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¿Por qué ocultarlo? Las personas que defienden públicamente lo normal que es vivir teniendo VIH

¿Por qué ocultarlo? Las personas que defienden públicamente lo normal que es vivir teniendo VIH
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Hay rumores publicados en varios portales en prensa de que Nacho Vidal ha dado positivo en VIH (el actor y su madre han hecho sendas declaraciones negándolo). De ser cierto significaría que el actor porno, como cualquier otra persona seropositiva:

  • Tendría que vivir tomando pastillas (como lo hacen algunos diabéticos).
  • No debería compartir jeringas (algo que casi mejor que no hagamos ninguno).
  • Deberá avisar a sus parejas sexuales de la posibilidad, en algunos casos muy baja, de acabar infectados. Por ejemplo, si practicase sexo anal sin condón y él fuese el participante activo, hay un 1.3% de probabilidades de infectar a la otra persona. Si practicase sexo vaginal, de un 0.08%. En el caso del sexo oral es casi nulo, y de hacerse cualquiera de estas prácticas con condón, un riesgo casi inexistente.

Ser seropositivo es vivir sabiendo que tienes un obstáculo en tu vida, pero uno tan pequeño que, a día de hoy, no merece el estigma que aún sigue manteniendo. 

Porque ese es el debate que ha vuelto con la noticia surgida con el supuesto diagnóstico del actor. Como es natural, y de ser cierta la exclusiva publicada por Elnacional.cat, los actores y actrices porno que hayan trabajado con él en los últimos tiempos tendrán que detener el trabajo y hacerse sus respectivas pruebas, ya que en la industria es habitual rodar sin utilizar preservativos, cosa que aumenta el riesgo de trasmisión (aunque afirman contrarrestarlo con pruebas periódicas de todos los participantes).

Pero para todo lo demás apenas debería tener relevancia. Portar el VIH no es tener SIDA, en occidente ya no es sinónimo de muerte, y a cifras de 2017 el 79% de los infectados tiene la carga viral suprimida, es decir, con una presencia casi inexistente en sangre y semen.

El crucial papel de aquellos que salen del armario del VIH

“¿Por qué tendría que esconderme?” es también el comentario de un veinteañero chileno que se ha hecho viral. Tiene VIH y lo visibiliza, hace campaña por ello de la misma forma que habla habitualmente de su amor por los animales o por el cine. 

Ignacio Orellana no está sólo. Comparte postura con personas como el actor porno Kayden Gray, con 90.000 seguidores y quien habla habitualmente de este tema en su canal; el ex senador neoyorkino Thomas Duane, quien no dudó de comentar su condición de seropositivo durante la campaña electoral; el extravagante rapero Mykki Blanco, cuyos videoclips cuentan con millones de reproducciones; o Thomas Neuwirth, más conocido por ser el intérprete que da vida a Conchita Wrust y que, ante las amenazas de alguien que dijo que filtraría esa información, decidió contarlo él mismo sin ningún pudor

Y sin embargo, sigue siendo una lista muy corta. ¿A cuánta gente conoces con esta condición? Porque estadísticamente es probable que te hayas cruzado con más de uno. En España existen 145.000 seropositivas, y según uno de los últimos estudios del Ministerio de Sanidad, se detectan unos 3.500 casos al año, lo que son unos 10 al día, y con un índice de trasmisión heterosexual que ya supera el 25% y apenas un 3.6% para los casos por inyección de drogas.

El virus del SIDA de hoy es el virus social

No estamos en los terribles años 80 ni por nivel de epidemia ni por el desarrollo de los medicamentos, ya que los antiretrovirales modernos han convertido el tratamiento en algo muy sencillo y llevadero. Pero hay otro “virus del SIDA” que es el virus social. Ese mismo que hace que una de cada dos personas con VIH esté desempleada o que portar el virus sea motivo de exclusión en trabajos en los que no debería importar para nada.

asd Escena de la película 120 pulsaciones por minuto, sobre el grupo de jóvenes franceses y activistas Act Up que lucharon en los 90 por conseguir una mayor visibilidad e implicación del gobierno y de las farmacéuticas en la lucha contra el SIDA.

Del estigma a la desinformación, al miedo y a la ocultación personal y social. Es una enfermedad que no se cuenta ni se trata desde los medios de forma apropiada, y de ahí dos síntomas que demuestran que el peligro a día de hoy en nuestras sociedades es, precisamente, no hablarlo. 

Por un lado, todavía hoy una buena parte de los diagnosticados, un 28%, no están tratados. De ellos hay una parte que es por no tener acceso a las medicinas (el SIDA se desarrolla mucho más en países africanos y asiáticos), pero otros es por no querer tratarse. Hay gente incluso que teme hacerse las pruebas por el mero hecho de que podría dar positivo. Una técnica del avestruz que sólo retrasa el tratamiento, permite la difusión y empeora las probabilidades de salir indemne. 

Por el otro, su ocultación de la conversación pública es abrirle el camino a su retorno. A día de hoy en Europa oriental y Asia central las nuevas infecciones por VIH han aumentado un 60% desde 2010 mientras que las muertes relacionadas con el SIDA han aumentado un 27%. Y según la OMS, el mayor grupo de riesgo son los jóvenes: unos 2.500 adolescentes de entre 10 y 19 años contraen la enfermedad cada día, y unos dos millones que conviven con ella. Esto es así porque socialmente ha disminuido la percepción de riesgo sobre la enfermedad, algo que vemos cuando hay más miedo entre los adolescentes al embarazo involuntario que a las ETS.

En resumen, nuestra visión colectiva del virus es que se trata de algo residual que no tiene casi nadie (lo cual es mentira y, además, está aumentando de nuevo su expansión), y que aquellos que lo tienen son enfermos peligrosos que, además, probablemente se lo hayan buscado.

Para tener VIH sólo hace falta haber mantenido una única relación sexual sin preservativo. Es todo lo que hace falta para que te hayas podido infectar. Es algo que podría pasarle a cualquiera y no es lógico, por tanto, la carga de culpabilidad que se sigue arrojando sobre estas personas. 

Sea portador o no Nacho Vidal, y más allá del hecho de que tal vez deberían cambiar algunas prácticas en los sets, su vida no cambiaría en absoluto. Así es como viven la mayoría de los 34 millones de personas con inmunodeficiencia que hay en el mundo. Así, con conocimiento, normalidad y comprensión, es como debería tratárseles.

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