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Le tocó El Gordo en antena, se despidió de su trabajo... Y luego resultó que no le había tocado

Le tocó El Gordo en antena, se despidió de su trabajo... Y luego resultó que no le había tocado
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Una escena cautivó a millones de españoles durante la mañana del domingo, en plena celebración del Sorteo Extraordinario de Navidad. Natalia Escudero, reportera de Televisión Española, descubrió que había ganado El Gordo en directo. Escudero había acudido a una sucursal premiada para cubrir la buena nueva, pero en su lugar se sumó a las celebraciones. "Cuarenta décimos y uno es mío", exclamó sobre el micrófono. "¡Mañana no voy. No trabajo mañana!".

La historia, evidentemente, se hizo viral. A la hora de comer las imágenes de una Escudero incrédula frente a las cámaras se había difundido por todos los grupos de WhatsApp de España. La periodista daba botes de alegría mientras cuestionaba al resto de afortunados, envalentonada, presa de la euforia natural al premio de Lotería, mientras insistía, medio broma medio en serio, que aquel era su último día en el trabajo.

Lo que sucedió pocas horas después tuvo menos recorrido en redes sociales y medios de comunicación. Escudero, en realidad, no había ganado El Gordo, uno de los premios más abultados de cuantos se reparten en Europa. Suyo no era ninguno de los cuarenta décimos premiados, a razón de 400.000€ el número, sino una pequeña participación. Sus saltos de alegría, su despido voluntario, su euforia. Nada de eso era real.

Como se explica en esta tribuna de La Información, Escudero apareció de nuevo en antena, horas más tarde, para aclarar lo sucedido. Se "había venido arriba" por la consecución de lo que ella misma definió como "un pellizquito", y que la celebración y la exaltación venía motivada por la convivencia con "toda esa gente" premiada. Para entonces, sin embargo, la historia era ya imparable. Y ella no la cubría, sino que la protagonizaba.

Basilio Buena Basilio no era el protagonista del día.

Menos recorrido tuvo su pequeño hilo aclaratorio a las cinco de la tarde. "Sirva este tweet para primero pedir disculpas a cualquier espectador que hoy se haya sentido engañado por una servidora, al afirmar en directo que me había tocado El Gordo", explicó. "Los últimos meses están siendo difíciles para mí por motivos personales, y por primera vez la diosa fortuna me había sonreído con un pellizco. Me he contagiado de la alegría del resto de agraciados, pero no he mentido".

La intervención concluía con una reivindicación de su labor y profesionalidad: "En mis veinticinco años de carrera como periodista siempre he ido con la cabeza bien alta y la conciencia tranquila por mi riguroso y contrastado trabajo. Es triste que Natalia Escudero sea hoy la periodista manipuladora y mentirosa de RTVE".

Es fácil mentir. Más difícil es desmentir

Pero sus palabras apenas granjearon la atención de la comunidad, mucho menos de la extensa audiencia de Televisión Española donde sí había relatado un premio, El Gordo, que no le había tocado. La historia no trascendió más allá de la anécdota hasta que esta mañana ha llegado al resto de medios de comunicación. Miles de españoles que vieron aquel programa, probablemente, sigan pensando que Natalia Escudero es una periodista muy afortunada.

Dos ejemplos: mientras el tuit de TVE donde Escudero celebraba efusivamente su premio aglutina ahora mismo más de 14.000 retuits, el vídeo de RTVE subido el mismo día donde reconoce haber obtenido un "pellizquito" apenas supera los 60. Todo ello sin contar las numerosas cuentas que difundieron el fragmento subido por TVE y que también se difundieron por miles.

Es algo que casa bien con otras dinámicas virales y con la difusión de noticias falsas, tan comentadas y discutidas tras el triunfo del Brexit y la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Sabemos que las fake news, o la post-verdad, siempre tienen más penetración en la esfera pública que su desmentido. Por lógica emocional. La euforia de una reportera frente a la suerte de su vida es más dramático y televisable que el frío jarro de agua fría posterior.

Si acaso, el peculiar auge y ocaso de Natalia Escudero sirve como recordatorio de lo caprichoso de las noticias falsas y los bulos en la era de las redes sociales y la viralización del contenido. Lo que permea y lo que realmente se difunde no siempre está relacionado con la verdad, sino con los intereses de la audiencia, con su confirmación de sesgos, con su percepción de la verdad. El vídeo de Escudero se hizo viral porque todos hemos soñado alguna vez con ganar El Gordo.

Ninguno hemos soñado con perderlo poco después.

Como vimos en su momento, la proliferación de medios de comunicación dedicados a desmentir y a perseguir las noticias falsas, como Maldita o Newtral, no ha servido para detener o matizar el torrente de informaciones sesgadas o datos incorrectos. Porque los humanos no utilizamos los datos como una brújula perfecta para diferenciar lo correcto de lo incorrecto, sino que los adaptamos, retorcemos y moldeamos para que encajen con nuestra forma de ver el mundo.

De ahí que, en ocasiones, desmentir un bulo implique reafirmar en sus ideas a sus receptores. O que Natalia Escudero vaya a pasar a la historia como la presentadora que ganó El Gordo en directo, y no tanto como aquella que tuvo que desdecirse pocas horas después también en antena.

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