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Obama también separaba a los niños de sus familias, pero la política de Trump no tiene punto de comparación

Obama también separaba a los niños de sus familias, pero la política de Trump no tiene punto de comparación
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El presidente Trump se está enfrentando ahora mismo a una de las reacciones más críticas de la opinión pública hacia alguna de las políticas implantadas durante su mandato. Las televisiones no se cansan de pasar las imágenes y audios de niños desamparados y custodiados en centros que parecen penitenciarios. Hay incluso políticos republicanos, especialmente los cristianos, que también le están dando la espalda al presidente en su política “de tolerancia cero” con los inmigrantes ilegales.

La respuesta de los fieles al POTUS es señalar que no se trata de un cambio sustancial con respecto a las políticas fronterizas de Obama. Que en la era del Hope también se retenían a miles de niños para apartarles de sus familias. Ambas partes del debate tienen razón.

De dónde venimos: el programa que se mantenía hasta ahora databa de 2005, durante la presidencia de Bush. Ante un repunte de la inmigración ilegal, su “Operación Streamline” cambió el programa por uno que implantaba un procesamiento criminal para los sin papeles que cruzaran la frontera, y se los expulsaba mediante juicios que no requerían acudir a los juzgados de inmigración, colapsados a perpetuidad, dilucidando quiénes eran expulsables y quiénes podían solicitar asilo (por huir de la opresión policial, el maltrato doméstico, etc.).

Bush, pero Obama también: esta modalidad es a la que se acogió momentos puntuales la Administración Obama; pero tanto éste como Bush mantuvieron como excepción los inmigrantes que llegaran con niños. Se permitía que las familias permaneciesen juntas durante el tiempo de deliberación de su resolución judicial salvo que los padres tuvieran antecedentes criminales o fuesen contrabandistas. Si no eran peligrosos, además, podían vivir y trabajar en el país hasta que se resolviese su caso, lo que a veces llevaba varios meses o años.

Y qué hay ahora: desde abril, Trump ha ampliado el criterio fiscal. El Presidente consideraba esa excepcionalidad de las familias como un “agujero del sistema”, y lo ha eliminado de forma indirecta. Ahora a cualquier adulto que trate de entrar en Estados Unidos de forma irregular se le considera un delincuente, se le procesa judicialmente como tal aunque no tenga antecedentes penales, y eso significa que serán detenidos y temporalmente encarcelados. Como los niños no pueden entrar en la cárcel, son retenidos en centros para menores sin sus padres y madres a su lado.

Ni ilegales ni exiliados: al margen de esto, Trump ha reducido enormemente los supuestos de asilo político por los que los ilegales podrían intentar vivir en Estados Unidos. En resumen: que no entre nadie.

¿A cuántos niños han separado de sus familias unos y otros? La respuesta corta es que no podemos saberlo. Según estimaciones de la agencia Reuters, entre octubre de 2016 y febrero de 2018 (año y cuatro meses), cuando aún se mantenía el criterio del Gobierno anterior, hubo unas 1.800 separaciones, pero la cifra no se ha esclarecido con exactitud. Según los expertos en inmigración era una táctica “rara” y “excepcional”. Desde este último abril e inicios de junio (dos meses) se separó a 2.033 niños. Esta cifra sí es más sólida.

Los niños que cruzan solos: buena parte de los menores que cruzan lo hacen en solitario. ¿Por qué? Por la legislación estadounidense para proteger a los menores del tráfico infantil. Hasta ahora EEUU se comprometía a dar asilo (familiares nacionales, refugios, etc.) a los niños que cruzaran sin compañía adulta. Así lo mantuvieron Bush y Obama. Ahora, al convertir Trump a todos los adultos que cruzan en criminales, sus hijos pasan a convertirse en “menores no acompañados” que pueden apelar a ese asilo, pero ahora los criterios de elegibilidad de asilo por los niños se han recrudecido, lo que ha provocado la acumulación de menores que requieren de detención judicial y también a una dilatación en el tiempo de su detención.

Y los niños desaparecidos: al haber ahora más “menores no acompañados” que potencialmente pudiesen entrar en el país por las leyes de protección del menor, aumentará la discusión acerca de este aspecto. Hace unas semanas comentamos el escándalo por el que demócratas y medios denunciaban que la Oficina de Reasentamiento de Refugiados había perdido la pista de 1.500 niños. La realidad es que muchos de ellos acabarán yendo a vivir con familiares dentro del país indocumentados que no quieran darles pistas al Gobierno de su emplazamiento para no ser expulsados. Aunque muchos de los menores se encuentren sanos y salvos por este ocultamiento del sistema, seguimos hablando de una ausencia de registros, lo que de facto no nos permite garantizar que estén con sus seres queridos o si sus vidas corren peligro.

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