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China presumía falsamente de erradicar plagas en los años 50. Qué podemos aprender de aquella propaganda

China presumía falsamente de erradicar plagas en los años 50. Qué podemos aprender de aquella propaganda
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A principios de abril, con gran parte del mundo confinado, China ya celebraba su supuesta victoria en la lucha contra el coronavirus. En un esfuerzo por elevar la moral de la población, el 2 de abril la Televisión Central de China (CCTV), directamente vinculada al Partido Comunista Chino, volvió a emitir un documental sobre una campaña durante la época de Mao contra la esquistosomiasis. El programa, realizado en 2018, afirmaba que los dirigentes del Partido Comunista habían erradicado con éxito la enfermedad en China a finales de los años 50, salvando millones de vidas.

Varios blogs también recomendaban a la población de Wuhan, el epicentro original de la COVID-19, que releyeran el poema de Mao Tse-Tung de 1958 "Despedida al dios de la plaga", donde celebraba la erradicación total de la esquistosomiasis de Yujiang, una pequeña región a lo largo del Yangtsé en el centro de China.

Pero a diferencia de la versión oficial donde se afirmaba que China había erradicado con éxito la esquistosomiasis, eso nunca ocurrió, algo que he investigado en un nuevo libro. Al centrarse en esta desafortunada campaña en medio de la pandemia del coronavirus, China ha mostrado lo poco que ha cambiado la relación entre la propaganda y la salud pública desde los años 50.

Una enfermedad "de campesinos"

También conocida como bilharziasis o fiebre de caracol, la esquistosomiasis es una enfermedad transmitida por un gusano parásito que vive en agua dulce. Puede permanecer en el cuerpo durante años si no se trata y acabar debilitando a su portador, causando fallos en varios órganos y, ocasionalmente, la muerte.

La campaña china contra la esquistosomiasis comenzó en 1955 cuando Mao estableció una "marea socialista" para llevar la revolución al campo chino. La campaña fue la pieza central del enfoque de la República Popular China en cuanto a salud pública y pasaría a convertirse en el referente de la innovación en materia de salud pública a nivel mundial durante la Guerra Fría.

Los dirigentes del Partido Comunista Chino escogieron la esquistosomiasis porque era una enfermedad "de campesinos" que afectaba a los trabajadores de los arrozales y era el resultado del modo de vida tradicional de las comunidades agrícolas que vivían en las regiones del cultivo de arroz.

El objetivo era erradicar la esquistosomiasis para el año 1962, en siete años. Teniendo en cuenta que la esquistosomiasis también afecta a mucha gente en los países no desarrollados, se pensaba que le daría prestigio al país si China conseguía ser el primer país en erradicarla.

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Mi investigación se centró en las pruebas de los archivos del Partido que apenas habían sido vistos hasta ahora y que fueron desenterrados en ocho de las provincias afectadas, así como en los testimonios orales contemporáneos de los expertos, los grupos locales y los campesinos que habían participado en la campaña o que se habían visto directamente afectados. Descubrí que tan pronto como se puso en marcha la campaña, las autoridades del Partido se dieron cuenta rápidamente de que realmente apenas podían controlar la enfermedad.

En 1958, en el momento más álgido del Gran Salto Adelante de Mao, una campaña utópica para industrializar el país, la República Popular China se convirtió en el primer país del mundo en declarar que había erradicado con éxito la enfermedad. Pero no era verdad.

Un equipo de salud de Jingzhou en la provincia de Hubei que había participado en la aplicación local de la campaña, me dijo lo siguiente:

Simplemente nos inventamos los datos. Los altos mandatarios lo sabían todo el tiempo. Para no meterse en problemas o ser despedidos del puesto, necesitaban que infláramos o falsificáramos las cifras... es un secreto a voces.

Remedios perjudiciales

La urgencia del Partido Comunista Chino para controlar la enfermedad, al igual que muchos otros aspectos vinculados a sus políticas de centralización, provocó una respuesta local fragmentada y a menudo contradictoria.

Con la llegada del Gran Salto Adelante de 1957 la demanda ideológica para acelerar la erradicación fue aún mayor. Se emplearon planes de embargo de tierras y de irrigación para enterrar y matar a los caracoles, los portadores que transmiten el parásito. Dichos planes no sólo resultaron extremadamente costosos y desmedidos, sino que también causaron problemas de reducción y abastecimiento de agua, contribuyendo a graves inundaciones a la degradación del suelo que todavía persisten a día de hoy en las regiones afectadas.

Al final, se abandonaron las iniciativas de embargo de tierras y la estrategia cambió a meter directamente a los caracoles mediante el uso de pesticidas que dañaron aún más el ecosistema natural, con consecuencias negativas duraderas en el medio ambiente.

Durante este período de rápidos y radicales cambios políticos también se trató a las personas infectadas con dosis más altas de tartrato de antimonio, un medicamento tóxico, algo que fue internacionalmente aceptado en una época en la que se sabía que podía controlar la infección en humanos. No solamente su eficacia fue limitada, sino que mi investigación de los archivos muestra que las altas dosis de dicha sustancia tóxica también se cobraron muchas vidas.

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Ficción versus realidad

En el punto más álgido del Gran Salto Adelante, y tras la subsiguiente hambruna, se enviaron millones de campesinos y ganaderos a las regiones afectadas para ayudar en la producción agrícola. Muchos se infectaron con la enfermedad, mientras que aquellos que habían sido curados se volvieron a infectar. Según un informe que encontré sobre los problemas locales con la campaña, la población se quejaba de que: "A los de arriba solo les preocupa la producción, no las vidas humanas".

A su vez, la hinchazón relacionada con la hambruna, los problemas ginecológicos y la malnutrición infantil se extendieron aún más en el campo. Incapaz de hacer frente a la crisis, el sistema sanitario rural del Partido Comunista literalmente se colapsó y entraron en juego métodos cada vez más autoritarios y centralizados.

A medida que aumentaba la desesperación, las autoridades vieron cómo la promesa de erradicar la esquistosomiasis y la utopía rural que había supuesto se derrumbaban. Sin embargo, todo esto fue rápidamente escondido y olvidado. Al igual que el poema de Mao, un largometraje de 1962 llamado Un árbol marchito llega a la primavera inmortalizaba el éxito de la campaña. Estas ficciones fueron necesarias en su momento para hacer frente a la brutal realidad de la enfermedad y de la hambruna, así como su devastador impacto en la salud de la población.

Con la presión de igualar a Yujiang, el primer lugar donde se declaró la enfermedad como erradicada en 1958, muchas regiones y municipios se apresuraron a declarar la casi erradicación durante los meses posteriores. Todo resultó ser falso y hubo un encubrimiento sustancial, como muestra mi investigación. Hoy en día, la esquistosomiasis sigue siendo endémica en muchos de estos lugares, aunque dejara de serlo en algunos debido a la urbanización, la consiguiente despoblación de las zonas rurales y la modernización de la agricultura.

La versión oficial de China sigue siendo que la enfermedad fue erradicada pero ha vuelto, algo que culpa a los oponentes políticos que sabotearon la campaña. Los últimos datos oficiales muestran 54.454 infecciones en 2016, con 69,4 millones de personas en riesgo. En 2017, la Comisión Nacional de Salud de China emitió nuevas pautas con el objetivo de controlar, y no de erradicar, la enfermedad para el año 2020.

Usos de la propaganda

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En la China posterior a Mao, la propaganda de los medios de comunicación sobre el éxito del Partido en la mejora de la salud de la población ocultó la realidad de una atención sanitaria precaria y mal gestionada. En 2020, se ha utilizado el mismo mensaje de propaganda durante la pandemia de la COVID-19.

En su influyente estudio sobre el totalitarismo, la filósofa Hannah Arendt escribía que: "Lo que convence a las masas no son los hechos, ni siquiera los inventados, sino solamente la consistencia del sistema del que presumiblemente forman parte".

La decisión de China de emitir el documental en abril fue deliberada. Al identificarse con la historia del éxito de la campaña contra la esquistosomiasis maoísta, la población, por lo demás desafortunada y asustada, como parte de un estado totalitario al menos podía sentirse orgullosa de ser parte de una nación heroica que creían era el primer y único país que había conseguido erradicar la esquistosomiasis. Situando la lucha contra la COVID-19 dentro de una narrativa de éxito en la mejora de la salud, el gobierno chino sigue creando una falsa sensación de seguridad y de cohesión, algo que precisan para asegurar la estabilidad necesaria para permanecer en el poder.

Foto: Librería de medicina de Estados Unidos, David Williams, Koki Kataoka.

Autor: Xun Zhou, ponente del Departamento de Historia de la Universidad de Essex.

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el artículo original aquí.

Traducido por Silvestre Urbón.

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