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Los quizá no tan alocados planes de Stephen Hawking para solucionar el cambio climático: mudarnos a la luna ya

Los quizá no tan alocados planes de Stephen Hawking para solucionar el cambio climático: mudarnos a la luna ya
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Pantanos sin agua, cosechas inservibles, días y noches asfixiantes, inviernos extremos, cambios en los ciclos naturales, barreras de coral destrozadas por la acidez y mares que son sopas de medusas. Se te estropea el ventilador y en los establecimientos largas colas de personas preguntan ante estantes con el cartel de "agotado". E irá a peor. Los estragos del calentamiento global nos asfixiarán a nosotros y a todo lo que nos rodea, y el teórico británico Stephen Hawking nos avisa a nosotros, los causantes, los países desarrollados.

En 2016, Hawking predijo que a la humanidad le quedaban 900 años en la Tierra; este pasado mes de mayo rebajó esa cifra a 100, y sus nuevas estimaciones presentan un futuro bastante apocalíptico: la humanidad tiene que dejar la Tierra. "Estamos al principio de una nueva era espacial". No hay futuro para nuestra especie. La declaración de Hawking llega casi 48 años desde la última misión lunar de la NASA. ¿Qué ha pasado desde entonces?

¿Qué le pasa a Hawking?

En una charla en el Festival Starmus en Trondheim, Noruega, Hawking reiteró que debemos ir donde no hemos ido antes si queremos seguir existiendo. En concreto, dijo que debemos volver a la Luna para 2020 y trabajar para construir una base lunar en los próximos 30 años. Se trata de proyectos que podrían servir como catapulta para ayudarnos a llegar a Marte en 2025 y de paso, unir a todas las naciones en un solo objetivo: expandirnos y explorar otros sistemas solares.

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Comparte su visión, en parte, con el CEO de Tesla y SpaceX, Elon Musk, que ya tiene planes para mandar al hombre a la luna en 2025 y establecer una colonia en 2033. En parte porque para las agencias espaciales privadas, la Luna parece ser más de una atracción turística que un hogar para el ser humano.

"Un nuevo y ambicioso programa espacial animaría (a los jóvenes) y estimularía el interés en otras áreas, como la astrofísica y la cosmología", afirmó Hawking. "Estamos quedándonos sin espacio y los únicos espacios a los que podemos ir son otros mundos", sentenció el físico teórico de la Universidad de Cambridge.

Carrera espacial en el siglo XXI

La declaración de Hawking llega casi 48 años desde la última misión lunar de la NASA, y no es el único que tiene en mente la colonización de otros planetas. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quiere poner un ser humano en la Luna en 2020 y "hacer América grande otra vez en el espacio". Los planes de varios países, tanto de las agencias espaciales gubernamentales, así como las privadas, ya se encuentran manos a la obra. La misión de la NASA a Marte, por ejemplo, señala que la creación de una estación lunar orbital sería un paso clave para una futura misión al planeta rojo.

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Otras naciones también están trabajando hacia el mismo objetivo: China y Europa también esperan llegar a la Luna en 2020. Es un eco de la carrera espacial durante la Guerra Fría, solo que ahora, hay más naciones en juego y los principios han cambiado sustancialmente.

Y no solo eso, la recompensa en la carrera espacial del siglo XXI no es tanto el prestigio como las ventajas en las estrategias de defensa y el acceso a recursos naturales que comienzan a escasear.

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Pero, ¿cómo sería vivir en la Luna? La evidencia nos dice que la Luna está llena de recursos. Se ha encontrado hielo en los polos lunares y áreas expuestas constantemente a la luz del día, lugares que pueden ofrecer los recursos necesarios para la construcción y el sostenimiento de los astronautas.

Las principales amenazas para cualquier base lunar son la radiación solar y cósmica, los meteoritos y las temperaturas extremas. Pero se ha descubierto que dentro del satélite terrenal existe una red de cavernas que podrían proporcionar refugio a bases lunares de humanos y que permitirían evitar los peligros asociados a la superficie, como las lluvias de meteoros y la radiación. La evidencia sugiere que la Luna podría ser una rica fuente de agua congelada, metales raros y un raro isótopo de helio.

Lo que nos enseñó la Guerra Fría

El debate sobre la viabilidad de las operaciones espaciales es paralelo al que hubo entre 1958 y 1962. El argumento durante la Guerra Fría supuso la misma preocupación por el coste y la rentabilidad que vemos hoy en día. Hay, sin embargo, una diferencia clave entre entonces y ahora: el coste de la apatía costaría hoy no sólo prestigio, sino también los recursos y las oportunidades estratégicas de Estados Unidos.

Grafico Nasa Crédito: NASA.

¿Por qué hemos tardado tanto en volver a plantearnos seriamente volver a la Luna? Uno de los principales motivos parece haber sido el brutal cambio que hemos provocado en la climatología; somos tan egoístas que en vez de tratar de revertir lo que hemos hecho, nos llevamos las manos a la cabeza al pensar a dónde iremos cuando no quede nada. Sin embargo, la Guerra Fría nos deja una importante pista: dos superpotencias cuya primera prioridad era demostrar su superioridad estratégica. Poner al hombre en la Luna y devolverlo sano y salvo a la Tierra era sinónimo de respeto y admiración, y se puso toda la carne en el asador.

El proyecto Apolo fue impulsado durante la Guerra Fría, cuando el presidente estadounidense John F. Kennedy decidió que Estados Unidos no perdería la carrera espacial contra la Unión Soviética. Fue una batalla de ambición y de innovación, con más de 26.000 personas involucradas en el proyecto en su apogeo en 1969.

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Cuando Neil Armstrong dijo "el águila ha aterrizado", se ganó la batalla, el interés público se desvaneció y los tres lanzamientos finales del Apolo fueron desechados para ahorrar dinero.

El 28 de enero de 1986, un fallo en el Challenger provocó que el transbordador explotara, matando a los siete astronautas a bordo. Y el 1 de febrero de 2003, el Columbia se desintegró, ya que volvió a entrar en la atmósfera. Siete astronautas más perdieron la vida. Después de cada desastre, el proyecto fue pospuesto durante más de dos años, mientras los ingenieros y los técnicos trataron de averiguar qué salió mal.

¿Qué ocurre hoy? Las operaciones en el espacio son más rutinarias y la competencia entre Estados es más difusa. Aunque, en general sigue siendo importante en la política internacional, el prestigio sólo desempeña un pequeño papel en la dinámica internacional actual.

Hawking y Obama

Ahora son las empresas privadas las que quieren convertir el espacio en un negocio mil millonario, al que solo los más poderosos pueden acceder. Encontramos un claro ejemplo en SpaceX, que en febrero de 2017 abrió un nuevo capítulo en el vuelo espacial al convertirse en la primera empresa privada en lanzar desde el Centro Espacial Kennedy. Comienza la era del turismo espacial.

La competencia hoy en día en la carrera espacial del siglo XXI se basa en oportunidades económicas y políticas, y no en un tema de seguridad nacional o vital para mantener es estatus de un país. La conquista del espacio parece haber quedado relegada a la gran pantalla, a medida que las oportunidades de supervivencia de la raza humana se van reduciendo.

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