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Para qué sirve un impuesto: así baja el número de fumadores cada vez que sube el precio del tabaco

Para qué sirve un impuesto: así baja el número de fumadores cada vez que sube el precio del tabaco
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Los impuestos funcionan como incentivo disuasorio, y como se ve en este caso prácticamente con una precisión milimétrica. Eso es lo que parece querer decirnos un revelador gráfico elaborado con datos de la agencia sanitaria norteamericana con respecto al consumo de tabaco de la población de su país según territorios y gravámenes. Una inclinación a la que se van apuntando casi de manera armoniosa los ciudadanos de Michigan, Ohio o Nueva York según lo que paguen por una cajetilla. Y a mayor impuesto, menor porcentaje de consumo.

Como puede analizarse también en estudios nacionales sobre la evolución del precio del tabaco y su consumo en sociedad, no todo se debe a la simple subida de impuestos: a partir de los años 70 la competitividad entre tabacaleras en Estados Unidos por elaborar los cigarrillos más atractivos vía reformulación de la receta y la promoción, así como el comienzo de la concienciación pública también ayudaron mucho a bajar ese consumo.

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Pero es a partir de las progresivas y notables subidas de precio vía impuestos de un producto que puede tener una “tasa del pecado” de hasta el 56% de su precio final lo que ha hecho que en los últimos 20 años el consumo de tabaco caiga considerablemente.

Y el mapa estadounidense sirve casi como un estudio de la influencia del tasazo, ya que el porcentaje de impuesto depende muchísimo de cada Estado de la Unión. Por ejemplo, ciudades como Chicago o Nueva York, donde el tabaco no es de por sí especialmente barato, tienen añadidos sus propios impuestos al cigarrillo. Combinando todos los impuestos locales, regionales, estatales y federales, las tasas de un paquete en Chicago puede suponer 6.16 dólares y en Nueva York 5.85 dólares. Frente a ellos está Missouri, que sólo se cobra 17 céntimos por paquete.

Cigarrillos

Entonces, ¿cuánto habría que subir los impuestos para eliminar el tabaco de nuestras vidas?

El consenso general de las tabacaleras y de los estudios nacionales sobre salud pública establecieron hace años que, aproximadamente, cada 10% de aumento en el precio de los cigarrillos baje el porcentaje de compradores de tabaco entre un 3 y un 5%, siendo lógicamente más fuerte el impacto entre los ciudadanos con menos ingresos.

Y cuando decimos que el impacto es mayor entre los pobres, estamos hablando de un esfuerzo monumental. Según un estudio del Departamento de Salud Pública del Estado de Nueva York, los hogares de bajos ingresos pueden dejarse hasta un 23.6% de sus salarios en tabaco (para el promedio de un hogar con 30.000 dólares anuales), mientras que para un hogar rico de 60.000 dólares anuales el tabaco suele suponer el 2.2% de sus ingresos.

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Es decir, que la persona de clase baja va a ser a quien más le perjudiquen las subidas y donde antes empezará a aparecer la determinación de quitarse del tabaco lo antes posible.

Haciendo una regla de tres sencilla, en España, con un 29% de fumadores, y si una cajetilla vale de media unos 4.5 euros, poniendo un precio de más de 9 euros viviríamos, en una realidad imaginaria con una demanda completamente elástica, en un mundo libre de humos de nicotina.

Cuando el Estado te anima a ir a por cartones a Andorra o a la gasolinera del vecino

El problema, como han visto los mismos que han elaborado ese mismo gráfico norteamericano, es que la realidad no es tan sencilla, y al factor de la subida de tasas se le aparecen otros dos ingredientes: la diferencia de impuestos según territorios y el mercado paralelo.

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Como explican aquí algunos comentaristas de Reddit, es una práctica habitual en diversas regiones. “Nosotros vivimos en la frontera entre Illinois y Missouri y existe un pueblo llamado West Quincy que no tiene nada de población, es simplemente una gasolinera donde se vende tabaco mucho más barato y va continuamente gente allí a comprar sus cigarrillos”, explica bagelsforeverx.

No todo el mundo puede incurrir en esta práctica, pero sin duda es una manera de alterar las estadísticas y mantener a muchos consumidores dentro de la rueda de la nicotina.

Ante un problema similar, pero relacionado con el tabaco ilegal, se enfrenta ahora la ciudad de Nueva York. Sus políticos han querido subir aún más el impuesto del paquete, que si ahora cuesta de media algo más de 10 dólares pensaban que rondasen los 13, una fortísima medida disuasoria.

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Pero en la práctica, a día de hoy más de la mitad de los paquetes que se consumen en la capital financiera del país provienen de otros estados o del mercado negro, y seguir subiendo la tasa está conduciendo más que a la erradicación del hábito, a la pérdida de 1.630 millones de dólares en impuestos para las arcas del Estado, según estimaciones del fisco. De todo esto saben, y mucho, una buena parte de los viajeros diarios de Gibraltar a España.

Otro mapa al que también habría que acercarse es, por ejemplo, al europeo. Como en Estados Unidos, aquí también tenemos unas enormes diferencias en cuanto al impuesto del tabaco, pero también de la preocupación sanitaria según cada cultura y, sobre todo, de las diferencias de ingresos.

Aunque la tendencia general es la de que el aumento de precio disuade a más gente, la foto final sigue siendo bastante ecléctica. Por ejemplo, mientras que en Alemania tienen un precio de cajetilla relativamente bajo para sus ingresos medios, se consume mucho menos tabaco que en España (donde es barato) o que en Inglaterra (donde, al contrario es más caro).

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E incluso los Noruegos, a quienes tenemos bastante asociados con los hábitos saludables y donde un paquete puede costar 13 euros, sigue teniendo un 26% de ciudadanos consumidores habituales o esporádicos. Posiblemente porque los noruegos y sus 70.000 euros anuales de ingresos medios se lo pueden permitir.

Es decir, que sigue habiendo un componente cultural y de adicción por el que habrá quien siga luchando por mantener su vicio, pero parece claro que la subida de impuestos, sobre todo si es general dentro de un territorio, ayuda a terminar con el tabaco. Mucho más que la prohibición total que podría causar una catástrofe sanitaria por la vía de la elaboración no regulada de los cigarrillos. Y seguramente a los organismos estatales el aumento del gravamen les siga pareciendo una medida de lo más oportuna para luchar por el bienestar de sus ciudadanos en los próximos años.

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