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Theresa May tiene un acuerdo sobre el Brexit. Uno que nadie parece querer en Reino Unido

Theresa May tiene un acuerdo sobre el Brexit. Uno que nadie parece querer en Reino Unido
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La noticia saltaba ayer por la tarde: la Unión Europea y el Reino Unido habrían llegado a un principio de acuerdo sobre la síntesis final del Brexit. Por el momento ni Westminster ni la Comisión Europea han concretado o confirmado los detalles de la negociación, pero diversos medios de comunicación europeos, irlandeses y británicos ya los han desvelado. Hoy mismo Theresa May convoca a sus ministros para saber si cuenta con su apoyo.

Es la encrucijada definitiva de la primera ministra. La apuesta por el todo y la nada.

¿Qué dice el acuerdo? A priori, solventa la cuestión crucial: Irlanda del Norte. En el Acuerdo de Transición, ambas partes acordaron entablar un mecanismo que previniera una frontera dura entre Irlanda e Irlanda del Norte. Hasta que se acordara, la Unión Europea exigió que Irlanda del Norte permaneciera en la unión aduanera y en el mercado único. Es la cláusula "backstop", el principal quebradero de cabeza de May desde entonces.

El acuerdo filtrado ayer constituye una cesión por parte de Reino Unido. Se evita uno de sus dos principales temores: dibujar una frontera virtual sobre el Mar del Norte que aísle a Irlanda del Norte del resto del país. Pero incurre en otro casi anatema para los brexiteers: mantiene al Reino Unido, en su conjunto, en la unión aduanera. Y lo que es peor: le impediría retirarse de la misma hasta que no hubiera un tratado comercial firme.

¿Qué implica? En gran medida, limita la libertad del Reino Unido a la hora de determinar su política comercial local e internacional. La UE exige un "level playing field", es decir, una equidad de condiciones entre Irlanda del Norte y el resto del país, todos ellos bajo el abrigo de la unión aduanera de forma indefinida. Parte de las tarifas y los aranceles negociados por la UE para el mercado único afectarían también al Reino Unido.

Sin embargo, Londres no podría influir en las políticas comerciales de la UE. Es la pesadilla de los partidarios del Leave. Boris Johnson lo ha definido como una situación de "estado vasallo". El Evening Standard ha sido aún más directo.

¿Por qué firma May? Por la urgencia. May había repetido por activa y por pasiva que un "no deal" era mejor que un "bad deal". A la hora de la verdad, era mentira: Reino Unido no tenía cartas que jugar frente a Bruselas. Hasta que la UE y el Reino Unido negocien un tratado bilateral y solucionen Irlanda del Norte, May necesita algo mejor que La Nada. Desde un punto de vista transitorio, el acuerdo podría tener sentido.

El problema, y esto es algo subrayado tanto por políticos conservadores británicos como por medios como Politico, es que si el Reino Unido accede a estas condiciones la Unión Europea no tendrá incentivos para negociar un futuro pacto comercial. La cláusula "backstop", si Londres pierde la posibilidad de renunciar a ella unilateralmente, es cómoda para Bruselas como acuerdo permanente. No temporal. De ahí la alarma brexiteer.

¿Habrá rebelión? El acuerdo de May no convence a nadie. La DUP, los unionistas norirlandeses, ya han anunciado que no lo apoyarán. Tampoco el ala dura de los tories. El Partido Laborista ha titubeado y no tiene incentivos para salvar su cabeza. El SNP escocés tampoco está contento: quiere para sí lo mismo que para Irlanda del Norte. May ha logrado lo imposible: que leavers y remainers (reclamando un nuevo voto) se pongan de acuerdo en algo.

Ahora mismo, es incierto si May sostendrá a la totalidad de su gobierno. De lograrlo, y de aprobarlo en el parlamento (cosa harto improbable), el culebrón del Brexit llegaría a su fin. Es difícil, y el acuerdo podría costarle la dimisión, una rebelión interna o unas elecciones. En todos los casos, ya no queda tiempo para más: el "no deal" sería más probable. Para May, de las próximas horas depende su futuro político.

Imagen: Virginia Mayo/AP

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