Por qué "todas" las series de animación para adultos de las plataformas son la misma

Por qué "todas" las series de animación para adultos de las plataformas son la misma
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Un tuit se repite con precisión suiza una de cada tres veces que se lanza una nueva serie de dibujos en plataformas. Su expresión no varía mucho, a pesar de provenir de distintos puntos geográficos del planeta: “todas las series de animación para adultos son la misma”, dice el ofendido, en algunos casos puntualizando con algo más: “y además, ¿por qué son todas feísimas?”.

Tantas voces no podían estar equivocadas, así que hemos rastreado y hemos encontrado tanto un buen puñado de ejemplos como algunas explicaciones al fenómeno. El primer ejemplo reciente, el que con casi toda seguridad provocó el movimiento sísmico, fue Rick and Morty, creada por Justin Roiland y Dan Harmon en 2013 para Adult Swim. Sus cuatro temporadas, accesibles desde Netflix, funcionaron como un tiro para las audiencias adultas en busca de imaginación y mucha irreverencia y con un dibujo que, siendo generosos, podríamos definir como funcional.

Algunos de sus posibles hijos bastardos son Big Mouth (Nick Kroll y compañía, en su mayoría cómicos sin experiencia en animación), estrenada directamente en 2017 en Netflix; Paradise PD, de Waco O'Guin (vinculado a la animación en Comedy Central) para Netflix en 2018; Solar Opposites, de Justin Roiland (uno de los creadores de Rick and Morty) y Mike McMahan (uno de los guionistas y productores de Rick and Morty) para Disney+ en 2020; Star Trek: Lower Decks, de Mike McMahan (ídem) para Paramount+ en 2020; Hoops, de Ben Hoffman (cómico sin experiencia en animación) para Netflix en 2020; y ahora Chicago Party Aunt, proyecto basado en los comentarios de los gestores de una popular cuenta de Twitter para Netflix y de próximo estreno.

Por supuesto, no están todos los que son (por ejemplo, habría que pensar si metemos o no en el saco a F is For Family, a Duncanville y a The Prince) pero son todos los que están. Por supuesto, si te pones a contar, hay infinidad de series actuales de dibujos que se salen de esta corriente, porcentualmente más que las que puedan etiquetar como fotocopias “a lo Rick and Morty”. Por supuesto, la historia de la animación está repleta de fenómenos de éxito que provocaron sucedáneos primero y corrientes de estilo después. Dicho todo esto, sí, algo de verdad hay en que todas las series de “comedia de animación para adultos” de hoy son la misma.

Todo viene de Padre de Familia

Si bien Rick and Morty es un importante detonante de esta corriente, puede percibirse, como así perciben los aficionados a la animación por sus comentarios en redes sociales, una fuente directa de la que bebe esta categoría de contenido: Padre de Familia. La popularísima serie para Fox (y repuesta después en Adult Swin) y estrenada en 1999 fue creada por Seth McFarlane, artista multidisciplinar pero cuya afición a la animación tiene más que ver con el sketch sencillo que permita priorizar el humor hablado de sus personajes.

La fórmula, a vista está de todos, funcionó. El imperio de la familia de los Griffin retuvo las retinas de todos los aficionados a eso que se conoce como “animación cómica para adultos” durante décadas. Sin quererlo, marcó un estándar, una única forma de hacer las cosas dentro de un campo que, no hay que olvidarlo, por su propia naturaleza plástica tiene infinitas posibilidades expresivas. Padre de Familia optó por renunciar a todo lo que la animación podía ofrecerle. Hace muchos años Kyle Evans, aficionado al género, desentrañó su estilo y por qué tiene enormes carencias fijándose en uno de sus sketches, paradigma y ejemplo de todo lo que no nos gusta de los ripoffs consiguientes.

En “Mario rescata a la princesa” vemos a los personajes estirar durante un minuto y medio diferentes variaciones del mismo gag, que Peach no quiere besar a Mario. La animación de la escena “consiste casi en su totalidad en el mero movimiento de la boca de los personajes, con la ocasional animación rígida de cambio de poses”, que parecen programadas sin alma. Evans no da tregua, y opina que “este movimiento es banal y carece de cualquier expresión verdadera”, que no es solo que McFarlane sea un guionista “sin talento que se apoya en exceso en referencias de la cultura pop”, sino que apenas cuenta con “un único registro de escritura: repetir hasta la muerte la misma broma en una conversación incómoda de ida y vuelta, como si al hacer que nos cansemos de esa broma la hiciese más divertida”.

John Tones, crítico de cine en esta casa, coincide en parte del diagnóstico, el de la limitación en la animación de su estilo: “es muy fácil de hacer, es fácil de enseñar y no hace falta tener demasiado `talento’ como animador para poder copiarlo. Por eso se ha propagado esta corriente: es barata y sencilla”.

El relleno de las plataformas no se hace solo

En un reportaje reciente de Time se exploraba el panorama actual: “a medida que se intensifican las guerras del streaming, Netflix, Hulu y otros están invirtiendo millones de dólares en estudios y creadores de animación, con nombres destacados como Kenya Barris [guionista de tele de imagen real], John Mulaney [cómico del que se busca su doblaje de personajes] o Patton Oswalt [lo mismo] como talento al que se intenta atraer al mundo de los dibujos animados”. Cuenta la periodista de Time que, después del éxito de Big Mouth, Netflix abrió una división independiente de animación para adultos, y poco después todos los grandes competidores también echaron billetes en la pira de la producción de dibujos, intentando atrapar el “talento”.

Un estudio del que se hace eco The Cartoon Brew pone cifras al “agosto” que está viviendo la animación para adultos, una escena que dicen que en 2020 ha eclosionado: hay 103 series de este estilo anunciadas para 2021 cuando un año antes por estas fechas eran 50, y una parte de “desproporcionada” de ellas se valen de franquicias, spin-offs o reboots de productos conocidos e incluso muchas de las anunciadas son derivaciones de universos de videojuegos. La nostalgia, dicen en el reportaje de Time, es otro de los pilares esenciales por los que la gente se está enganchando a estas series y la razón por la que se hacen más de ellas. Que la gente, bajo su punto de vista, no quiere ver cosas demasiado diferentes, como podría ser el Primal de Genndy Tartakovsky.

Así que, recapitulemos: en palabras de John Tones, “quien defienda Padre de Familia lo hará por sus chistes, no visualmente. La animación limitada ahorra costes y unifica estilos, por lo que otros estudios pueden encargarse del trabajo y multiplicar la productividad. Por eso desde Big Mouth hasta Bojack Horseman nos encontramos con falta de profundidad de escenarios, colores planos y ese tipo de elementos feístas a los que aluden los famosos tuits”.

A estas ideas, los aficionados a la animación de foros tipo Reddit han querido encontrarle otra importante justificación a la ubicuidad del tropo visual: hacer entender rápidamente al espectador con qué producto se está topando. Ese dibujo pobre, feísta, es ya sinónimo de “animación para adultos con chistes zafios”, no de una serie con estilo clásico y bonito a lo Disney. Esto va a ser otro Rick and Morty u otro Padre de Familia, en esencia. Y ahí, cuanto más se parezcan mejor. En las economías de la era del contenido, los espectadores tienen una capacidad limitada de valorar diferentes opciones. Por eso también se parecen entre sí las series de animación rollo psicodélico a lo Hora de Aventuras, el otro gran subgénero que reina en plataformas. Por eso hay 300 apps de videojuegos con caras de señores gritando.

Lo que no se puede negar es que este tipo de animación adulta es hoy en día un subgénero feo, desagradable y de reducido valor visual, que prefiere apostar por potenciar otras áreas, como son los diálogos y los actores de doblaje. Si no se quiere, estupendo, pero si se quiere, hay margen de maniobra para mejorarlo: “el anime sufría también este problema de limitación presupuestaria”, nos explica Tones, “pero los creadores de anime encontraron en el hieratismo y la infraexpresividad una forma elegante de hacer las cosas, mientras que la sensación es que con la animación occidental no está siendo en todos los casos así”.

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