia, e ir poco a poco luchando por una representación más digna.

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La que nunca más volvería a pasar hambre: McDaniel, de orígenes humildes y complicados, incansable artista que luchó por cada contrato que logró en el mundo del entretenimiento, respondió a las críticas: “prefiero ganar setecientos dólares a la semana por interpretar a una sirvienta que ganar siete dólares por ser una de ellas”.

Como bien es sabido, Lo que el viento se llevó le granjeó a McDaniel el Oscar a actriz secundaria en 1940. Habría que esperar a 1991 para que los académicos le concediesen el más alto premio cinematográfico a otra mujer negra, Whoopi Goldberg.

Conseguir que el equipo de la película la considerase como intérprete tampoco fue un camino de rosas: O. Selznick, el productor, sólo presentó la candidatura después de que McDaniel le insistiese en varias ocasiones al mostrarle la enorme cantidad de comentarios positivos que había provocado su interpretación dentro de las críticas de la película.

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Historia del cine: lo que el viento se llevó fue y sigue siendo, como sabemos, la película más exitosa en taquilla de toda la historia del cine a nivel mundial si ajustamos la inflación. Fue una superproducción de la que se hablaba constantemente en la prensa de la época, provocado también por los múltiples contratiempos y particularidades del rodaje y por la máquina de pulverizar dólares que supuso para O. Selznick y MGM.

De la premiere en Atlanta: si a eso le sumamos que se trataba de la adaptación de un libro que había sido un fenómeno de masas, podemos entender que había una enorme expectación. Muchos ojos había puestos en el preestreno del filme en el Loews Grand Theater de Atlanta el 15 de diciembre de 1939, y una hilera de varios kilómetros de ciudadanos acogieron la llegada del equipo al teatro. La película es, también, lo bastante vieja como para que un puñado de veteranos de guerra del bando confederado pudiesen asistir a aquella ceremonia.

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La lucha contra el flagrante racismo del momento de su estreno: ese era el contexto en el que se filmó y estreno la película, uno en el que la opresión de los negros estaba lejos de haber llegado a su fin. Según las leyes de segregación vigentes en Atlanta, Hattie McDaniel tendría prohibido asistir a su propia película. El actor Clark Gable pidió a MGM que intentasen sortear esta injusta circunstancia, el estudio optó por mantenerse al margen y Gable entonces amenazó con no asistir él mismo si no hacían algo para solucionarlo. La propia McDaniel fue la que le convenció de que asistiese de todas formas. La actriz tuvo que esperar al debut en Hollywood del filme para presentarse ante el público.

También Selznick tuvo que batallar para algo tan sencillo y merecido como que el rostro de McDaniel apareciese entre los de las actrices principales de la obra dentro del programa de mano entregado a los espectadores. Por último, cuando la actriz ganó el Oscar, se tuvo que sentar separada de sus compañeros, al fondo de la sala del Ambassador Hotel de Los Angeles, donde tuvo lugar la ceremonia, por esas mismas leyes racistas.

Otros espectadores del momento también vieron el conflicto: en algunas ciudades, como Chicago, hubo manifestaciones contra el estreno de la película por su retrato racista.

Contada a generaciones y generaciones: cuatro años después de su estreno los cines seguían echándola, por no hablar de las decenas de reestrenos que cíclicamente se hacían de ella. Convertida ya en leyenda de la taquilla, se ganó la categoría de clásico. Por eso mismo, y como cuenta Spike Lee en esta entrevista, niños de todas las décadas han ido a ver la película en excursiones escolares como actividad pedagógica, viendo en pantalla grande y a muy tierna edad ese mundo idílico del sur esclavista en el que los buenos negros son aquellos que no desean la libertad y cumplen las órdenes de sus dueños.

Se trata de un conflicto similar al que llevan tiempo viviendo obras como Matar un ruiseñor o Huckleberry Finn, grandes exponentes de la literatura norteamericana que se han estudiado en las aulas y que han ido viviendo un revisionismo (especialmente la segunda): desde una advertencia sobre el retrato racista que los autores hacían en sus páginas a una censura del término "nigger" y, en última instancia, la retirada de los libros de algunos programas escolares. Ya se lleva hablando de la controversia de la proyección descontextualizada de Lo que el viento se llevó mucho tiempo.

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El reconocimiento cinematográfico: El nacimiento de una nación, dirigida por D.W. Griffith en 1915, es considerado el filme que hizo nacer el arte en su medio, con unos prodigios técnicos como ninguna otra obra había logrado hasta entonces y sentando las bases de buena parte del lenguaje cinematográfico posterior, razón por la que sigue siendo alabada y estudiada en todas las facultades de cine del mundo. Consiguió un éxito en taquilla equiparable al que posteriormente adquiriría Lo que el viento se llevó.

La película es, también, una glorificación del supremacismo blanco hasta el punto que su retrato de la era de la reconstrucción y del Ku Klux Klan hizo que renaciese un movimiento que por aquel entonces parecía extinto (el director respondió a todas estas cuestiones en su siguiente película, Intolerancia). Hay quien se ha planteado la conveniencia que de que se le siga otorgando el mismo nivel de atención mediática a títulos como este, que no necesitan publicidad por ser mundialmente conocidos y estudiados y son instrumentalizados por grupos supremacistas, y si no sería mejor darle más espacio a otros cineastas, como los pioneros del cine afroamericano que ya existían (con muchísimos menos medios) en aquella época.

Será interesante ver cómo se refleja todo este contexto en las advertencias del filme cuando HBO decida volver a incluirla en su catálogo.

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