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Los Ángeles ha logrado crear un atasco infinito y monstruoso por Acción de Gracias

Los Ángeles ha logrado crear un atasco infinito y monstruoso por Acción de Gracias
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En muchos sentidos, Los Ángeles representa el sueño y la pesadilla americana: una ciudad construida contra la densidad que se expande y expande hacia el infinito gracias a la ubicuidad del coche.

Anoche, con motivo de los miles de desplazamientos que están teniendo lugar en Estados Unidos a propósito del Día de Acción de Gracias, el sueño tornó en una estética, bella pesadilla. A lo largo de la autopista 405 se congregaron miles (¿millones?) de coches, por la noche, en un desfile de altísima impronta visual. Se trata del atasco más descomunal y monstruoso que han visto nuestros ojos, y estas imágenes de la ABC, tomadas desde un helicóptero y abriendo zoom, dan fe de su asombrosa escala.

"¿Autopista 405? Sí, porque tardas en cruzarla entre cuatro y cinco horas". La vía, que cruza el corazón de la megalópolis, es una de las más congestionadas del país. Sólo en Acción de Gracias se prevén 48 millones de desplazamientos en todo Estados Unidos.

Los atascos son muy habituales en ciudades como Los Ángeles. Fundamentalmente, por el "commute", el verbo que los estadounidenses utilizan para definir su trayecto del trabajo a casa y de casa al trabajo. Las ciudades americanas representan como pocas el imperio del coche. La infinita red de carreteras y un muy pobre sistema de transporte público provoca que todo el mundo conduzca. En días como el de ayer, cuando media ciudad se lanza a la carretera, el resultado es casi difícil de creer.

Sin embargo, es muy real, y habla de los problemas de espacio y de movilidad que generan tantos coches en las ciudades. Una autopista de casi ocho carriles por dirección, saturada a lo largo de kilómetros y kilómetros de extensión. ¿Cómo solucionarlo? La idea típica consiste en hacer más autovías, pero hay diversos estudios que demuestran que, lejos de descongestionar el tráfico, crear más vías de circulación invita a más conductores a echarse a la carretera.

Los atascos son infinitos, y Los Ángeles acaba de demostrarlo.

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