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La relación entre Corea del Norte y Corea del Sur va mejor que nunca: se están regalando perros

La relación entre Corea del Norte y Corea del Sur va mejor que nunca: se están regalando perros
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2018 debería suponer un punto de no retorno en las relaciones entre Corea del Norte y Corea del Sur. Tras el pico de tensión más elevado desde el fin de la guerra, ambos países, impulsados en gran medida por la estrategia de palo y la zanahoria de la Administración Trump, han retomado relaciones. Este mismo mes Moon Jae-in y Kim Jong-Un se han reunido por tercera vez en el último año, en Pyongyang, prueba de la sorprendente sintonía entre ambos líderes.

Las cosas van tan bien, al parecer, que han empezado a regalarse perros.

¿Cómo? En concreto, una simpática raza autóctona de Corea del Norte llamada "pungsan". Similar en aspecto al célebre akita japonés, los pungsan se han empleado durante centurias en las altitudes norcoreanas para la caza y el pastoreo. Son raros, y a menudo objeto de contrabando fronterizo. En honor a las progresivas buenas relaciones entre las dos Coreas, Kim Jong-Un ha decidido entregar dos cachorros de un año a Moon, Songgang y Gomi, para que engrosen su particular colección canina en la Casa Azul (el edificio presidencial de Seúl).

¿Por qué? Es un gesto de buena voluntad, uno afín a los muy escasos y puntuales periodos diplomáticos entre ambos países. Hace dieciocho años, Kim Jong-Il, padre del actual mandatario norcoreano, entregó otros dos pungsan a Kim Dae-jung, por aquel entonces presidente surcoreano. A su vez, Corea del Sur regaló dos jindo (otra raza autóctona de la península) a sus vecinos del norte (fueron bautizados simbólicamente como "Paz" y "Reunificacióm").

Fue un pequeño lapso. Por aquel entonces Corea del Norte amagaba con dejar de lado su programa nuclear. La situación empeoró durante los años posteriores y el deshielo se paralizó (llegando a refriegas militares en la frontera y pruebas nucleares por parte de Pyongyang).

El contexto. El detalle de Kim Jong-Un coincide con la histórica visita de Moon a la capital norcoreana. Esto último no es tan extraordinario como lo que sucedió hace cinco meses cuando Kim, de la mano de Moon (literalmente) saltó sobre la línea fronteriza de la zona desmilitarizada. Jamás en la historia de Corea del Norte el máximo líder comunista había puesto pie en el Sur. La simbólica cumbre alentó un posible tratado de paz (siguen en guerra) y el fin del programa nuclear del Norte.

El futuro. ¿Llegará a buen puerto? Es difícil de decir. Corea del Norte se ha comprometido a eliminar su arsenal nuclear (detonando silos en el camino), pero es un compromiso que ya firmó con las potencias occidentales en el pasado, sin demasiado éxito. El giro de timón de Kim Jong-Un, cuya política exterior siempre se había caracterizado por la agresividad y la bravuconería, podría deberse en gran medida a las duras sanciones económicas de EEUU y al desinterés de China.

Es uno de los relativos éxitos (escasos) del mandato de Trump. Para ello se ha valido de una retórica belicosa hasta lo temerario y de un aislamiento político y económico reforzado en torno a Pyongyang. Para muchos, el devenir de los acontecimientos en Corea está más relacionado con los intereses estratégicos de Kim, cuyo pilar y palanca de negociación base sigue siendo la amenaza real o potencial de un programa nuclear a gran escala. De momento, eso sí, tenemos perritos.

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