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La debacle total del aceite "Made in Italy": 2019 será el segundo peor año en casi un siglo

La debacle total del aceite "Made in Italy": 2019 será el segundo peor año en casi un siglo
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“Salviamo olivicoltura italiana”, uno de los lemas en una pancarta en la manifestación de los chalecos naranjas en Roma. Estos “gilet arancioni” también han estado en otras regiones en los últimos meses, como en su reunión en Bari, capital de Apulia, el pulmón olivarero nacional que produce casi la mitad de todo el aceite del país… hasta estas últimas fechas. La caída de la cosecha es de casi el 90% en comparación con la recaudada año pasado. Una situación dramática que se traduce en cientos de miles de empleos.

Otro "annus terribilis": el sector oleícola italiano no levanta cabeza. Confagricoltura, la organización agraria que lleva los análisis anuales, ha apuntado que 2019 va a ser el peor momento de la industria nacional de los últimos 25 años. La realidad puede ser aún peor: por un lado sólo en 1990 la producción fue menor, de 163.000 toneladas comparadas con las 215.000 previstas para este año. Pero es que Italia venía de hacer 600.000 toneladas en 2008 y ha ido cayendo casi progresivamente desde entonces. Pese a que la agricultura no es una ciencia exacta y hay temporadas mejores que otras, la última década ha dejado su negocio por los suelos.

La cuna del aceite no tiene ni para la demanda interna: Italia es conocida en el mundo entero por su producto olivícola, pero a día de hoy pesa más la leyenda que la realidad, ya que Grecia, Túnez y, sobre todo, España. Italia produce ahora mismo casi lo mismo que Portugal, para hacernos una idea. Eso sí, pese a que se está diciendo que ahora, por primera vez, Italia dependerá de las importaciones para hacer frente a su demanda, esto ha sido así en muchos años anteriores y no es un escenario nuevo. Esto se debe, en parte, a que la demanda interna de aceite de oliva no ha dejado de crecer

Una dañina bacteria: Salento,  Lecce, Taranto,  Brindisi... Multitud de regiones oliveras cuentan ahora con vastas cantidades de hectáreas ocupadas por cementerios de olivos. En torno a 4 millones de estos árboles han muerto por culpa de la Xylella fastidiosa, y el drama es triple: por un lado, los árboles jamás se recuperan. Por el otro, la bacteria no para de extenderse.  Y además, los responsables han sido incapaces de detener el patógeno con repetidos fallos que podrían haber sido evitados.

Y el cambio climático: porque el descenso directo causado en el último año se debe principalmente a las heladas de finales de febrero y al mal tiempo que ha afectado a Italia en las últimas semanas, condiciones climáticas que no son naturales del mediterráneo y que nos alertan del porvenir ambiental: anomalías climáticas y cambios bruscos e impredecibles.

Y mientras tanto, el triunfo de España: a día de hoy nuestro país se convierte en el primer productor mundial de aceite de oliva. Según el CEAO, nuestras cosechas computan como más del 50% de todo el volúmen mundial, y nuestro precio más barato por litro y los estándares de calidad están venciendo al mito del "chento per chento italiano". Todo ello es una alegría para los empresarios del olivo, pero también una advertencia: ya se han detectado pequeños brotes de la Xylella fastidiosa en cuatro comunidades.

Si no puedes contra ellos, únete: Confagricoltura, que está a la caza de algún tipo de rescate del sector por parte del Estado, lamenta su declive y culpa a las circunstancias. Sí, puede que el mal tiempo influya, dicen, pero también lo ha sido la extrema regulación del sector, el idealismo agrícola y las oposiciones de los sectores ecologistas a extirpar las variedades locales por otras nuevas y resistentes a las bacterias. Creen necesario reemplazar todo su sistema de cultivo, demasiado improductivo, por uno superintensivo, como el que tenemos hoy en la península.

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