Ropa peligrosa para la salud: la última idea de China en su campaña contra Nike, Zara y H&M

Ropa peligrosa para la salud: la última idea de China en su campaña contra Nike, Zara y H&M
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La guerra comercial que se vive en China estos meses ha alcanzado nuevas cotas. Quizás desproporcionadas, casi rozando ya lo inverosímil. Hace unos días comentábamos en Magnet cómo el país asiático no se ha acobardado a la hora de boicotear a las marcas occidentales que allí operan por haber hechos declaraciones en defensa de la población uigur en Xinjiang, sometida a violaciones de los derechos humanos por parte de China.

El último giro deja en evidencia esta voluntad del régimen de desvincularse cada vez más de las empresas occidentales. Y ahora ya no apuntan a su forma de negocio, sino a los productos que venden. Según ellos, son un atentado a la salud.

Productos “peligrosos”. La nueva estrategia de China ha sido acusar a varias marcas de ropa occidentales de vender productos que podrían ser "perjudiciales" para los niños. Un aviso de advertencia en la página web de la administración de aduanas del país enumeró 81 artículos importados por compañías como Nike, H&M y Zara donde se incluía artículos como ropa para niños, zapatos, juguetes, cepillos de dientes y biberones. ¿Resultado? Han confiscado, destruido o devuelto productos que no cumplían con las normas. Unas pautas que sólo el país de Xi Jinping parece imponer.

Entre ellos, nueve lotes de vestidos de algodón para niñas de H&M que contenían "tintes o sustancias nocivas que pueden ser absorbidas por el cuerpo a través de la piel, la boca, etc. y poner en peligro la salud". El mismo problema se planteó para la ropa infantil importada por Zara, las camisetas para niños Nike y los lotes de pijamas de algodón para niños de Gap. La advertencia llegaba justo en la celebración del Día del Niño en China, instando a los clientes a ser cautelosos al comprar productos infantiles importados. Una bofetada más al negocio minorista occidental.

El contexto. No es más que el último golpe contra las marcas de ropa occidentales que operan en China, que son el blanco fácil después de una reacción internacional por las denuncias de abusos en la región algodonera de Xinjiang, hogar del grupo minoritario mayoritariamente musulmán uigur. Varias grandes empresas expresaron hace unos meses su preocupación por las acusaciones de que China ha detenido a uigures en campamentos en la región noroeste de Xinjiang, donde han surgido denuncias de tortura, trabajos forzados y abusos sexuales.

De hecho, a principios de este año, varios países occidentales en un esfuerzo coordinado por la Unión Europea, Reino Unido, Estados Unidos y Canadá impusieron sanciones a China. Pekín, sin embargo, sigue negando las acusaciones de abuso, diciendo que los campamentos son instalaciones de "reeducación" utilizadas para combatir el terrorismo.

Boicot generalizado. La respuesta del país asiático fue contundente. Las tiendas online de algunas empresas han sido bloqueadas y sus tiendas han desaparecido de muchas aplicaciones y buscadores. Aunque inicialmente apuntaron a H&M y Nike, más tarde han incluido otras como Burberry, Adidas o Converse, entre otras. Si bien las tiendas físicas de H&M en China permanecen allí, ya no es posible coger un taxi para llegar a ellas usando una app o buscar sus productos en Internet. Los productos de H&M han desaparecido de los principales e-commerce chinos, como JD.com, Taobao y Pinduoduo, mientras que las celebridades chinas suspendieron sus acuerdos de patrocinio con la empresa sueca.

Lo cierto es que el aviso de aduanas ha recibido un aplauso generalizado en las redes sociales chinas, lo que llevó a numerosos usuarios de Internet a promover nuevamente la compra de marcas nacionales como Li-Ning y Anta en lugar de marcas extranjeras. “Para mí, marcas como Nike, Adidas, H&M y Uniqlo ya no existen”, explicaba un hombre en un reportaje de South China Morning Post.

Un giro proteccionista. Con toda la polémica sobre la mesa, ya se empieza a notar cierto rencor hacia empresas que llevan décadas acaparando el comercio textil en el país. Y es que a medida que aumentan las tensiones entre EEUU y China, Occidente ya no sólo tiene que preocuparse por un boicot a los clientes, sino por la posición que China ocupa como el segundo productor de algodón más grande del mundo. Primero, porque fábricas no les faltan. Y segundo, porque Xinjiang es responsable de aproximadamente el 20% del suministro de algodón en el mercado mundial, según el People's Daily. Los observadores del mercado ya alertan de que el problema repercutirá en un auge de ventas para las marcas nacionales.

Impulso de las marcas nacionales. Tal y como explicábamos en este artículo de Magnet, las marcas chinas han dejado de ser meros copycat para tener penetración internacional, productos propios y buena calidad. Con su creciente influencia internacional y el aumento del poder adquisitivo de la gente se espera que impulsen las ventas de marcas nacionales. Las acciones de Li Ning, por ejemplo, han subido más de un 10% durante las últimas semanas. También Heilan, Septwolves y Xinjiang Sayram Modern aumentaron el precio de sus acciones entre un 5% y un 10%, según Sina Finance. Sin duda, los ganadores de esta guerra de nunca acabar son las marcas nacionales chinas. Y es cuestión de tiempo que las occidentales empiecen a decir adiós al mercado que de nuevo les ha dado la puntilla.

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