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La Sirenita ahora es negra, y es cuestión de dinero: Disney ha encontrado un filón en las minorías

La Sirenita ahora es negra, y es cuestión de dinero: Disney ha encontrado un filón en las minorías
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Disney acaba de hacer pública su última apuesta por la acción real: el remake de 'La Sirenita'. El marketing de la nostalgia se consolida con la conversión de clásicos de animación en películas protagonizadas por personas de carne y hueso. Para no perder la costumbre, el anuncio de la actriz que dará vida a Ariel viene acompañado de la polémica de rigor a la que últimamente Disney nos tiene acostumbrados. Si has visto que Pocahontas es trending topic y no entiendes nada, te desglosamos qué ha pasado.

Halle Bailey. Es la actriz elegida para dar vida a Ariel, la sirena que pierde la voz al sustituir su cola de pez por el par de piernas que necesita para perseguir al anhelado príncipe azul. La actriz y vocalista del dúo musical Chloe x Halle, amadrinado dentro del sello discográfico de Beyonce, estuvo nominada junto a su hermana Chloe al Grammy por artista revelación el pasado año. A juzgar por la polémica, su curriculum y aptitudes han pasado a un último plano porque es negra y no pelirroja.

Ariel será negra. He aquí el quid de la cuestión y del problema para muchos. Disney ha optado por cambiar la apariencia del personaje animado en pro de apostar por el talento de Halle Bailey y mejorar las estadísticas del número de actrices protagonistas que son negras (tan solo el 14% en 2016). Pero ¿en qué afecta este cambio a la película de animación?

Realmente no tiene por qué variar nada en concreto. Que Ariel sea negra solo modifica parte la puesta en escena y el diseño de los elementos promocionales donde no veremos a una mujer blanca y de pelo rojizo. Narrativamente tampoco deberíamos notar ninguna diferencia en el desarrollo de las tramas. Si los guionistas siguen la historia al pie de la letra, Ariel se quedará muda por amor tanto si es negra como si es blanca.

División de opiniones. En apenas unas horas, Disney ha conseguido que la noticia se convierta en trending topic ocupando dos hilos de debate diferentes (#lasirenita y #pocahontas). Los seguidores del clásico no comparten la decisión de la empresa a quien, en algunos casos, demandan más coherencia. Es decir, si en películas como 'La Bella y la Bestia' se busca la similitud desde el tipo de planos hasta la apariencia física de los personajes ¿por qué tomar está decisión con Ariel? se preguntan algunos.

Y es que parte del encanto del marketing de la nostalgia consiste en revivir un momento del pasado, de ahí que muchos seguidores no aprueben la elección de la nueva actriz. En los cines no se encontrarán con la misma película que vieron cuando eran niños porque el aspecto de la sirena con la que generaron recuerdos, ahora es otro. De hecho, los más indignados han promovido el hashtag #pocahontas donde alegan que si Ariel va a ser negra, la princesa india debería ser albina.

Rentabilidad. En la última década, Disney ha ido poco a poco cambiando la imagen de sus princesas eliminándoles el filtro "damisela en apuros" y aportándoles más acción y peso en la trama. Mérida, Moana o Elsa y el éxito de las películas que protagonizan reafirman que la estrategia funciona, básicamente, porque los padres de ahora no son los padres de hace 30 años. Por lo tanto, no es casualidad que Frozen sea la película más vista de la historia de la animación y que Disney trate de repetir esa fórmula.

Capitana Marvel, Wonder Woman o Black Panther buscan precisamente contar historias a través de voces que durante años han estado relegadas en la industria. Y les funciona por dos razones: por un lado porque la audiencia está cansada de ver siempre la misma historia y, por el otro, porque al igual que hay un colectivo que aplaude este tipo de decisiones hay otro que las rechaza. ¿Resultado? Polémica y titulares que sirven como publicidad para películas que luego resultan ser taquillazon: Black Panther 1,344 miles de millones de dólares y Capitana Marvel 1,128.

La moda de las minorías. Netflix fue pionera en dar papeles protagonistas a mujeres y hombres negros, introduciendo un debate que llevaba a que la audiencia se preguntase: ¿Por qué hasta ahora no lo veíamos con tanta frecuencia? Y, claro, al darse cuenta de que no solo era una cuestión de cumplir cuotas, sino que además funcionaba porque la audiencia lo demandaba, empresas como Disney han continuado por esta misma senda.

Lo curioso es que la factoría de animación suele jugar a dar una de cal y otra de arena en este aspecto.

Por ejemplo, blanquean la imagen de la princesa Tiana en la película Ralph rompe internet, pero después posicionan a Aladdin como una película que es interpretada por dos protagonistas que hacen justicia a la parte oriental de la trama (Mena Massoud es egipcio y Naomi Scott es hija de una mujer hindú) y la jugada, de nuevo, no les salió mal: en la India, Aladdin superó en espectadores a los otros dos estrenos bollywoodienses que salieron el mismo día. Y no solo eso, si comparamos los resultados de Aladdin con el otro remake nostálgico del año, confirmamos la tendencia de las minorías funcionan en caja: Aladdin obtuvo 880 millones de dólares mientras que Dumbo se quedó en 350.

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