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La forma en la que hablas te abre más puertas profesionales que las cosas que dices

La forma en la que hablas te abre más puertas profesionales que las cosas que dices
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Gran parte del éxito en una entrevista de trabajo depende de las primeras impresiones. La forma en la que gesticulamos, en la que vestimos y en la que nos dirigimos a nuestro interlocutor, como cualquier departamento de Recursos Humanos atestiguará, tiene una importancia capital a la hora de generar una buena impresión. Ahora bien, nada tan importante como nuestra experiencia y el modo en el que nos desenvolvamos en la entrevista, ¿no? Al fin y al cabo lo que de verdad cuenta son las cosas que decimos, nuestra valía profesional.

Pues resulta que no mucho.

El estudio. Lo atestigua un reciente trabajo elaborado por un grupo de académicos de la Universidad de Yale. La investigación se vale de cinco estudios paralelos dedicados al impacto de la comunicación oral en la formación de nuestras percepciones sociales. Y las conclusiones son, de algún modo, inquietantes: es más importante la forma en la que hablamos, nuestro acento y las pistas informales que denotamos en cada frase (vocabulario, estructura, ritmo, cadencia), que lo que decimos. Cualquier entrevistador se crea una imagen de nosotros en los siete primeros segundos de conversación. A partir de ahí, estamos sentenciados.

¿Por qué? Porque tenemos una alta capacidad de predicción a partir del registro oral de cualquier persona. Es decir, somos capaces de entrever el contexto social de nuestro interlocutor a través de la forma en la que se expresa. La investigación seleccionó a 274 profesionales con experiencia en procesos de selección y les puso frente a las grabaciones y transcripciones de veinte candidatos. No disponían de ningún detalle de su vida personal. Todos acertaron en mayor porcentaje el origen social de cada entrevistado cuando accedieron al audio. Nuestra voz es un predictor socioeconómico mucho más fino que la palabra escrita.

Sesgo. Y es un problema, dado que los entrevistadores mostraron un sesgo favorable por defecto hacia las personas más ricas y tendieron a ofrecerle mayores sueldos. "Pese a que cualquier mánager negará que la clase social de un candidato tenga importancia, en realidad la posición socioeconómica de un solicitante se tiene en consideración ya durante los primeros segundos de entrevista", explica Michael Kraus, uno de los autores del trabajo. Es el "suelo de cristal", un privilegio y un condicionante social que suprime parte de la valía o el talento personal.

O dicho de otro modo: no se trata tanto del mérito "de los mejores" como que tu clase social ayuda a definir si cuentas como "los mejores" o no.

Precisión. Como se explica en este artículo del Financial Times, otros estudios han apuntalado la idea de que nuestra forma de expresarnos tiene una influencia directa en nuestra percepción ajena. Las cifras son inquietantes: quien te escucha tarda entre siete o quince segundos en moldear una primera impresión sobre ti, y en términos genéricos sólo presta atención al 11% de lo que estás diciendo. Tus habilidades retóricas, tu presencia personal, tu entonación, la pasión con la que hablas y, obviamente, tu acento, son mucho más importantes.

Vida fácil. Es un ejemplo, otro más, de cómo nacer en la familia adecuada abre más puertas que el esfuerzo. Un reciente estudio ha ilustrado cómo la "suerte", es decir, la serie de condicionantes que rodean a una persona, juega un papel más relevante que el talento a la hora de cimentar una fortuna. En su día ya vimos cómo los ricos tienden a sobrevalorar más sus capacidades, un "exceso de autoconfianza" que les abre más puertas. Y también a actuar de forma más inmoral que los pobres, sin considerar que sus actos (aprovecharse de los demás, abrir resquicios legales, el beneficio propio a toda costa) lo fuera.

En general, los hijos de familias ricas disfrutan de más condicionantes sociales para triunfar en la vida, sin que sean más o menos valiosos que los demás. Lo que incluye su forma de hablar y su refinado acento. De ahí que en países como Italia las familias ricas de hace 500 años... Sigan siendo las mismas a día de hoy.

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