La purpurina ha vuelto a ponerse de moda justo cuando hay consenso sobre su impacto: debe morir

La purpurina ha vuelto a ponerse de moda justo cuando hay consenso sobre su impacto: debe morir
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La purpurina está en cientos de objetos y productos. Todo, desde las decoraciones navideñas hasta el maquillaje o el esmalte de uñas, salpican brillos de colores. Puede ser fascinante si la vemos en un episodio de Euforia, resaltando con luces de neón de fondo. Pero en realidad hay otra historia más triste detrás. No solo se adhiere con facilidad a cualquier superficie, incluso a nuestra piel y la ropa, si no que desgraciadamente también llega a todas partes: al medioambiente, a los ríos y mares, a las nubes, a nuestros pulmones.

La purpurina es en realidad un microplástico mortal. Y su huella es mucho más grande de lo que nos imaginábamos.

¿Qué es la purpurina en realidad? Una mezcla de varias cosas: microplásticos, celulosa, mica o vidrio. Se puede colorear fácilmente y tratar químicamente a bajo coste para que brille. Algo parecido a las perlas de microplástico que muchos países prohibieron en exfoliantes y pastas de dientes (qué brillante se veía... y qué peligroso) en un esfuerzo por frenar la contaminación. Básicamente porque contiene partículas de plástico minúsculas e imperceptibles, pero sobre todo, no biodegradables. El plástico se va por el desagüe y no desaparece nunca.

No hay cifras sobre la cantidad de purpurina que se usa anualmente en el mundo, pero sabiendo que un solo desfile navideño se usan fácilmente 70 kilos de ella, nos podemos hacer una idea de por qué es algo alarmante.

Los microplásticos, ese gran problema. Cientos de estudios llevan años enfatizando el impacto que tienen en el medio ambiente. Uno de 2020 sugería que los microplásticos pueden volar y agolparse en las nubes. Y, literalmente, llover, en áreas naturales protegidas. En otra investigación, la agencia científica nacional de Australia descubrió que entre 9,25 y 15,87 millones de toneladas de microplásticos están depositadas en el fondo marino. Se han encontrado en glaciares del Ártico y en el vientre de las ballenas. Incluso los humanos ingerimos 5 gramos cada semana.

Purpurina vs medioambiente. Un estudio reciente publicado en el Journal of Hazardous Materials concluyó que la purpurina daña la ecología de los ríos y lagos. "Después de un solo uso, miles de pequeñas motas pueden pasar a las aguas o al suelo y acumularse en el medio ambiente. Esas motas de purpurina permanecerán intactas durante siglos”, explicaba Meral Yurtsever, profesor de ingeniería ambiental en la Universidad de Sakarya en Turquía, en este reportaje de Allure.

En el océano, los microplásticos pueden confundirse con huevos de peces e ingerirse por la fauna marina. Estas diminutas partículas se quedan atrapadas en el estómago, causando desnutrición y pérdida de peso. Todo se refleja luego en tasas de alimentación reducidas y tasas de reproducción más bajas en algunas especies.

También para la salud. Una auditoría de más de 100 productos de maquillaje sugería que el 32% contenía microplásticos, que aparecen detrás como tereftalato de polietileno (PET). ¿Y eso que implica? Pues sabemos desde hace años que los químicos dentro de los plásticos pueden tener impactos negativos en la salud humana, desde cáncer hasta problemas relacionados con la reproducción, como la motilidad de los espermatozoides y la viabilidad del embarazo.

Soluciones. Algunas marcas han comenzado a tomar medidas en los últimos años. En 2021, varias tiendas británicas como Morrisons, Waitrose y John Lewis anunciaron que ya no iba a haber purpurina en sus productos navideños, ni en cajas de galletas, ni en las bolsas, ni en envoltorios de regalo. En 2018, 61 festivales de música prohibieron a los asistentes usar purpurina y la marca de cosméticos Lush reemplazó la suya en los productos de baño con sustitutos biodegradables. Supermercados como Aldi también han decidido quitarla de los productos.

La mica, un mineral que brilla, parecía una alternativa a la purpurina. Pero hace poco se descubrió que la mayoría de ella proviene de minas indias ilegales que utilizan mano de obra infantil. Como resultado, a Lush se le ocurrió una mica sintética que, según la empresa, no es dañina para el medio ambiente. Sin embargo, aquel estudio que comentábamos antes hace hincapié en que tanto la de PET convencional o no biodegradable como la alternativa hecha de celulosa o mica siguen teniendo un efecto negativo en los ecosistemas. La solución más fácil es la que todos pensamos: decirle adiós a la purpurina, aunque el mundo brille un poquito menos.

Imagen: Pexels

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