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Lo que esta dolorosa foto de una cárcel filipina cuenta sobre el atrofiado sistema judicial del país

Lo que esta dolorosa foto de una cárcel filipina cuenta sobre el atrofiado sistema judicial del país
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No es lo mismo que te digan que hay gente que sobrevive hacinada a verlo con tus propios ojos. Cuando lees que miles presos en la cárcel de Ciudad Quezón (Manila) viven en un reducido espacio, a razón de 3800 personas para unas instalaciones limitadas inicialmente a 800, puedes imaginar muchas cosas, pero es difícil que tu impresión sea la misma que al ver directamente esa masa de carne humana que ha retratado el fotoperiodista Noel Celis en una foto que en pocas horas ha dado la vuelta al mundo. Como algunos han indicado, la estampa tiene mucho más de círculo del infierno de Dante que de una imagen real.

No, la foto no está retocada. La realidad presidiaria es así

Puedes ver más imágenes del presidio y sus habitantes en esta serie, que le ha ganado a su fotógrafo un gran reconocimiento internacional. Observando el resto de fotos (y, en serio, hay que verlas para creerlas) sacarás en claro que no, que la famosa foto no estaba preparada, como han dicho algunos. No reunió a todos los prisioneros en un reducido punto para potenciar el efecto visual de la existencia de los presos. Es así, de verdad, como viven el día a día.

“Ni una sola de las fotos se trata de una escenificación o es producto de una recreación. Estar ahí dentro era u infierno. Si querías ir de un sitio a otro los presos debían hacerte hueco al andar”, ha dicho Celis en un video de Facebook donde ha explicado cómo elaboró las imágenes. Aunque Celis se movió a la ciudad filipina de Tacloban después del paso del supertifón Haiyan (también conocido como Yolanda), una catástrofe que dejó más de 10.000 muertos y muchos más ciudadanos movilizados, descubrió que lo que había en este presidio era una realidad aún peor.

“Antes de ir vi una foto de las escaleras del presidio, con los reclusos sentados en los escalones", cuenta el fotoperiodista, "y pesé que se trataría de una imagen orquestada. Pero entonces un reportero de AFP me acompañó a la cárcel y me quedé mudo, como él”.

El fotógrafo no busca la fama, sino que cambien las cosas en el país

Declaraciones de Noel Celis: "Hay gente que ha elogiado las fotos diciéndome que le parecían arte. Que me han dicho ‘buen trabajo’, pero mi deseo es que todo esto haga que el debate se centre en la situación de los reclusos. ¿Os acordáis de la famosa foto de Time? Por eso la gente me ha pedido que les firme copias de la revista, pero me he negado a firmar ninguna”.

Queda claro, las fotos que tomó el profesional a raíz de sus visitas tienen un objetivo periodístico: dejar registro de los problemas que han derivado de la guerra contra las drogas dirigida por Rodrigo “El castigador” Duterte, presidente de Filipinas, en los últimos tiempos. Duterte ha afirmado que quiere acabar con traficantes y criminales, pero también con los adictos. En una ocasión instó a los ciudadanos a matar a drogadictos conocidos para erradicar la lacra de la sociedad.

El dirigente es conocido por ser una figura especialmente autoritaria y controvertida, el 40% de la ciudadanía le apoyó en los últimos comicios pese a sus amenazas durante la campaña de disolver el Congreso e imponer un "Gobierno revolucionario" si sus reformas encontraban rechazo. Lo cierto es que tras el fallido golpe militar que se dio en el país hace 6 años la situación es bastante convulsa.

Todos son víctimas de una mala gestión, pero algunos de los reclusos ni siquiera son culpables

Rodrigo Duterte 2013

Lo primero, hay que notar que algunos de esos reclusos están a la espera de juicio, que dada la situación de congestión que sufre el sistema judicial filipino puede tardar años en realizarse. La guerra contra las drogas de Duterte forma parte de un plan de limpieza total de la sustancia en la sociedad en los próximos seis años y ha llevado al recrudecimiento y aumento de los arrestos.

Es precisamente por esto último que sabemos que muchos de los internos no deberían estar aquí. Según la Comisión Episcopal para la Pastoral de las Cárceles, sólo el 35% de los 115.000 detenidos son culpables según la ley. El resto, el 65%, son sólo sospechosos o incriminados en régimen de detención preventiva, pero son personas sin historial delictivo previo.

El hacinamiento tiene graves consecuencias físicas y psicológicas

Así que, mientras esperan su sentencia, miles de personas viven cuerpo contra cuerpo, acomodándose en escaleras o suelos. Algunos de ellos deben hacen turnos para acostarse, o duermen sentados o de pie.

El interno con una carrera más longeva en el centro, Mario Dimaculangan, le contó a AFP que “muchos de los que están aquí acaban volviéndose locos. No pueden pensar con claridad, hay demasiada gente, tu más mínimo movimiento corporal puede hacer que te choques contra otra persona”.

Un retrete para cada 130 presos se traduce en una muy carente situación higiénica. En ese clima es fácil que las enfermedades se propaguen, y la tuberculosis, infecciones cutáneas o la diarrea son problemas frecuentes entre la población carcelaria. Los médicos a veces no dan abasto.

Pese a todo, Celis ha comunicado que “algunos presos se sienten felices de seguir con vida”, ya que al menos pueden esperar a la resolución en los juzgados.

La masificación carcelaria no es exclusiva de Filipinas

Carcel

La situación en el país asiático no es nada alentadora, pero sus problemas no son exclusivos. El sistema penal filipino es el tercero más congestionado del mundo, según el Instituto de Investigaciones en Políticas Criminales de la Universidad de Londres. Tienen cinco veces más personas de las que deberían, pero peor aún es la situación de cárceles en Haiti, El Salvador o Benin. En Venezuela, Bolivia o Sudán los presidios están algo menos masificados que en el país asiático, pero la sobrepoblación sigue siendo demasiado alta.

Todos los países citados son los que encabezan la lista de masificación presidiaria, pero esa es una de las quejas más habituales del sector penitenciario de muchas regiones. Da igual cuál sea la economía bajo la que se rija el país, las cárceles suelen estar al 100% o más de su capacidad. El mundo tiene, literalmente, a demasiada gente presa.

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