Reino Unido quiere cambiar su sistema métrico por libras y onzas. Y no es una buena idea

Reino Unido quiere cambiar su sistema métrico por libras y onzas. Y no es una buena idea
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Cuando los británicos votaron para abandonar la Unión Europea, muchos lo hicieron debido a supuestas preocupaciones sobre el futuro de la Unión, sobre su integración económica o la inmigración. Otros querían revertir los pasos que habían dado durante las últimas décadas. Hasta tal punto, que incluso los planes de adoptar el sistema métrico y abandonar las medidas imperiales se convirtieron en una causa célebre para los euroescépticos, descontentos por la intrusión de Bruselas en la vida británica.

Han pasado 200 años desde que Napoleón renució a su plan para convertir su imperio a unidades métricas, pero hoy los británicos siguen siendo los únicos que se aferran al pasado. Ahora quieren abandonar nuestro sistema métrico de una vez por todas. Y podría no ser la mejor idea.

¿Qué está pasando? Desde 1995, los productos vendidos en Europa han tenido que mostrar las medidas en sistema métrico, pero para apaciguar el clamor público en el Reino Unido, se permitieron usar otras medidas en los paquetes. En 2001, sin embargo, se implantó una nueva norma por la que cualquier verdulero de Sunderland era condenado por violar las reglas de la UE que prohíben la venta de frutas y verduras en libras y onzas.

Ahora, 20 años después, Boris Johnson quiere cumplir su promesa de reivindicar la causa del “mártir métrico” al anunciar el regreso de los pesos y medidas imperiales. Según sus planes, volverá a ser legal que los puestos de mercado, las tiendas y los supermercados vendan sus productos utilizando únicamente el sistema de medida tradicional de Gran Bretaña.

Viene de lejos. En un caso que el juez describió como “el racimo de plátanos más famoso de la historia legal”, Steven Thoburn fue condenado en 2001 por dos delitos de violación de la Ley de Pesos y Medidas. Fue arrestado por policías que se infiltraron para comprarle plátanos por valor de 34 peniques, los cuales pesaron con medidas imperiales. El caso se convirtió en una causa célebre entre los incipientes brexiteers. “¿Por qué estamos coaccionando a los británicos para que utilicen las medidas de Napoleón, cuando el sistema imperial sobrevive y prospera en Estados Unidos, la economía más exitosa del mundo?", escribió Johnson aquel año.

Sin embargo, una encuesta de YouGov mostró hace bien poco que sólo el 45% de los británicos están a favor de vender en medidas imperiales.

El "falso" sistema imperial de EEUU. Y aunque para algunos existe algo de nostalgia por el pasado, muchos estarían de acuerdo en que es un sistema más complicado: el sistema métrico comprende unidades que siguen un patrón decimal, por lo que un kilogramo equivale a 1.000 gramos, lo que lo hacía más lógico. Bajo el sistema imperial, las relaciones entre unidades no son tan simples. Había 16 onzas en una libra, 14 libras en una piedra, ocho piedras en un quintal y 20 quinientos en una tonelada.

A menudo se dice que EEUU es el único país desarrollado que no usa el sistema métrico, pero tampoco usa el sistema imperial. Utiliza un conjunto de medidas similar pero no idéntico. Por ejemplo, un quintal en Gran Bretaña es de 112 libras, pero la misma unidad es de 100 libras en Norteamerica. Además, el sistema métrico nunca se ha implementado completamente en el país británico. Las señales de tráfico muestran distancias en millas y yardas, los pubs sirven pintas de cerveza, las pintas de leche se entregan puerta a puerta en botellas de vidrio y los metales preciosos todavía se venden en onzas troy.

¿Y los problemas? Además, la mala conversión métrica ha causado desastres a lo largo de la historia en casi todos los sectores. Aunque la NASA declaró el sistema métrico como su sistema de unidades oficial en los 80, el Mars Climate Orbiter, destinado a transmitir información a la Tierra, demostró que pueden existir problemas de concordancia entre unidades. Cuando la nave viajó al espacio en 1998, debería haber entrado en órbita a una altitud de 150 km sobre Marte, pero en cambio se acercó a 57 km. Este error de navegación ocurrió porque el software que controlaba la rotación de los propulsores de la nave no estaba calibrado en unidades SI.

La nave esperaba newtons, mientras que el ordenador, que no fue diseñado adecuadamente, funcionaba en libras. La fricción y otras fuerzas atmosféricas destruyeron el Mars Climate Orbiter. El proyecto costó 300 millones de euros. Otro caso relacionado con la NASA fue el del proyecto Constellation. Trabajó con diseños antiguos como el cohete Ares y la cápsula de la tripulación Orion. Estas figuras y planos estaban enteramente en unidades imperiales británicas. Convertir este trabajo en unidades métricas costó aproximadamente 350 millones de euros.

Disneyland Tokio o el Vuelo 143. La montaña rusa Space Mountain de Tokyo Disneyland se detuvo repentinamente en 2003. Este incidente se debió a la rotura de un eje, que se fracturó porque era más pequeño que el requisito del diseño. Aunque la montaña rusa descarriló, no hubo heridos. Una vez más, los sistemas unitarios provocaron el accidente. En septiembre de 1995, las especificaciones de los ejes y cojinetes de la montaña rusa se cambiaron a unidades métricas. En agosto de 2002, sin embargo, los planes de la unidad imperial británica anterior a 1995 se utilizaron para pedir ejes de 44,14 mm en lugar de los ejes de 45 mm necesarios.

Y otro caso desesperante: Un avión Boeing 767 de Air Canada disminuyó su suministro de combustible solo una hora después de su despegue en 1983 cuando el sistema de indicación del avión no funcionó como debía. El equipo de mantenimiento recurrió a cálculos manuales para alimentar la nave. Sabían que se necesitaban 22.300 kg de combustible y querían saber cuántos litros debían bombearse. Usaron 1,77 como su relación de densidad al realizar sus cálculos. Sin embargo, 1,77 se dio en libras por litro, no en kilogramos por litro. El número correcto debería haber sido 0,80 kg/litro. No llenaron ni la mitad del depósito.

En España también hemos vivido problemas de compatibilidad. El ancho de vía ha sido un quebradero de cabeza para el ferrocarril español. Para que os hagáis una idea: 1.672 mm es el ancho español; 1.668 mm, el ancho ibérico; 1.435 mm, el ancho internacional; 1.445 mm, el ancho madrileño... El ancho ibérico, por ejemplo, establecido en 1955, ha supuesto un grave problema de conexión con el resto de Europa, en donde el más usado es el ancho internacional. ¿Cómo y por qué?

En 1844, se publicó un estudio de viabilidad de la construcción de un ferrocarril en la Península Ibérica. En el informe Subercase se estableció que el ancho de vía debería de ser de 6 pies castellanos (1.672 mm). Era una aproximación a la española del ancho de 5 pies y 6 pulgadas (1.676 mm) inventado en el Reino Unido. La elección de este ancho de vía se realizó debido a que, en teoría, permitiría tener a las locomotoras de vapor una caldera de mayor tamaño por lo que tendrían más potencia para enfrentarse a la difícil orografía española.

Aunque rápidamente se vio que el razonamiento de la potencia de las locomotoras no era válido y la mayoría de ferrocarriles europeos establecieron los 1.435 mm como estándar, en la Ley General de Ferrocarriles de 1855 se mantuvieron los 6 pies castellanos. Un enorme error histórico que ha dificultado enormemente la circulación de trenes entre la Península Ibérica y Francia. No obstante, salvo en la actual línea 1 del metro de Barcelona, jamás fueron empleados. Sí. La influencia británica hizo que en la práctica en España se construyeran ferrocarriles a 1.674 mm.

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