Reino Unido empezará a censar al colectivo LGTB. Hay quien teme que estos datos acaben en malas manos

Reino Unido empezará a censar al colectivo LGTB. Hay quien teme que estos datos acaben en malas manos
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LGTB Foundation, organización en favor de los derechos de este colectivo en Reino Unido, se congratula en Twitter ya que a partir de este mes Inglaterra y Gales conducirán el primer censo sobre personas gays, lesbianas, bis o trans. Serán, según la estadística, registrados y reconocidos. Los datos se usarán para estimar “el tamaño y localización de la población”, emplear de forma más eficiente el dinero destinado a sus causas, para identificar de forma precisa la desigualdad y otorgar recursos en, por ejemplo, “servicios sociales y de salud”.

Una conquista según la esfera anglosajona del debate LGTB, ya que llevaban años pidiéndolo. La batalla por la recolección de estas estadísticas por parte de la Oficina del Censo estadounidense ha llevado a mil y un campañas de activismo. Con el último gobierno republicano se detuvo el inicio de este proceso, y muchos miembros ven ahora una oportunidad de que con Biden se terminen de establecer de forma permanente estos registros.

Las minorías sexuales y de género pelean por ello en estos lares porque, desde su punto de vista, la no representación oficial ayuda a la minimización de su espacio demográfico. Muchos conservadores no quieren dejar constancia con que hay en torno a un 4.5% de gente LGTB, mucho menos si, además, se descubre gracias a las encuestas que esta población crece en detrimento de la cis hetero.

Pero los activistas europeos no lo ven igual. A cualquiera que haya recibido una educación sobre el nazismo le saltan las alarmas rápidamente con la idea de la creación de una lista o un censo de gente LGTB. Durante el régimen hitleriano, de entre aquellos que habían infringido la ley contra la homosexualidad al menos una décima parte acabó en los campos de concentración, ya que la existencia de estas personas atentaba contra los valores estatales (se creía que como no contribuían al correcto crecimiento de la población aria por no tener hijos y fomentar las conductas homosexuales no merecían formar parte de la sociedad). Además las policías locales manejaron durante años "listas rosadas" con los homosexuales detectados en las zonas para reprimirlos o someterlos a programas de reeducación.

El riesgo también estaría en casa. En los años 40, y después de Pearl Harbor y por el miedo a la infiltración nipona doméstica, el congreso permitió que los datos recopilados sobre origen nacional y raza por la Oficina del Censo perdiesen la condición de confidencialidad estadística, lo que significó que miles de ciudadanos de la costa oeste se pasaron la guerra en campos de concentración. Con el 11S hubo otro conato de divulgación censal: el Departamento de Seguridad Nacional pidió al mismo organismo la ubicación de todos los musulmanes estadounidenses que viven en los Estados Unidos para ponerles en constante seguimiento informático, aunque en este caso triunfó la privacidad.

¿Cuánto de nuestra identidad debemos revelar? Hay voces de estos colectivos que piden mayor reconocimiento y visibilidad, diciendo que no hacerlo les “borra” de la sociedad. Hay quien dice que deberíamos tomar el camino contrario, eliminar el mayor número de categorizaciones individuales posibles. Abogan, por ejemplo, por que en lugar de mantener tres casillas de género en los DNIs, como pasa ya en Alemania, no tengamos ninguna y nadie sea “hombre”, “mujer” u “otro”.

Por otra parte, ¿no ocurre que, a día de hoy, si alguien quisiera identificar a un colectivo tiene más herramientas que nunca para hacerlo? Una buena parte de la sociedad deja rastro de su identidad en la red, y esto puede derivar en que, por ejemplo, se señale a Facebook como responsable parcial en la limpieza étnica de la minoría rohingya por el ejército birmano. Por este incidente Facebook decidió dejar de almacenar sus datos en países que cometan violaciones de los derechos humanos, pero, como han señalado los críticos, su tarea no ha sido impecable, y sigue alojando sus datos de Asia en Singapur, precisamente un sitio donde se reprime al colectivo LGTB.

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