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Tener menos hijos no salvará el planeta: el debate en torno al antinatalismo y la sostenibilidad

Tener menos hijos no salvará el planeta: el debate en torno al antinatalismo y la sostenibilidad
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Hace tan solo unos meses, 11.000 científicos señalaban el control de la natalidad como una de las soluciones más eficaces para combatir el cambio climático, una tendencia antinatalista iniciada hace un par de años y que la pasada primavera cristalizó dando forma a la denominada huelga de nacimientos en Reino Unido. Cada vez son más las mujeres que deciden incorporar la no maternidad en su compromiso por reducir su huella de carbono. Ahora, un grupo de emprendedores y empresarios debate esta idea y asegura que si en el futuro vivimos en un contexto cero emisiones, reproducirse no será un problema.

Niños, sí. Un reciente estudio publicado por la asociación de emprendedores Founders Pledges asegura que tener hijos no es perjudicial para el cambio climático, siempre y cuando a la hora de realizar tal evaluación, se tengan en cuenta los objetivos climáticos que los países han fijado para las próximas décadas. Según sus cálculos, a medida que las políticas gubernamentales conduzcan a la sociedad a un estilo de vida más sostenible, la huella de carbono de los futuros hijos y nietos del planeta se mitigará.

Sin embargo, su análisis no se centra solamente en evaluar los efectos de tener o no tener hijos, presta también atención al peso que tienen las decisiones individuales que hacemos como miembros de una sociedad: volar o no volar, comer carne o no, etc.

¿Demasiado optimismo? Teniendo en cuenta que no traer un hijo al mundo evita emitir a la atmósfera 58,6 toneladas de CO2, los investigadores ponen sobre la mesa un escenario futuro mucho más verde, donde tener descendencia no sería un problema ambiental si los coches fuesen eléctricos y las energía limpias. Sin embargo, este contexto solo es viable si se cambia el modelo económico mundial por otro sin combustibles fósiles.

Para que su hipótesis no suene a utopía, desde Founder Pledge alegan que las emisiones de carbono por persona están disminuyendo. Además, sostienen que está aumentando el compromiso de los gobiernos por crear un mercado del CO2 que permita poner coto a la industria y descarbonizar la economía. Esto último es más discutible si tenemos en cuenta que tan solo el 16% de los países están cumpliendo el Acuerdo de París.

Beneficencia climática. "Donar 1.000 dólares a organizaciones benéficas climáticas equilibraría el impacto de tener un hijo" o, al menos, eso asegura el estudio anterior. Según sus cálculos, apoyar a organizaciones implicadas en frenar la deforestación o minimizar la contaminación del aire, tiene el mismo efecto que "ahorrarse" tener un hijo. Dicho de otra forma, donar esa cantidad de dinero ahorraría el impacto de 100 toneladas de CO2. Aun así y siendo responsables del efecto de tales afirmaciones, desde Founders Pledge sostienen que sus premisas "no deben tomarse al pie de la letra debido a que hay varias incertidumbres que fluyen en el análisis".

Debate. Todo lo anterior contradice la tendencia antinatalista actual que, además, fue refutada hace unos meses por 11.000 científicos que esgrimieron las principales razones por las que traer más humanos al mundo es perjudicial. Según su punto de vista, es incompatible reducir el consumo global manteniendo un índice de reproducción en torno a 200.000 personas al día. Si queremos coger menos aviones, consumir menos alimentos y bienes materiales tenemos que ser menos". Bien es cierto que en esta misiva no se contempla el escenario de la descarbonización de la economía.

Conclusiones. Ambos estudios son la cara y la cruz de una misma moneda que plantea soluciones a un problema global como es la contaminación y la crisis climática. Mientras el estudio de Founders Pledge confía en las políticas gubernamentales, la misiva científica apela a un cambio en el comportamiento humano para, en último término, conseguir sortear los cambios que se avecinan.

Por su parte, durante los 14 días que duró la COP25, los 198 gobiernos que asistieron no consiguieron llegar a un acuerdo que los comprometiese a reducir sus emisiones, lo que desplaza la pelota al tejado de la próxima cumbre.

Imagen: Manuel López/Unsplash

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