El ábaco mental, la técnica matemática que utilizan los alumnos asiáticos para multiplicar sin calculadora

El ábaco mental, la técnica matemática que utilizan los alumnos asiáticos para multiplicar sin calculadora
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Hace unos días, un vídeo empezó a compartirse en Twitter. En él se mostraba una clase repleta de alumnos y, frente a la cámara, uno de ellos realizaba cálculos matemáticos a una velocidad impresionante mientras alzaba y movía su mano. ¿Qué estaba haciendo aquel niño en realidad? Estaba usando un ábaco mentalmente. Se trata de un método adquirido en muchos centros de enseñanza de China para resolver problemas aritméticos y, aunque a nosotros los occidentales nos pueda parecer pura fantasía, los estudios llevan investigando el fenómeno durante años.

El ábaco es uno de los dispositivos de cálculo aritmético tradicional más antiguos del mundo. Se inventó en China hace más de 800 años y fue ampliamente utilizado en el Asia medieval y premoderno para el cálculo rápido y preciso: una herramienta indispensable en las transacciones comerciales que permite realizar desde sumas, restas, multiplicaciones, divisiones e incluso cálculos de raíces. Pero debido a la llegada de productos electrónicos para el cálculo, como calculadoras y ordenadores, ha dejado de usarse en trabajos profesionales que requieren aritmética.

No obstante, el ábaco sigue siendo usado en diferentes lugares del mundo, principalmente en países que sobresalen en las evaluaciones internacionales de educación como Singapur, India, China y Japón; y no por puro capricho, sino porque han demostrado que este instrumento ofrece ventajas a nivel de velocidad y precisión. Hay dos maneras de usar el ábaco: la manera tradicional, con el instrumento material; y el ábaco mental, una técnica que simula con las manos su movimiento y permite hacer las operaciones mentalmente mediante la manipulación de un ábaco imaginario. Esto es lo que veíamos en aquel video.

Y hay incluso olimpiadas basadas en este método. Es, simplemente, alucinante de ver:

Esta habilidad se denomina AMC (Abacus-based Mental Calculation) y se puede adquirir mediante un entrenamiento intensivo. Durante la capacitación, se instruye a los estudiantes para que memoricen los principios visuales de las operaciones del ábaco; luego se les enseña a realizar cálculos operando cuentas en un ábaco físico; después de una práctica prolongada, pueden deshacerse del objeto y aprender a manipular las cuentas de ábaco imaginarias en sus mentes moviendo los dedos en el aire. Al final, pueden incluso realizar AMC lo más rápido posible sin apenas movimientos reales de los dedos.

Recientemente, un número creciente de estudios psicológicos han investigado los beneficios cognitivos potenciales de este tipo de prácticas, y la mayoría sugieren que el entrenamiento AMC puede ser una herramienta prometedora para promover la cognición. Además, al igual que otros programas de entrenamiento cognitivo, también se ha probado que el cálculo por AMC produce cambios funcionales y estructurales en el cerebro que pueden explicar las mejoras conductuales en la función cognitiva.

Un grupo de psicólogos de las universidades de Harvard y Stanford publicaron un estudio en la revista Child Development. Una investigación de tres años que ofrecía datos muy interesantes sobre los beneficios del ábaco. El equipo estudió a 183 niños de entre cinco y siete años de edad en una escuela en la India. A todos se les aplicó un test preliminar para conocer sus habilidades cognitivas y aritméticas y les separaron aleatoriamente en tres grupos: un grupo recibió tres horas a la semana de entrenamiento con el ábaco (al principio con el ábaco físico y luego con el ábaco mental); el segundo grupo recibió tres horas de tutorías en matemáticas después de la escuela; y el tercer grupo recibió mitad y mitad de las tutorías.

Al cabo de tres años, los psicólogos volvieron a realizar pruebas cognitivas y aritméticas y compararon los resultados con los anteriores. Concluyeron que los niños que recibieron entrenamiento con el ábaco mental habían mejorado sus habilidades matemáticas, de cálculo, de aritmética y de comprensión conceptual en gran medida. En general, sobrepasaron a todos aquellos que recibieron las tres horas de tutoría tradicional.

Teniendo en cuenta que la formación de AMC se puede aplicar fácilmente en el entorno escolar y en la vida diaria, pueden existir más ventajas en la promoción y aplicación que muchos programas de formación cognitiva limitados por un entorno de laboratorio no ofrecen. Quizás sea hora de desempolvar esta vieja herramienta de enseñanza y volver a usarla. O, si podemos lograrlo, imaginarla.

Imagen: CMA Singapur

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