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El Superlópez más famoso hace tiempo que no existe: cómo Jan lo transformó de parodia a aventura
Ídolos de hoy y siempre

El Superlópez más famoso hace tiempo que no existe: cómo Jan lo transformó de parodia a aventura

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Cualquier fan de largo recorrido de Superlópez al que preguntes (es decir, a los que ya rondan los cuarenta años) va a coincidir en un aspecto sobre la evolución del personaje. Esta histórica creación de Jan nacida en 1973, y uno de los escasísimos clásicos de la mítica Editorial Bruguera que siguen en activo (y el único, junto a 'Mortadelo y Filemón', que lo ha hecho de forma casi continua), no es lo que era.

Dependiendo del talante de cada cual, luego apostillarán que pese a todo las aventuras del personaje en los últimos años (o décadas) no están nada mal, e incluso habrá división de opiniones en lo que respecta a la película protagonizada por Dani Rovira.

Pero lo cierto es que el personaje era en sus orígenes muy distinto a lo que es hoy, y en esa diferencia están, posiblemente, lo que podríamos llamar "Mis problemas con Superlópez", compartidos por cientos de fans del personaje. Para entender su raíz probablemente hay que remontarse a los orígenes de Superlópez, cuando era esencialmente una parodia de Superman.

Superlópez nació como un encargo que Jan recibió en 1973 para la editorial Euredit, para una colección que parodiaba a personajes relevantes del cómic, el cine y la literatura. Jan tuvo que dibujar 48 viñetas mudas, con lo que desarrolló un ingenioso sistema de comunicación entre los personajes a base de bocadillos con expresiones dibujadas. Aunque aún no dominaba del todo las posibilidades de su estilo de dibujo, logró volver a su favor la narrativa muda, y el resultado es una parodia que apenas toma en cuenta a su referente.

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En este Superlópez primigenio (que ya tiene un traje y un físico muy similar al Superlópez definitivo), la parodia no pretende poner en solfa el lenguaje superheroico, sino usarlo como punto de partida para la historia de humor, a veces con el delirio surrealista que propicia el humor mudo, a veces algo más costumbrista gracias al trasfondo del personaje. Sin duda sus hallazgos más brillantes son los de humor más blanco y fantasioso, propiciado a veces por las fantasías de un López que se cree su referente norteamericano.

Superlópez como personaje brugueriano

En 1974 Superlópez entró en Bruguera y durante un año recuperó a su Superlópez de Euredit a instancias de Rafael González, el director artístico de la editorial. El personaje se adaptó a los tebeos Bruguera de la época: historias autoconclusivas de una o dos páginas, atiborradas de viñetas y texto y con ese estilo entre costumbrista y de trompazos constantes de la editorial. Aquí López está casado con la típica señora con rulos y rodillo que se cabrea cuando el héroe le trae el uniforme sucio. Lo cotidiano se acentuó al máximo, con enredos domésticos y personajes tópicos y esquemáticos.

El propio Jan la considera la peor etapa de Superlópez y no es para menos: es indistinguible, gráfica y argumentalmente, de tantos personajes de la editorial en esa época. Las restricciones de espacio y las imposiciones visuales no permitían a Jan experimentar como ya haría con personajes como Pulgarcito, en las primeras aventuras largas de Superlópez o ya, con total libertad, con los álbums del antihéroe desde finales de los ochenta. No solo eso, sino que debido a su hartazgo, los guiones empezaron a caer en manos de gente como Conti o Francisco Pérez Navarro, con cuyas ideas Jan quedaba especialmente satisfecho.

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Pérez-Navarro, que firmaba entonces como Efepé, era un profundo conocedor del mundo de los superhéroes y lo demostró en los álbums que supusieron el debut del personaje en formato más largo. Primero en historias de ocho páginas autoconclusivas y que suponen la huida del costumbrismo blanco de las primeras historias mudas y una inmersión en la mitología superheroica: el origen del héroe es una clara parodia directa de Superman, como un alienígena que aterriza accidentalmente en la Tierra tras huir de un planeta condenado a la extinción.

Y la estructura de muchas de estas primeras historias se basa en el enfrentamiento con villanos de poderes ridículos (un robot gigante con piezas de chicle, un supercalvo que usa su cabeza para enviar haces de luz potentísimos), pero de claras referencias superheroicas (la Maza en clara referencia a La Masa / Hulk)

En estas primeras historias comienzan a aparecer personajes que ya no se separarán del héroe, como Luisa y Jaime, el jefe o el general Sintacha. El equilibrio entre una sátira más ácida que la primera (la identidad secreta de López como un español prototípico, devoto del escaqueo laboral, no se separará de él durante años) y la parodia directa del referente del cómic estadounidense implícito en su aspecto, poderes y origen aún no está del todo equilibrado, ya que las debilidades temáticas de Efepe están claras.

No obstante, todo lo que cristalizará en las mejores historias de Superlópez ya está aqui: un trazo de Jan mucho más sofisticado y expresivo que el de las primeras historias para Bruguera y una narrativa frenética que hace que se den la mano de forma natural humor y aventura.

La cima del humor del equipo formado por Efepé y Jan se dio en los dos memorables álbums que dieron pie a la creación de unos Vengadores a la altura de Superlópez: 'El supergrupo' y '¡Todos contra uno, uno contra todos!'. En ellos, acompañaban al héroe parodias visuales y de comportamiento de héroes muy específicos: El Capitán Hispania (del Capitán América), El Bruto (de la Cosa y Hulk), La Chica Increíble (de varias heroínas Marvel), Latas (de Visión y Iron Man) y El Mago (del Dr. Strange).

La parodia se sofistica y tenemos ante nosotros a un genuíno cómic de superhéroes, pero con humor, que en sus dinámicas de resolverlo todo a bofetadas o pelear constantemente por quién es el jefe del grupo imitan las dinámicas de poder de los equipos Marvel.

De hecho, esa alquimia que se daba en los primeros álbums del grupo y que luego se perdió parcialmente queda especialmente clara con la reciente reunión del dúo de artistas para tres álbums más del Supergrupo: 'El Supergrupo y la guerra de las latas' (2014), 'El Supergrupo contra los demoledores' (2015) y 'El Supergrupo contra los ejecutivos' (2016). Los personajes y las situaciones son similares (aunque la crítica social para todos los públicos propia del Jan de los últimos años es más patente), la madurez gráfica del dibujante es indiscutible... pero falta algo.

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Quizás el equilibrio entre parodia superheroica y costumbrismo bruto, quizás el dinamismo más árido y violento de los primeros comics, quizás un grafismo menos perfecto pero también menos dulce. Son tres álbums muy competentes, pero algo se ha perdido por el camino.

La siguiente etapa de Superlópez es sin duda la más brillante del personaje y donde se acumulan todas sus obras maestras. Jan, cansado de la parodia superheroica pura, y después de un choque con Efepé por unos retrasos, decide volver a trabajar solo. Superlópez amplía así su catálogo de referencias pop y acentúa su componente de crítica social ácida.

Así, 'Los alienígenas' es un refrito del tropo de los extraterrestres que nos suplantan a lo 'La invasión de los ultracuerpos', pero también un comentario sobre la alienación social. 'El Señor De Los Chupetes' hace clara referencia a 'El señor de los anillos', pero también critica los pequeños vicios que nos atan a una existencia monótona. O su gran obra maestra, 'Los cabecicubos', una distopía mutante al estilo de la ciencia-ficción clásica, que aprovecha para poner en solfa esas dictauras unipersonales y militaroides tan nuestras.

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Se trata de una etapa absolutamente brillante en lo gráfico, que alcanza cierta cima en obras como 'La gran superproducción' o 'La caja de Pandora', que mantienen un equilibrio soberbio entre cierta agresividad derivada de una violencia menos elástica y cartoon que otros tebeos Bruguera como los de Mortadelo, pero denotan también la habilidad de Jan para el trazo satírico. Pero además, son comics muy divertidos, capaces de enviar mensajes críticos de considerable complejidad, arremetiendo contra las convenciones sociales, la industria del espectáculo o las ansias de poder del ciudadano de a pie sin que la ración de trompazos y gags descienda.

Un Superlópez más aventurero

Y esa es la base de mis problemas con Superlópez.

A partir de este punto, coincidiendo con la compra de Bruguera en 1987 por parte de Ediciones B (y tras un lapso de tiempo en el que Jan estuvo dedicándose a la animación en la serie 'Mofli, el último koala') se inicia una etapa que ya dura más de tres décadas y que apenas ha experimentado cambios. La aventura ligera se convierte en la nueva reina de la función, con una sátira ya muy blanca y abierta y que aparece desde el mismo núcleo de la trama, o directamente está ausente. De hecho, abundan los guiños a los clásicos del género de aventuras, como sucede con el álbum que inaugura esta tendencia, 'Al centro de la Tierra'.

Puede parecer exagerado decir que en treinta años Superlópez no solo no ha evolucionado demasiado, sino que además no ha superado aquellos últimos tiempos de Bruguera, pero lo cierto es que aunque hemos disfrutado de algunas aventuras memorables y el trazo de Jan, como es lógico, se ha ido sofisticando con el tiempo, alcanzando en los últimos años una confortable estabilidad, le falta algo de la aspereza de aquellas últimas aventuras para Bruguera.

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Los personajes se estilizan y adquieren cierta plasticidad, y las necesidades editoriales nos permiten, de hecho, dividir esta etapa a su vez en en dos: hasta 2001, cuando Jan experimenta más con la composición de página, permitiéndose abandonar la estructura de cuatro filas de viñetas; y desde ese año, momento en el que Ediciones B reduce los álbums de 64 a 46, obligando a cierta concisión narrativa y a páginas más ordenadas que en mi opinión dan más ritmo a las aventuras, ya que permiten a Jan menos lucimiento gráfico.

¿Es todo desechable en esta época? Ni remotamente: estamos hablando de nada menos que 70 albums hasta la fecha, y entre ellos hay altibajos de todo tipo, muchos de ellos posiblemente coincidiendo con los inevitables vaivenes personales de Jan, cuyos viajes, inquietudes y perspectivas de la vida se plasman en las aventuras de Superlópez con mucha más transparencia de lo que hace la vida de Ibáñez en las algo más robóticas aventuras de Mortadelo.

Por ejemplo, de esa fase previa a 2001, con aventuras más largas y más libertad gráfica, es destacable el mencionado 'Viaje al centro de la Tierra' por su increíble coloreado manual y 'Los petisos carambanales' por su memorable experimentación con la narrativa interactiva.

Saltamos a mucho más tarde, en 1993, 'La aventura está en la esquina', donde Jan empieza a salir de una aburrida fase "turística" donde Superlópez no paraba de viajar, y donde vuelve momentáneamente a un agradecido formato de aventuras breves de ocho páginas. 'Tyrannosaurus Sect' tiene unas increíbles ilustraciones de dinosaurios en una sátira de las sectas destructivas (con chanzas a costa de Parque Jurásico). El soberbio 'El infierno' es una trotona versión de 'La divina comedia' que a los más veteranos les recordará a 'La caja de Pandora' por la abundancia de criaturas mitológicas.

Y, en fin, está la salvaje crítica antibélica de 'Las minas del rey Soplomón', que se atreve incluso a reflejar los devastadores efectos de las minas antipersona.

Elinfierno

Hay algún otro destacado de la mencionada etapa última del héroe, con álbums más breves y una narrativa más concisa (y coloreados por ordenador, abandonando Jan de forma definitiva el coloreado manual con el que visualmente había salvado hasta la fase del personaje en el que recorrió toda Cataluña y parte del extranjero). Destaquemos 'El gran botellón', que en contra de lo que pudiera parecer no es una crítica a los vicios juveniles, sino una nada sermoneante reivindicación de un ocio juvenil seguro y diferenciado del de los adultos.

O 'Gritad, gritad, malditos' y su asombrosa integración de iconos del punk (también españoles) en una especie de semblanza de Malcolm McLaren. O la exquisita ambientación histórica, a tiempo para el aniversario de Van Gogh, de 'La Casa Amarilla'. O las referencias bibliográficas culteranas (pero a la vez accesibles) de la borgiana 'La biblioteca inexistente'.

Mis problemas no eran para tanto

Es complicado juzgar una trayectoria tan dilatada como la de Superlópez, sobre todo cuando en determinado momento de la historia marcó a una generación de lectores (y, en parte, el devenir de una editorial histórica) y, sobre todo, impone respeto hacerlo a la ligera.

Con setenta álbums en su haber, los considerados clásicos del personaje apenas suman una decena. Descartar nada menos que sesenta volúmenes publicados a lo largo de tres décadas de forma ininterrumpida se me antoja algo irresponsable, y sobre todo, me alinea con un tipo de fan que me parece despreciable: el que se pone por encima de su autor. Porque el Superlópez de las últimas décadas es, por encima de todo, una obra de autor.

En sus primeras historias creo detectar una frescura de un Jan más atrevido, quizás por las restricciones de espacio y formato, y más crítico. Aunque siempre ha introducido comentarios sobre lo que le rodea y preocupa en Superlópez (especialmente en las dos últimas décadas), en la actualidad no ha alcanzado ese equilibrio perfecto entre la parodia (no necesariamente superheroica: ahí está la contundente sátira de la industria del cine de 'La gran superproducción'), aventura y costumbrismo de sus primeras aventuras, aunque con distintas dosis siempre han sido ingredientes imprescindibles del personaje.

Quizás la puerta que se abrió con 'Al centro de la Tierra', salir de la ciudad, visitar espacios reales, proteger al débil y a la justicia, es decir, convertir a Superlópez (por mucho que a Jan le repugne la idea) en un superhéroe de verdad, es lo que le hiciera perder algo de energía.

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Pero lo cierto es que el personaje tiene una identidad definida, y unas intenciones claras. La aventura por encima del sarcasmo, la honestidad por encima de la ironía y, a menudo, el mensaje por encima del medio. Es una mutación de Superlópez menos cáustica, pero que en cualquier caso está bien asentada: tan asentada que en los últimos álbums del Supergrupo, ya en su última etapa, es la parodia la que se pliega al "nuevo" Superlópez, y no a la inversa.

Esta última fase de Superlópez no por ser inferior a la que nos dio maravillas como 'La semana más larga' deja de ser notable, y aunque no siempre toca la magia de sus orígenes, es cierto que hay un aspecto de la carrera del héroe que resulta indiscutible. Después de más de cuatro décadas en manos de Jan, el superhéroe español por excelencia se ha ganado el derecho a tener la identidad secreta que le dé la gana.

Las 5 mejores historias del Superlópez paródico

  • 'El Supergrupo': Tras unas breves y estupendas historias de origen, llegan los dos álbums más paródicos de Superlópez. El primero presenta al grupo de terribles héroes que conforman los Vengadores peninsulares en cuyo universo se plantea una realidad poblada de superhéroes, algo que no se cultivó más allá de este arranque. Disponible en el Superhumor Superlópez 1.

  • 'La Semana Más Larga': Una aventura muy cotidiana, quizás el reverso de las más llamativas aventuras del Supergrupo, y que presenta a la eterna némesis del héroe, el profesor Escariano Avieso. Pudo haber sido una película que nunca llegó a rodarse.

  • 'Los Cabecicubos': Quizás la obra maestra del personaje, con un equilibrio perfecto entre una negra y pesimista fantasía distópica y el humor puro y duro, y con un plantel de secundarios impagable entre los que destaca la mutación egomaniaca del Jefe, el Primer Hexaedro fundador del Partido Cuadrado.

  • 'La Caja De Pandora': Una trepidante odisea rebosante de giros y monstruos, y que anticipa, con su sustancia "cultural", futuras aventuras fantásticas del héroe. Aunque aquí la sátira y un ritmo endiablado la convierten en otro de los clásicos indiscutibles de Superlópez.

  • 'La Gran Superproducción': Quizás el álbum más hilarante de la supermedianía, que supura personajes y situaciones irrepetibles y que culminan en una segunda mitad en la cúspide absoluta de la historia del humor gráfico español. ¡Lárgame un cilindrín, fotero!

(Las últimas cuatro historias están recopiladas en un mismo tomo en el Superhumor de Superlópez 2)

Las 5 mejores historias del Superlópez aventurero

  • 'Los petisos carambanales': Un curioso experimento de cierta sofisticación, que inventa un idioma propio para los Petisos (no sería la última vez que lo hace Jan) y que plantea múltiples realidades alternativas gracias a sus muchos finales, como una en la que Juan y Luisa acaban en el altar. Disponible en Superhumor 3.

  • 'Tyrannosaurus Sect': Un álbum absolutamente apabullante en lo gráfico antes del recorte de páginas y el coloreado por ordenador, con unas ilustraciones de dinosaurios y otras criaturas que son una gozada... y con tiempo para hacer incluso una sátira de las sectas y de 'Parque Jurásico'. No disponible en la actualidad, formó parte del Superhumor 5.

  • 'El infierno': Quizás la mejor aventura de Superlópez de los últimos tiempos, que recuerda parcialmente a 'La caja de Pandora' por su uso de entes mitológicos. Aquí Jan mezcla 'Fausto' y 'La Divina Comedia' con afán divulgativo y tremendo acierto. No disponible en la actualidad, formó parte del Superhumor 6.

  • 'La Casa Amarilla': La mejor de todas las aventuras "turísticas" de Superlópez tiene también viajes en el tiempo y una estupenda ambientación histórica para narrar la rivalidad de Van Gogh y Gauguin, donde Jan demuestra que quizás Superlópez no tenga el sarcasmo de antaño, pero como herramienta educativa es imbatible.

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  • 'La biblioteca inexistente': Un curioso juego literario y borgiano, de cierta abstracción y con una crítica sutil y nada facilona al apabullante exceso de información y conocimientos de Internet.
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