Quién, cuándo y cómo ha construido vallas en las fronteras de Europa

Quién, cuándo y cómo ha construido vallas en las fronteras de Europa
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Los 166 kilómetros que dividen a Serbia y Hungría son hoy una larga hilera de checkpoints, verjas metálicas, soldados armados y concertinas. El gobierno xenófobo e iliberal de Viktor Orbán ha conseguido, de este modo, levantar un muro físico allí donde el sueño de la Unión Europea, que también produce monstruos, había creído triunfar: las fronteras. La crisis de los refugiados también ha suspendido provisionalmente el espacio Schengen en algunos países. Un fracaso de primer orden.

Sin embargo, ningún estado miembro ha llegado tan lejos como Hungría, que reprime hoy a los refugiados amontonados en el extremo norte de Serbia. Su verja es el inesperado coletazo final de una larga tradición del continente: la construcción de muros fronterizos que prevengan a unas naciones del contacto con otras. La historia está repleta de ejemplos, y los acontecimientos de Hungría nos devuelven a referentes marcados en rojo de la historia de Europa. Veamos cuáles.

Adriano y Antonino: los muros de Britannia

Hablar de muros fronterizos en Europa implica, de forma obligada, remontarse al mayor imperio que ha dominado el continente: el romano. Durante sus siglos de expansión, los romanos construyeron diversos puestos fronterizos fortificados con el objetivo de proteger los límites de sus dominios (limes) de la forma más efectiva posible. Hablamos de tierras habitadas por culturas guerreras y hostiles, en contacto directo con muchos de los pobladores del imperio, pero menos dotados a nivel tecnológico que las fuerzas militares romanas. Un muro alto y robusto se antojaba como una buena solución.

Los dos más célebres son los de la provincia de Britannia, hoy Gran Bretaña. Primero el de Adriano, que está considerado Patrimonio de la Humanidad, y más tarde el de Antonino, también incluido en el listado de la UNESCO

Los dos más célebres son los de la provincia de Britannia, hoy Gran Bretaña. Primero el de Adriano, que está considerado Patrimonio de la Humanidad, y más tarde el de Antonino, también incluido en el listado de la UNESCO. Empecemos por Adriano, emperador romano nacido en Hispania que gobernó entre los años 117 y 138, y su muro, de unos 117 kilómetros de longitud. Comenzaba en el estuario del Tyne (cerca de Newcastle) y moría al oste en el golfo de Solway.

Adriano2 Muro de Adriano.

Su finalidad no sólo era defensiva. Como se apunta aquí, el mantenimiento y la vigilancia constante de una frontera tan larga era económicamente inviable. Pese a que entre otras funciones servía como muro de contención para las tribus pictas que poblaban la actual de Escocia, también establecía un límite más o menos formal del imperio y contribuía a controlar las rutas comerciales que se extendían más allá de la frontera. Sus restos han sobrevivido hasta nuestros días, aunque durante los días finales del imperio fue atravesado por las tribus del norte en numerosas ocasiones.

La fortificación de Antonino era más corta, y cubría el terreno de 63 kilómetros entre el Firth de Forth (una suerte de ría) y el Firth de Clyde

Se puede decir algo aproximado del muro de Antonino, construido por Antonino, hijo adoptivo de Adriano. Su muralla se ha conservado peor, aunque aún es posible visitarla y observarla de primera mano. La fortificación de Antonino era más corta, y cubría el terreno de 63 kilómetros entre el Firth de Forth (una suerte de ría) y el Firth de Clyde. O lo que es lo mismo, entre la actual Glasgow y la actual Edimburgo. Al igual que su homóloga centenares de kilómetros más al sur, tenía finalidades tanto defensivas como logísticas. Contaba con 16 fuertes militares repartidos en la frontera.

No fueron los únicos grandes muros levantados por los romanos para proteger sus conquistas territoriales. Al igual que en el extremo septentrional de Gran Bretaña, el imperio se enfrentaba a problemas parecidos en el este. Terrenos recién conquistados y en progresiva romanización rodeados de tribus germánicas hostiles a Roma. Dada la dificultad para hacer efectivo su poder más allá del Rin, el imperio levantó la Limes Germanicus, una línea de fortificaciones en Germania.

Muro De Antonin Muro de Antonino.

En rigor, el muro lo ofrecía la naturaleza en forma de amplios y anchos ríos que sólo con dificultad podían vadear los germanos más allá del limes. Los romanos se dedicaron a levantar fortificaciones en las márgenes izquierda del Rin y del Meno. Más al sur, sin embargo, a las puertas de la provincia de Recia, el curso de los ríos se desviaba hacia el interior de sus posesiones. La franja de 300 kilómetros que separaba la actual Mainz de Ratisbona debía protegerse sin ayuda del agua.

Al contrario que en Britannia, donde la frontera era más pequeña, la construcción de un muro físico a lo largo de tantos kilómetros era más compleja (y tampoco habría frenado las incursiones germanas en el imperio)

Y fue allí donde los romanos destinaron más recursos y esfuerzos. Al contrario que en Britannia, donde la frontera era más pequeña, la construcción de un muro físico a lo largo de tantos kilómetros era más compleja (y tampoco habría frenado las incursiones germanas). En su defecto, el imperio repartió fuertes que controlaran el movimiento de personas y de comercio en sus fronteras, además de pequeñas zanjas y montículos fronterizos levantados por los propios soldados. A día de hoy aún perviven restos de la Limes Germanicus, y están declarados Patrimonio de la Humanidad.

Las murallas nórdicas medievales

Caído el imperio romano, comenzaron a surgir diversos estados alrededor de toda Europa. Como hemos visto, la construcción de murallas físicas que protegieran la totalidad de una frontera era una tarea económicamente costosa, y logísticamente compleja. Más aún cuando, durante la Edad Media, los estados estaban en plena mutación: perdían y ganaban territorio con el paso de las décadas, y ninguna de las fronteras actuales estaban establecidas de forma firme.

Muro Danes Ilustración de 1864 en la que se muestra el Danevirke.

Precisamente por ello, algunos reinos optaron por fortificar pequeños puntos estratégicos que permitieran poner fin al baile de conquistas territoriales que por aquel entonces definía al continente. Uno de esos reyes fue el danés Godofredo I, a principios del siglo IX, soberano vikingo y pagano de amplios territorios al sur de la península de Jutlandia, en Holstein. Fue aquí donde ordenó construir una larga muralla fortificada que protegiera los confines de su territorio de los, por aquel entonces, poderosos francos, auténtica potencia militar y política de Europa después del Imperio Romano.

Fue en Holstein donde ordenó construir una larga muralla fortificada que protegiera los confines de su territorio de los, por aquel entonces, poderosos francos, auténtica potencia militar y política de Europa

El nombre de la misma, Danevirke. Fue reforzada en los años subsiguientes, aunque abandonada de forma progresiva con el paso de los siglos. Al parecer, la última vez que trató de desempeñar una función militar al uso fue en la guerra que enfrentó en 1864 al Reino de Dinamarca y al Reino de Prusia, durante el incipiente proceso de unificación de Alemania. Entonces, Dinamarca perdería Holstein y Schleswig, y con ellos el muro, que hoy se encuentra en territorio alemán.

Dannevirke

Aunque de menor importancia, otra célebre muralla fronteriza construida en la Edad Media se encuentra también en los países escandinavos. Hablamos de Götavirke, estructura amurallada que rodeaba y protegía a diversas poblaciones nórdicas en la actual provincia de Östergötland, al este de país, de cara al Mar Báltico. El motivo de su construcción no fue otro que la protección que los habitantes de esta región requerían ante el permanente acoso de las tribus bálticas.

Los muros y las líneas contemporáneas

El control de las fronteras con fines defensivos o políticos ha sido una constante a lo largo de la historia. La mayor capacidad logística de los estados modernos hizo que, entrada la modernidad, la tendencia no sólo no se redujera sino que fuera al alza. Tres ejemplos a lo largo del siglo XX lo prueban: la Línea Maginot en Francia, el Muro de Berlín y las líneas de paz en Irlanda del Norte.

La Línea Maginot no se trata de una muralla al uso, sino de un largo sistema de defensas fortificadas repartidas allí donde los límites de su territorio se encontraban con los de Alemania

Empecemos por el caso francés. No se trata de una muralla al uso, sino de un largo sistema de defensas fortificadas repartidas allí donde los límites de su territorio se encontraban con los de Alemania. La Línea Maginot nace del recelo francés a Alemania tras la Primera Guerra Mundial. Durante los cincuenta años anteriores, Francia había visto como el Imperio alemán había invadido su territorio en dos ocasiones: en 1870 y en 1914. Temerosos de un tercer enfrentamiento bélico a corto plazo, Francia decide levantar una serie de fuertes frente a Alemania (e Italia más al sur).

Su vida útil fue corta, por no decir nula. La Línea Maginot se edificó creyendo que, en caso de conflicto, Alemania y Francia se enfrentarían allí donde se cruzaban sus fronteras, entre Lorena y Alsacia, territorios perdidos por los alemanes tras la Primera Guerra Mundial. Cuando estalló el conflicto entre ambos estados en 1940, las tropas nazis repitieron la táctica de la Primera Guerra Mundial: atravesar Bélgica y atacar la capital francesa por el norte. Fruto de la ingeniosa estrategia alemana, la Línea Maginot caducó a los pocos días de comenzar la contienda.

Maginot Una fortificación de Maginot.

Movemos el foco a Alemania. Después de la Segunda Guerra Mundial, el país, derrotado y destrozado, quedó dividido en cuatro sectores. Al noroeste, el británico; al suroeste, más pequeño, el francés; al sureste, el norteamericano; y al noreste, el soviético. Tras el fin de la guerra, las tensiones entre la Unión Soviética y el resto de aliados se incrementarían de forma progresiva. En 1949, nace la República Democrática de Alemania en el antiguo sector soviético. Las autoridades aliadas crean la República Federal Alemana en las tres cuartas partes restantes del país.

En Berlín, las autoridades comunistas amurallaron su sector. Nacía así, a principios de los años '60, uno de los iconos más representativos de la segunda mitad del siglo XX y del poder comunista en Europa del Este

Berlín sufrió un proceso igual pero a menor escala. La ciudad quedó dividida en dos. La intensificación de la Guerra Fría provocó que la frontera física entre la RDA y la RFA fuera progresivamente militarizada, y en ocasiones verjada. En Berlín, las autoridades comunistas amurallaron su sector. Nacía así, a principios de los años '60, uno de los iconos más representativos de la segunda mitad del siglo XX y del poder comunista en Europa del Este: el Muro de Berlín.

Su caída en 1989 representó el fin de la Unión Soviética y de los regímenes comunistas repartidos a lo largo y ancho de Europa del Este. No fue el único muro que dividió ideologías en el continente.

Muro De Berlin Muro de Berlín.

A finales de los sesenta, el complejo identitario y político entrelazado en Irlanda del Norte, seis condados que no se incorporaron a la República de Irlanda tras su independencia en el periodo de entreguerras, estalló. El inicio de The Troubles acarreó atentados, una permanente presencia militar británica en la región, represión, violencia y el encrudecimiento de las relaciones entre los protestantes alineados con la corona británica y los católicos republicanos.

Entre otras muchas medidas para frenar la violencia, Londres decidió construir diversas murallas que separaban barriadas protestantes de católicas

Entre otras muchas medidas, Londres decidió construir diversas murallas que separaban barriadas protestantes de católicas, brecha étnica aún no resuelta a día de hoy y que define a Irlanda del Norte. Aquellas murallas, denominadas "peace lines", tenían como objeto limitar la violencia entre nacionalistas republicanos y unionistas protestantes. Se encontraban diseminadas a lo largo de todo Irlanda del Norte, en regiones urbanas, y su longitud y tipología variaba en función de la zona. A día de hoy continúan en pie, aunque su total retirada está prevista para 2023.

Hungría, Ucrania... y España

Dos acontecimientos han precipitado que, en el presente, España deje de ser la única nación europea que haya construido verjas fronterizas. Por un lado, la crisis de refugiados: como hemos visto, el gobierno de Orbán ha cerrado eventualmente su frontera con Serbia, instalando más de 150 kilómetros de alambrada y verjas. Por otro, la guerra de Ucrania: desde el estallido del conflicto en el Donbass con Rusia y los grupos separatistas, Kiev está levantando un muro en su frontera oriental.

Hungria Refugiados sirios intentando cruzar la frontera húngara.

España, sin embargo, no había requerido de ningún evento extraordinario para contar con sus propios muros en los límites de su territorio. No nos referimos a Portugal y Francia, donde la frontera es de libre circulación, sino a Ceuta y Melilla. En ambas ciudades, altísimos muros separan a Marruecos (y lo que es más importante, a miles de inmigrantes) de ambas ciudades autónomas. Como hemos visto en los últimos años, los muros son en muchas ocasiones franqueados por los migrantes, y suponen formidables obstáculos para su entrada en el país.

Con motivo de la crisis de refugiados, el gobierno de David Cameron ha construido, aunque de forma más discreta que Hungría, una valla que impida a los miles de desplazados en Calais cruzar el Eurotúnel y entrar en el Reino Unido

Del mismo modo y también con objeto de frenar el tránsito de refugiados hacia Gran Bretaña, el gobierno de David Cameron ha construido, aunque de forma más discreta que Hungría, una valla que impida a los miles de desplazados en Calais cruzar el Eurotúnel y entrar en el Reino Unido. Es la cara más amarga de la crisis de refugiados y el triste ejemplo de cómo Europa, tantos siglos después, aún encuentra respuesta a los retos migratorios a los que se enfrenta por la vía de las murallas.

Imagen | Glen Bowman, Bill Hails, Igor D., Zenith1945, mustangjoe, syriafreedom

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