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A falta de espacio en tierra firme, Rotterdam está construyendo una granja de vacas en el mar

A falta de espacio en tierra firme, Rotterdam está construyendo una granja de vacas en el mar
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Países Bajos es un viejo campeón de la maximización del espacio. Nación acostumbrada a pleitear con los océanos desde su despertar tecnológico, los habitantes del pequeño país se arrinconan en una megalópolis continuada y gigantesca de 16 millones de habitantes. El espacio rural, a menudo, escasea, por lo que el ingenio se agudiza. En ningún otro lugar podría imaginarse tan imaginativa solución a la ganadería del mañana: una granja de vacas construida sobre el mar.

Sucederá en Rotterdam.

¿Qué? El proyecto surge del interés técnico y mediático de Beladon, una compañía fundada por Peter Beladon con diversos proyectos entre Europa, Asia y América. Todos ellos destacan por solucionar un problema ancestral del ser humano: ¿cómo construyo cosas sobre el líquido elemento? Gracias a su experiencia en construcciones más elegantes, como hoteles o terminales, Beladon obtuvo el suficiente conocimiento como para lanzarse al siguiente nivel. Una granja donde 40 vacas vivirán y serán explotadas para la producción láctea.

¿Dónde? En el gigantesco, fascinante puerto de Rotterdam. La ciudad es uno de los mejores ejemplos de aprovechamiento del espacio y de urbanismo funcional, y su puerto el más activo de Europa. En Países Bajos el agua sobra, y se domina a su antojo. Sobre el cauce del río Mosa, la granja se elevará al lado de tierra firme sobre una estructura de cemento de tres plantas. A salvo de las mareas y del oleaje, que podría marear a los animales, ya está en camino.

¿Cómo? Cuando esté finalizada, desde el exterior resultará como poco llamativa. Edificada en vertical, la granja dedicará cada planta a una tarea. La superior servirá a modo de invernadero, reutilizando el dióxido de carbono para crecer productos de los que puedan alimentarse las vacas. En la intermedia pacerá el ganado, y diversos robots se encargarán de su alimentación y de la limpieza del suelo (excrementos y orina). En la tercera se procesará la leche fresca extraída de las ubres de los animales, y se distribuirá diariamente entre los vecinos de Rotterdam y alrededores.

¿Por qué? Según Beladon, porque de este modo se maximiza el espacio, se acortan las líneas de distribución (la leche y los lácteos se producen en la propia ciudad) y se contribuye a la sostenibilidad medioambiental. Todo será reutilizado: los excrementos para granjas cercanas; la urina purificada para abonar alfalfa y pastos; y los cultivos mimados en la tercera planta para alimentar al ganado. En un espacio de escasos 1.000 metros cuadrados, la empresa aspira a producir unos 800 litros de leche diarios. Maximizar el terreno, sí, y también la producción.

¿Es raro? La idea de edificarla sobre el agua sí (y más llamativa que otra cosa: la granja será transparente de puertas hacia afuera, de tal modo que se podrá observar a las vacas en su día a día; los animales dispondrán de una rampa para pasear en un campo adyacente en tierra firme; todo muy futurístico), la idea de maximizar el ciclo de la naturaleza en una granja vertical no. Hay ejemplos a docenas, todos ellos hiperproductivos y abanderados de la sostenibilidad.

Es una tendencia a medio y largo plazo lógica: uno de los grandes problemas de la humanidad es la cantidad de espacio dedicado a la producción agropecuaria. A los pastos para el ganado. Un sistema como el de Rotterdam busca neutralizar tan acuciante cuestión en un espacio, según ellos, digno para las vacas (lejos de la imagen de las granjas industriales) y que resuelve un problema crucial para el futuro humano: cómo alimentar a las megalópolis del mañana del modo más eficiente.

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