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Este rapero francés podría ser el primer negro en ser juzgado por racismo anti-blancos

Este rapero francés podría ser el primer negro en ser juzgado por racismo anti-blancos
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"Entro en las guarderías, mato a bebés blancos, atrapadlos rápido y colgad a sus padres (…) golpeadlos fuerte, hacedlo de verdad, que apeste a muerte, que meen sangre”. Este es uno de los fragmentos de la canción Pendez les blancs (colgad a los blancos), del rapero parisino Nick Conrad, que ha causado revuelo entre nuestros vecinos. El videoclip tampoco ha ayudado a apagar el fuego: en él sale el cantante, negro, practicándole un cara-bordillo a un hombre blanco. Después el cuerpo de la víctima aparece colgado en segundo plano mientras Conrad se fuma un puro. Resultado: la fiscalía francesa anuncia que le investigará por "provocación pública a cometer un crimen o un delito".

Tradición francesa: lejos de lo que podría parecernos a los españoles, no ostentamos el monopolio de las denuncias a la libertad de expresión de los artistas. Aquí, por ejemplo, se repasa el polémico historial de denuncias a músicos, especialmente raperos y especialmente no blancos, por entonar letras excesivamente violentas. Casi siempre que han tenido que pasar por los tribunales ha tenido que ser por supuesta incitación a la violencia contra la policía, y el resultado más habitual en los tribunales, pese a lo mucho que se magnifican estos eventos en la prensa, es el del pago de una multa. Le pasó a Ministère A.M.E.R. en 1995 por su tema Sacrifice de poulet de la banda sonora de la película La Haine, donde hablaban de matar a policías. 250.000 francos de multa. A NTM en 1996, por llamar a la policía “fascistas” que “asesinan”. Absueltos. A Sniper por llamar a exterminar a Sarkozy y a sus ministros y a quemar coches en plena ola de violencia en las barriadas de París. Absueltos. Pese a múltiples juicios, en ningún caso las penas contra raperos franceses han sido tan duras como las españolas.

El caso Conrad: es ligeramente distinto de sus predecesores. El responsable nacional de la Delegación Interministerial para la Lucha contra el Racismo, el Antisemitismo y el odio anti-LGTB (Dilcrah), Frédéric Potier, ha denunciado la canción a la fiscalía por incitación al odio racial. Es decir, ha mostrado su interés en denunciarle un racismo anti-blancos. No por atacar a las fuerzas de la ley, sino por ser racista. Aunque desde distintos sectores intelectuales se juzga que es imposible generar un odio efectivo desde un grupo colectivamente “oprimido” a un grupo colectivamente “opresor”, Conrad podrá librarse de la condena por otros motivos.

Una ficción “inspiradora”: Conrad se ha acogido a la mejor estrategia de defensa por la que podía haber optado. Según él, es una obra artística cuya violencia explícita es un “toque de atención”, en consonancia con el carácter voluntariamente provocador del lenguaje habitualmente utilizado por los raperos, pero en ningún momento es una llamada a la acción, sino a la reflexión. Es decir, se va a proteger en su libertad como artista para buscar el mejor vehículo para expresar mensajes que no buscan el odio hacia ningún grupo concreto. "En mi música, que sólo es ficción, quería invertir los roles del hombre blanco y el hombre negro y proponer así una percepción diferente de la esclavitud", ha declarado, y también dijo que la imaginería visual del clip conectaba el ahorcamiento con los orígenes de la Ley estadounidense esclavista Lynch, aquella por la que se linchaba y colgaba a los esclavos negros sin juicio pero con el beneplácito de los jueces. Por eso, según algunos expertos, es probable que la acusación decida recalificar los hechos y cambiar la denuncia de “provocación a cometer un crimen” al de “incitación al odio racial”.

¿Y qué tal lo lleva el rapero? Puede que mejor de lo que parezca. Cierto es que se arriesga a una (poco probable) condena de hasta un máximo de cinco años de cárcel y 45.000 euros de multa, pero también que, antes del escándalo y como confirma Le Monde, las canciones del músico apenas rozaban las miles de reproducciones y ahora está en boca de la mitad de los ciudadanos del país. Sin querer (o queriendo) sus contrarios han conseguido que su imagen se amplifique por mil.

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